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sábado, 9 de septiembre de 2017

La educación superior y los Objetivos del Desarrollo Sostenido.

Por Carlos Tunerman B /  Ante las desacertadas decisiones adoptadas por el actual gobierno en relación con los estudios de impacto ambiental (Decreto 15-2017), que pueden llevarnos a la destrucción del país, conviene tener presente el rol de las universidades y de la educación superior en general en relación con los compromisos contraídos en la agenda de desarrollo global contenida en los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), aprobados por Naciones Unidas.

Hasta ahora, no hemos escuchado ninguna opinión de parte de nuestras universidades públicas en relación con el decreto presidencial que exonera a los inversionistas, interesados en explotar nuestros recursos principalmente mineros, de presentar un estudio de impacto ambiental, tal como antes lo exigía el Decreto 76–2006 del Sistema de Evaluación Ambiental.

Es por eso que conviene señalar que los 17 ODS requieren, para su cumplimiento, el valioso concurso de la educación superior en lo referente a la promoción de un desarrollo humano sostenible. Para ello, deberán contribuir mediante el aporte de recursos humanos, investigaciones y conocimiento al estudio del cambio climático.

Los analistas de la educación superior reconocen que una de las fortalezas claves de las universidades reside en el cultivo de la interdisciplinariedad y su capacidad de proponer soluciones innovadoras para la problemática global y local. De esta manera, las instituciones de educación superior son las más indicadas para desarrollar un método holístico de desarrollo sostenible y crear conciencia en las comunidades académicas para que las instituciones de educación superior se comprometan plenamente con la agenda global.

Asimismo, advierten que las universidades deberían reformar sus currículos para “adaptarlos a las demandas de un futuro ecológico” porque “ha llegado el momento de transformar los sistemas de educación superior y reorientar su enfoque para proporcionar a los estudiantes las competencias necesarias para una economía verde”.

Para hacer frente a estos retos la educación superior debe adoptar el paradigma de la educación permanente. A través de ella, el ciudadano del siglo XXI puede asumir con éxito el hecho de ser, a la vez ciudadano del mundo y de su propio país, aprendiendo a conciliar lo global con lo local.

De esa manera, se puede hacer realidad el paso del paradigma del simple crecimiento económico al del desarrollo humano sostenible e, igualmente, revitalizar la democracia participativa y el respeto a los derechos humanos.

La educación superior contemporánea está llamada a asimilar, de manera creativa e interdisciplinaria, los fundamentos de la Cultura de Paz, el aprender a vivir juntos, desarrollar la cultura de la diversidad, la tolerancia y la inclusión. Esa es una tarea ineludible e impostergable para el futuro de la humanidad. Por tal razón, nos parece pertinente reproducir aquí el siguiente pensamiento de Alain Touraine: “La universidad tiene que concentrarse en la formación de individuos libres y responsables.

Debemos ir más allá de análisis optimistas de la mundialización o de una crítica puramente política, para desarrollar una reflexión con inteligencia, con emoción, con solidaridad; es decir, un pensamiento que intente definir las bases de una posible “rehumanización del mundo”.

La “rehumanización del mundo” podría alcanzarse mediante un nuevo y eficaz compromiso con la ética, la gran olvidada de la globalización. Los analistas sugieren “un contrato moral o ético global”, que frente a la lógica tecnológica, financiera y económica, represente el contrapunto urgente de una acción afirmativa a favor del ser humano. Este nuevo contrato global debería también dar pautas éticas y morales al saber científico contemporáneo.


La lista de los principios éticos y morales que deben ser tenidos en cuenta en la elaboración del contrato moral global es relativamente extensa. Existe un consenso según el cual, en la parte superior de la lista, deben situarse la protección de la dignidad humana y el respeto por la vida. Todas las recientes declaraciones sobre los valores éticos y morales incluyen la responsabilidad humana y la solidaridad. Entre los valores compartidos, en una visión intercultural, suelen mencionarse la justicia, la verdad, la cooperación, el amor, la tolerancia, el respeto mutuo y la protección del medioambiente. 

El compromiso de París para la protección del medioambiente y la lucha contra el cambio climático es parte de ese contrato moral global. Solo dos países se negaron a firmarlo: Siria y Nicaragua. Navegamos contra la corriente. 

El autor es jurista y catedrático.

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