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domingo, 30 de abril de 2017

LA VOZ DE UNA NUEVA CONCIENCIA. LA CUBA SOCIALISTA Y EL AJEDREZ MUNDIAL DE 1966

Ensayo periodístico de Gustavo Adolfo Montalván Ramírez. La Guerra Fría está en pleno desarrollo en la década de los años 1960. La tensión de la política mundial se manifiesta por los desacuerdos y las mutuas amenazas entre, los Estados Unidos de América y la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, encabezadas por John Fitzgerald Kennedy, y Nikita Krushev, respectivamente.

El bloqueo naval de U. S. A. era un anillo de hierro organizado que patrullaba en el Mar Caribe, contra la isla de Cuba. Los Estados Unidos acusaban a la U. R. S. S. de que estaban instalando una plataforma de cohetes de medio alcance en la isla caribeña gobernaba por Fidel Castro.  

Yo ya era el periodista Gustavo Adolfo Montalván Ramírez y formaba parte del Equipo de Ajedrez de Nicaragua, en octubre de 1966, en la Décima Séptima Olimpiada Mundial de Ajedrez, que se desarrolló a lo largo de un mes en la ciudad de la Habana, Cuba y allí fue donde conoció a los grandiosos cerebros, entre ellos, el genial norteamericano Robert (Bobby) Fisher, Robert Byrne, Donald Byrne y Larry Evans del mismo equipo norteamericano.

También a los rusos Tigram Petrosian “El genio de Ucrania” (Campeón del mundo en esos momentos); Boris Spasski “El atormentado de Fischer”; Miguel Thal “El genio de Riga”; Lev Polugayevsky, Víctor Korchnoi, y otros ídolos ajedrecísticos de la época conocida como “Guerra Fría” o “Bloqueo contra Cuba”. Las nuevas generaciones de jóvenes deben saber algunos acontecimientos importantes de aquella época que no fue tan feliz como muchos creen ahora.

Todos los visitantes ajedrecistas se deleitaron de un programa de cultura turística, conociendo el balneario de Varadero, que antes de la Revolución Cubana, era centro de atracción de ricos visitantes norteamericanos. También refiero en otro de mis libros sobre Rubén Darío, cuando este visita la Habana en 1892, en su viaje a España y regreso, y cuando su viaje fallido a México, en 1910.

Recuerdo muy bien la tarde cuando el Campeón norteamericano Robert (Bobby) Fischer perdió frente al húngaro Florin Georgiou, la única derrota sorpresiva sufrida en esa ocasión por el ajedrecista gringo. El pronóstico era que vencería Fischer frente a Georgiou. Bueno, la cosa es que el ajedrecista Montalván pudo presenciar en pocos minutos antes que el norteamericano se rindiera, y se levantara intempestivamente frente al tablero, y ni siquiera diese la mano al húngaro como se acostumbra en la cortesía o diplomacia ajedrecística.

Luego, cuando yo iba a bajar por el ascensor, no se las razones que tuve en salir de mi habitación del Hotel Habana, y me introduje entonces al descenso por el mismo ascensor en que el señor Fischer, bajaba también de su habitación. Como digo yo bajaba solitario y le saludé al toparme con la figura legendaria de Fischer, y le dije que en Nicaragua yo escribía para un periódico sobre Ajedrez Mundial, y que muchas ocasiones le mencionaba de sus juegos internacionales.

El genio norteamericano extendió la mano saludándome entre el inglés y el español; “era el gran Bobby Fischer, felicitándome, sin más comentario. Se le miraba en el rostro la sufrida huella de la reciente derrota, y por lo tanto se le escapaba la medalla de Oro”, escribí luego al respecto.

Recuerdo también que a tres días de empezar la XVII Olimpíada Mundial de Ajedrez, el comandante de la Revolución, Fidel Castro Ruz, era la atracción en el lobby del Hotel, y jugaba una partida de ajedrez, en un tablero minúsculo de plástico y manuable en el aire, con el maestro mexicano Terrazas. “Yo presenciaba al lado un momento la partida, a pesar de la gran seguridad alrededor de su persona por parte de los milicianos que le rodeaban. Aparecí  junto a ellos en el Periódico Gramma, en una foto grande, un día después…”.

De los archivos del periódico Gramma, bien pueden ir a buscarlo los que tendrían el deseo de verificar lo que aquí digo como ajedrecista y periodista, también pueden entresacar otras apreciaciones confidenciales, por ejemplo cuando escribo:

“El Comandante Castro en la entrada principal del Palacio de la Revolución saludaba a cada uno de los participantes del evento, y pudo calcular que estrechó la mano a más de 200 ajedrecistas del mundo. Me quedó la impresión de haber estrechado sus manos finas, sedosas, contrario a lo que yo me imaginaba verlo en fotografías en la revista internacional de LIFE en español y en inglés, cuando aparecía cortando caña en los cañaverales de Cuba.

“También circularon fotos mías con el comandante Fidel Castro, saludándome cuando le fui presentado el día de la recepción de Bienvenida a las delegaciones para el evento. “Usted es muy jovencito, y nicaragüense, qué bueno” –me dijo Castro.

En esa ocasión el mismo Castro me solicitó mi cámara Kodak, y me dijo: “Cuando salgo de pesca, llevo cámara, pero es una cámara checa”, mientras decía a los fotógrafos: “¡Alúmbrennos!” Y acto seguido me sentí yo en las nubes del mundo, todos los fotógrafos nos alumbraron, y el mismo Fidel me lampareaba con la Kodak. Hacía unos instantes se había retirado de la mesa de honor Bobby Fisher, con quien conversó unos quince minutos rodeado de muchas cabezas…” 

Recuerdo muy bien aquel mes de octubre de 1966, cuando Fidel Castro Ruz reinauguraba la sala Museo José Raúl Capablanca, quien fuera campeón mundial en la primera década del siglo XX. Varios reportajes de escritores y periodistas se escribieron de este suceso en los periódicos de la Habana, y en otras partes del mundo.

Habiendo sido ajedrecista el “Ché” Guevara, comandante de la Revolución Cubana, y ministro de los asuntos económicos y del Banco Central de Cuba, es probable que haya sostenido algunas partidas de ajedrez con el Comandante de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz. Si la historia lo absuelve a Fidel Castro Ruz, mucho se escribirá de ahora en adelante, sobre el caso de cómo deja la situación de Cuba, y después se dirá si era cierto lo dijo en su defensa frente a la dictadura de Batista: “La historia me absolverá”.

Yo aún no he leído a Rubén Darío escribiendo sobre la memoria de José Raúl Capablanca, pero Darío supo del juego ciencia que es el ajedrez; primero leyendo al poeta norteamericano Edgar Allan Poe, en uno de sus cuentos, y que Darío lo dice en una de sus crónicas sobre una visita a Cuba, y segunda razón porque Darío no ignoraba el mejor de los pasatiempos para un intelectual de su época, y tercera razón, porque Darío leyó toda la cultura contemporánea de Cuba, y por lo tanto la cultura del ajedrez era y es prioritaria en la educación cubana.

OTROS RECUERDOS DE LA MISMA EPOCA

“Tres meses más tarde, me encontraba yo en Managua, Nicaragua, cubriendo como periodista de La Prensa en el aire, de Radio Centauro del Centenario del Nacimiento de Rubén Darío, 18 de enero del 1967, que una vez desarrollado el programa oficial, todo desembocó en un  intenso tiroteo y cruce de fuego el 22 de enero, de manera desigual en las calles de Managua, entre manifestantes opositores al gobierno de la dinastía somocista y la guardia nacional. Era presidente de la republica el Dr. Lorenzo Guerrero, y ministro de la presidente de la presidencia, el Dr. Gonzalo Meneses Ocón, quien era presidente. Honorario de la Federación de Ajedrez de Nicaragua (FENANIC).”
   
“La Guardia Nacional, que recibía órdenes del general Anastasio Somoza Debayle, rafaguearon sin asco a toda la manifestación opositora que se desplazó desde la Plaza de la República, hasta el antiguo Banco Nacional de Nicaragua, donde está situado el edificio remodelado de la Asamblea Nacional. Encabezaban la protesta el líder de la oposición Dr. Fernando Agüero Rocha, y el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director del Diario La Prensa y La Prensa en el Aire, donde se escuchaban sus editoriales de las 5 P.M., de lunes a viernes.
  
Otro periodista que arriesgó su vida, el Lic. Juan Maltés, redactor enviado del Diario La Prensa. El se encontraba junto a otros héroes estudiantiles en la segunda fila de la manifestación que subía por el lado norte de la Avenida Roosevelt, frente a las cárceles del 

“Hormiguero”, cuando eran las cinco de la tarde.
En primera fila, estaba el líder estudiantil del CEUCA, hoy Ing. Dionisio Marenco, desafiaba a la Guardia Nacional. También se encontraba en primera fila, el dirigente estudiantil y hoy doctor en medicina Julio César Terán.
   
Una masa vital de más de ochenta mil personas, fue diezmada y sofocada, de las inmediaciones del antiguo Banco Central, de catorce pisos de alto, hasta avanzar contracorriente desesperada, unas diez cuadras al norte, donde finalizó la batalla en el antiguo edificio del Gran Hotel, hoy Centro Cultural de Managua. De estos hechos, los presenció, narró y escribió, el más audaz periodista de esa época, Oscar Leonardo Montalbán, “El hombre de la Mil”, atrincherado con su grabadora en mano, frente al Gran Hotel, bajo fuego entre los vehículos aparcados, de tarde y noche. Hoy es director del periódico Mil por Mil, en Miami, USA.

¿Y qué decir de los intelectuales nicaragüenses que presenciaron las celebraciones del Centenario del nacimiento de Rubén Darío, en 1967? ¿Qué adelantos y cuánto avanzamos en esta retrospección histórica literaria de más de cien años de asombro en nuestro propio país? Una de las cosas que más aprendimos los escritores del siglo XX, a través de las obras de Rubén Darío, es de alcanzar la verdad con sinceridad y potencia, no solamente en la vida cotidiana sino en el verso y en la prosa, “...porque ser sincero es ser potente.” Reza uno de sus versos. 

En su tiempo, y como visionario de los fenómenos naturales y humanos, el poeta comprendió que él sería blanco de hostilidades, blanco de lanceros deshonestos presentes y futuros. Y por lo tanto, dejó preparados sus escudos para la posteridad.”

ENFOQUE INTERNACIONAL DE AQUELLOS DIAS . Entre otros recuerdos de aquellos días, el periodista Gustavo Montalván, nos dice:  “Si dije que los escritores del siglo XX aprendimos del mensaje nuevo de Darío, es porque él nos legó esa buena ética que rige toda la estética del modernismo, tal como lo asegura el crítico ensayista nicaragüense Álvaro Urtecho, pues con la invención de una nueva escritura que se perfila en la siembra de la semilla de Azul... (1888), que es la voz iniciadora de la modernidad, y que continúa esa prolongación, con intensidad y profundidad en Prosas Profanas (1896), que culmina en Cantos de Vida y Esperanza (1905).

“El poeta nicaragüense –dice Álvaro Urtecho- está consciente y convencido de la noción de autonomía del arte en contraposición a la noción de un arte supeditado a una ideología, a una moral sancionada, a un credo, a una costumbre, a las ataduras de la gastada estética decimonónica.”

Recordemos que más de quinientas personalidades del mundo intelectual hispano, norteamericano y europeo, se dieron cita en Managua para rendir culto de ese legado del Príncipe de las Letras Castellanas, heredero de Lope, Cervantes, Calderón, Castelar, Zorrilla, Bécquer, Góngora,  Larra, Espronceda, Núñez de Arce, etc. Estos días se engalanaron en las calles y avenidas de las ciudades de Nicaragua. 

En esta ocasión La Prensa Literaria dedicó una serie de publicaciones con motivo del Centenario del Nacimiento de Rubén Darío (1867 - 1967), todo lo cual quedó consignado en el Libro de Oro.

La Prensa Literaria en esa fecha lució de gala un largo head line literario que anunciaba:  “Comienzo fecundo del Año Dariano - 8 libros en una semana”. Otro regio titular decía “Nicaragua ocupada por los poetas”. En efecto, mucho se habló, se comentó, se escribió y se ensalzó alrededor de la vida y obra del Príncipe de la Lengua Castellana, Rubén Darío, por parte de los más reconocidos darianos hispanoamericanos. Pero lo peor tendría que venir y vino la mancha sobre el blanco mantel.
    
Todos los poetas, escritores, intelectuales e invitados especiales, profesores, historiadores y eminencias de masa gris, salieron despavoridas como palomas asustadas que se ahuyentan de sus nidos, al escuchar detonaciones por doquier frente a los hoteles mejor acondicionados de la ciudad capital.

La mayor parte de los poetas darianos ya habían partido hacia sus países de origen esa mañana del 22 de enero, pero todavía quedaban muchos de ellos, de más de quinientos calculados, afanados en las celebraciones pomposas del Centenario, atendiendo invitaciones en los departamentos y provincias.   

La maturranga los cogió por sorpresa visitando las Isletas de Granada; el Museo Archivo de Rubén Darío, en la ciudad de León; el lugar de natalidad del poeta laureado, Ciudad Darío, Matagalpa, Chinandega, y casas particulares de distinguidos intelectuales que protegieron y dieron albergue a sus colegas extranjeros.


FINAL DE LA PRIMERA ENTREGA

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