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martes, 2 de mayo de 2017

1 de mayo, un día de compromiso.

Por Ana Margarita Vijil - Hoy es un día para hacer un compromiso de lucha integral, como el de Domingo Sánchez, por una Nicaragua en la que trabajadores y trabajadoras disfruten plenamente de sus derechos y de los frutos de su trabajo, como actores centrales decidiendo el rumbo del país y las políticas que los afectan.

Tuve el privilegio de conocer a don Domingo Sánchez Salgado “Chagüitillo”, el más importante líder sindical nicaragüense del siglo XX, portaestandarte de los obreros de la construcción, los trabajadores agrícolas y artesanos en la lucha por sus reivindicaciones.  Su vida, nos habla del recorrido de las luchas de los trabajadores nicaragüenses por sus derechos laborales y la integridad de sus derechos humanos. 

En personas como él, como José Benito Escobar,  Lidia Maradiaga y Carlos Huembes, fallecido este año,  reconozco el valor y la importancia de esas luchas y, admiro la consecuencia y tenacidad de sus empeños, sus esperanzas en mejores días para los trabajadores nicaragüenses.

Conmemoramos en el Día Internacional de los Trabajadores  a quienes crean riquezas con su trabajo y capacidades,  a mujeres y hombres a quienes debemos la producción de todos los bienes, las carreteras y caminos, los edificios y viviendas, la confección textil, los alimentos, los cuidados de salud, la labor educativa, nuestra seguridad, todo de lo que disfrutamos.

En Nicaragua, trabajadores y trabajadoras han bregado por mejorar sus condiciones de vida, elevar la dignidad de su trabajo y ejercer sus derechos humanos con plenitud. Así se logró la promulgación de un primer Código del Trabajo en 1945 y que se plasmara en la Constitución, la libertad sindical, de expresión, movilización, organización y el derecho a huelga. 

Pero aún falta mucho por recorrer.  Centenares de miles de trabajadores y trabajadoras del campo todavía viven y trabajan en condiciones insalubres e inseguras, ganan salarios extremadamente bajos, carecen de seguridad social y un adecuado cuidado de su salud, envejecen en trabajos duros, pobreza y marginalidad.
Como catedrática de derechos humanos he tenido la oportunidad de participar en la capacitación de mujeres promotoras de derechos en las zonas francas y trabajadoras del campo. 

Como ellas, miles de mujeres tienen un trabajo asalariado y están a cargo de sus hogares, labor que aún no se mide en la estadística económica y tiene un peso considerable en la creación de riqueza.  Ellas compartían las desiguales condiciones a que son sometidas, pues muchas veces ganan peores salarios que sus compañeros de trabajo, con el mismo desempeño y aún con mejor educación o experiencia. 

Estudios realizados en el país, han mostrado que hay una brecha de, al menos, un 30 por ciento en el salario entre hombres y mujeres, diferencia que es mayor en el campo.  Hay empleadores que prefieren contratar mujeres porque les salen “más baratas” y muchas llevan a sus hijos e hijas de auxiliares, sin remuneración adicional. 

Las más del 70 por ciento de mujeres trabajadoras que están en el sector informal, sufren carencias adicionales, peores salarios y condiciones laborales, sin seguridad social.

Las promotoras relataban la discriminación que sufren por la posibilidad de un embarazo, la situación de quienes enfrentan acoso sexual y de aquellas a quienes se les hacen exigencias relativas a su apariencia y no a su desempeño.
El Movimiento de Mujeres María Elena Cuadra ha estudiado la situación de salud de las trabajadoras de las zonas francas.  

Mujeres y hombres que laboran en esas empresas realizan trabajos repetitivos causándoles daño en las manos y muñecas.  Problemas derivados de su ocupación también padecen quienes se desempeñan en oficinas, afectados por el uso intensivo de computadoras. Y en distintos departamentos del país, hay una verdadera epidemia de insuficiencia renal que requiere de ser reconocida para definir políticas y medidas para hacerle frente.

Estos son algunos nuevos y viejos problemas de la salud de los trabajadores que nos están diciendo que urge una puesta al día de las políticas y normas de salud ocupacional, dotar de personal especializado a las clínicas previsionales y ampliar el concepto de riesgo laboral para que reconozca las enfermedades y lesiones causadas por las condiciones de trabajo actuales. Mucho se ha avanzado en el mundo dándole especial importancia a la creación de ambientes laborales amigables y saludables.

En el Estado, los trabajadores, incluyendo los policías, están sometidos a extensas jornadas de trabajo, sin pago de horas extras y con trato discriminatorio. Muchos son despedidos sin justa causa y sin el pago de sus prestaciones. A ellos se les ha confiscado su libertad de expresión, de pensamiento y de organización. Las denuncias de estos casos inundan las redes sociales.

En el país, la protesta laboral y las huelgas han sido criminalizadas. Sindicatos y sindicalistas son hostilizados por las instituciones que actúan como esquiroles. En junio de 2016, una protesta laboral por agua potable y ajuste de metas de producción, fue violentamente reprimida por antimotines que vapulearon a los trabajadores, incluyendo a mujeres embarazadas.  Lo mismo sucedió en 2015 en la Mina El Limón.

Pero, para los nicaragüenses el desempleo es el  principal problema nacional. Las cifras lo reconocen y la emigración lo confirma. La mayoría de los empleos disponibles está en el sector informal, con malos salarios, pocas o nulas prestaciones, ni seguridad social.  

En la Asamblea Nacional, dominada por un solo partido, se ha archivado el proyecto de ley de primer empleo que podía favorecer a los jóvenes en su inserción al mercado laboral.  También se engavetó el proyecto que pretendía regular la tercerización laboral que, tal como se está realizando, violenta los derechos de los trabajadores.

Y a pesar de ser ampliamente conocida la crisis de la seguridad social en el país, el Gobierno no ha adoptado las medidas necesarias para su saneamiento financiero y su eficiencia administrativa.  Muchos expertos independientes han hecho valiosas propuestas.  El MRS, a través de sus diputados, presentó las suyas en dos proyectos de ley, en 2008 y 2013.  Ninguna ha sido tomada en consideración.

Estoy convencida que derechos laborales, democracia y Estado de Derecho van de la mano. No serán escuchadas las voces de los trabajadores, ni promulgadas las leyes necesarias, ni respetados sus derechos, si las instituciones en lugar de cumplir las leyes, sirven de esquiroles, sometidas a los intereses políticos y económicos del régimen autoritario de Ortega y sus socios.

Hoy es un día para hacer un compromiso de lucha integral, como el de Domingo Sánchez, por una Nicaragua en la que trabajadores y trabajadoras disfruten plenamente de sus derechos y de los frutos de su trabajo, como actores centrales decidiendo el rumbo del país y las políticas que los afectan.

Quiero aprovechar para reconocer el ejemplo de dedicación y compromiso de Onofre Guevara, antiguo líder sindical y Sandra Ramos, promotora de derechos laborales de las mujeres, en quienes admiro su dedicación y tenacidad y con ellos, a todos los que luchan por los derechos de los trabajadores nicaragüenses.  Este es un día para agradecerles.


La autora es presidente del MRS.

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