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sábado, 17 de diciembre de 2016

Venezolanos protestan por desmonetización. 100 bolívares no sirven para nada.

Caracas Venezuela / AFP  - Desesperados por el retiro del mayor billete del país, los venezolanos formaban filas en el Banco Central para obtener infructuosamente efectivo y en algunas ciudades del interior desataron protestas y saqueos, en un nuevo capítulo de la severa crisis del país.

El presidente Nicolás Maduro mandó sacar de circulación hace menos de una semana los billetes de 100 bolívares contra supuestas "mafias" en la frontera con Colombia y aseguró que se podría hacer el "canje" de esa denominación a partir de ayer viernes en las dos únicas sedes del Banco Central de Venezuela (BCV), en Caracas y Maracaibo (oeste).

"Esto es la peor locura que podían hacer en estos días antes de Navidad, esto parece un rebaño de miles de ovejas. Habría que poner a los del gobierno a hacer estas colas y que se queden sin billete", decía María Barbeira, una jubilada de 72 años.
El gobierno tampoco distribuyó a los bancos las nuevas monedas y billetes de mayor valor, tal como había anunciado.

Sin saber qué pasó con los millones de monedas y billetes que el gobierno dijo que debían llegar al país a partir de esta semana, la desesperación se adueñó de este país, donde la inflación de tres dígitos hace que se necesiten fajos de billetes para hacer una simple compra.

Los comercios solo aceptaban este viernes pagos con tarjeta o con los escasos billetes viejos de 10, 20 y 50 bolívares. La mayoría de cajeros automáticos no daban dinero.

En Maracaibo, la segunda mayor ciudad de Venezuela, grupos de personas que protestaban por la falta de efectivo en la sede del BCV chocaron con la policía en un intercambio de piedras y gases, y varios comercios de la ciudad cerraron ante multitudinarios intentos de saqueo. También hubo saqueos a pequeños comercios y protestas en los estados Mérida, Táchira y Zulia (oeste) y en Bolívar, Monagas o Anzoátegui (este).

En Santa Bárbara, Barinas (oeste), medios locales reportan que un grupo de personas trató de abrir a golpes un camión que transportaba dinero. Los conductores habrían disparado a la multitud, dejando cuatro heridos.

Mientras tanto, con dificultades para alimentarse a ella misma y a sus siete hijos, en medio de una abrumadora crisis económica, la venezolana Zulay Pulgar decidió pedir en octubre a una vecina que cuidara de su niña de seis años.

La familia vive de la pensión de jubilación del padre de Pulgar, que representa unos seis dólares mensuales al tipo de cambio paralelo, en un país donde los precios de muchos productos son inalcanzables para la mayoría.

"Es mejor que tengan otra familia que terminar en la prostitución, drogas o morirse de hambre", dijo la madre desempleada de 43 años, sentada en la entrada de su desvencijado hogar con su hijo de cinco años, su padre y su esposo, también sin trabajo.

En el país, con un salario promedio de unos 50 dólares mensuales a la tasa no oficial, tres consejos locales de protección infantil y cuatro grupos de bienestar social confirmaron el aumento de los casos de padres que entregan a sus hijos al Estado, organizaciones benéficas, amigos o familiares.

El Gobierno no ha divulgado datos sobre el número de madres o padres que entregan a sus hijos, mientras que las organizaciones de asistencia social luchan por recopilar estadísticas de este nuevo fenómeno en Venezuela.

Aún así, la tendencia resalta el desgaste del tejido social de Venezuela y las dramáticas consecuencias de la profunda recesión y la inflación de tres dígitos que afronta el país con las mayores reservas de petróleo del mundo.

Mostrando fotos de su familia de hace un año, donde se veían un poco más lozanos, Pulgar dijo que una comida que incluya pollo puede costar la mitad de sus ingresos mensuales. El desayuno es a menudo sólo pan y café, en tanto que el arroz lo reservan para el almuerzo y la cena.


Nancy García, la vecina de 54 años que tomó a la niña, trabaja en un supermercado y tiene cinco hijos. Dijo que no podía soportar verla pasando hambre.   "Mi esposo, mis hijos y yo nos apoyamos para ir enseñándole", dijo. "Ya me llama mamita y a mi esposo papito".

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