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martes, 26 de septiembre de 2017

Luis Almagro envía a Wilfredo Penco, “veterano” en fraudes de CSE.

Tomado de Confidencial / Por Arlen Cerda -. El uruguayo Wilfredo Penco, confirmado como jefe de la misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA), para las votaciones municipales del próximo cinco de noviembre en Nicaragua, no es un desconocido en el sistema electoral del país.

En 2008, 2011 y 2016, Penco ya participó como “acompañante” electoral, y en cada una de esas ocasiones, se destacó por elogiar un sistema que otros observadores nacionales e internacionales sentencian como “colapsado”.

La primera vez que Penco llegó a Nicaragua como “observador” fue para las elecciones municipales de 2008, como miembro de la delegación del Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica (Ceela), una organización integrada por exfuncionarios de las autoridades electorales de la región latinoamericana y de tendencia izquierdista, que nació en 2004, impulsada por el fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías.

Penco solo presidió por pocas semanas aquella misión del Ceela en Nicaragua,en la que luego le relevó el ecuatoriano Nicanor Moscoso. Sin embargo, el uruguayo no pasó inadvertido por los medios de comunicación nacionales, a los cuales afirmó que la estadía y movilización de la delegación eran financiadas por el mismo Consejo Supremo Electoral (CSE) de Nicaragua, aunque luego Moscoso intentó corregir la versión, indicando que lo dicho por Penco se trató de un malentendido.

Las elecciones municipales de 2008 fueron perfiladas como un termómetro del primer año y medio de gobierno del comandante Daniel Ortega, tras su regreso a la Presidencia en 2007.

El mismo exbanquero liberal que perdió la elección nacional contra Ortega aquel año, se inscribió al siguiente como candidato a la Alcaldía de Managua, augurando que desde la “joya de la corona” de los 153 municipios del país, le plantaría cara al caudillo del FSLN. El exbanquero Eduardo Montealegre  —que ahora se afirma retirado de la vida política— no logró su objetivo.

Al igual que otros 39 candidatos a alcaldes, que según el escrutinio de las mesas electorales ganaron la elección, pero no fueron proclamados electos por el CSE, que cedió esas municipalidades al partido de gobierno.

Entre ellas, algunas de marcada tendencia antisandinista, según el histórico de sus resultados electorales.  Actas en mano, la oposición demostró cómo el escrutinio de miles de mesas electorales al cierre de las votaciones luego no coincidían los resultados publicados por el CSE.

Además, cientos de nicaragüenses lograron confirmar cómo su voto fue completamente anulado o cómo los resultados de sus mesas electorales fueron alterados por el CSE, que a la fecha sigue sin presentar los resultados completos de aquel proceso, que la oposición calificó como un fraude “descarado y masivo”.
La OEA que ahora Penco va a representar al frente de la misión, no fue autorizada por el Gobierno de  Nicaragua a observar esas elecciones municipales, al igual que tampoco se autorizó al estadounidense Centro Carter, la Unión Europea.

Sin embargo, las organizaciones nacionales de  observación electoral Ética y Transparencia e Instituto para la Democracia IPADE, presentaron pruebas sobre graves anomalías en más de 40 municipios. De hecho, cuando el entonces secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, declaró públicamente su “preocupación” por las denuncias y enfrentamientos registrados en los días posteriores a las votaciones, la respuesta de Nicaragua fue uno de los primeros momentos más tensos con la Organización, pues el Gobierno de Ortega, con el respaldo de Venezuela, exigió la renuncia del chileno, aunque esta no prosperó entre los demás países miembros.

El fraude en las elecciones municipales de 2008 costó a Nicaragua la cancelación de la cooperación estadounidense en la Cuenta Reto del Milenio. En los días posteriores a la votación, la Unión Europea pidió al gobierno “un esfuerzo de transparencia” para “disipar las críticas, sobre todo en cuanto al recuento de votos” y lamentó “la no acreditación de observadores independientes nacionales e internacionales, cuya ausencia —dijo— dificulta la evaluación de la regularidad del escrutinio”.

Pero Penco y sus colegas sí fueron acreditados por el CSE y su veredicto fue que no podían calificar esas elecciones como fraudulentas, porque “no fue eso” lo que vieron.
Penco afirmó en esa ocasión que el fraude que se denunciaba en el país “era mediático”. “La situación se ha convertido en una proyección fundamentalmente mediática, aprovechada por determinados intereses de carácter partidario o de otro carácter, fundamentalmente en lo que tiene que ver con quienes perdieron las elecciones y no quieren reconocer la victoria de sus adversarios”, dijo.

Según Penco, las votaciones municipales de 2008, “se desarrollaron conforme a la legislación nicaragüense y conforme también a los estándares internacionales en materia electoral”, por lo que a su juicio “más allá de incidentes y escaramuzas aisladas, las elecciones municipales en Nicaragua fueron elecciones limpias”.

En las elecciones nacionales de 2011 –que permitieron a Ortega continuar en el poder, tras una sentencia judicial contra la reelección que reformó la constitución por las vías de hecho–la observación electoral fue reducida a una figura de “acompañamiento” y restringida por un reglamento que el CSE emitió a menos de tres meses del día de la votación.

A pesar de esos obstáculos, una Misión de Observación Electoral de la Unión Europea, una misión de estudio del Centro Carter, e incluso una descalificada misión de la OEA, coincidieron en señalar las irregularidades del proceso, que la oposición nuevamente denunció como fraudulento.

En su informe de 51 páginas, la Unión Europea concluyó que las elecciones de aquel año fueron “un retroceso en la calidad democrática de los procesos electorales nicaragüenses” y advirtió “la escasa transparencia y neutralidad” de un CSE que calificó como “monocolor”, debido a su “escasa independencia del oficialismo” y la generación de “condiciones de competición desfavorables y obstrusivas para la oposición”.  

El Centro Carter consideró por su parte que aquella elección “imprimió un golpe negativo a la democracia nicaragüense”, e igualmente manifestó su preocupación por “la composición partidista del CSE y el dominio del FSLN dentro de la estructura técnica y administrativa del Poder Electoral”.

En contraste, con los informes presentados por la OEA y la Unión Europea, Wilfredo Penco, que volvió como “acompañante electoral acreditado” del Ceela y vicepresidente de la Corte Electoral de Uruguay, nuevamente elogió la presunta transparencia electoral y el funcionamiento del Consejo Supremo Electoral.

Para los comicios nacionales de 2016, Penco regresó al país junto con catorce colegas del Ceela.  Lejos de adoptar  las recomendaciones que presentaron las misiones de observación electoral de la OEA y la UE en 2011, el tribunal electoral de Nicaragua no dio señales de la neutralidad ni transparencia demandadas, y nuevamente conculcó el derecho a la observación. 

A la falta de transparencia, en 2016 se agregó la anulación de la competencia, al inhabilitar el Consejo Supremo Electoral a los candidatos d la Alianza PLI, y despojar a la oposición de su derecho a la participación política. 

Ortega logró reelegirse nuevamente, ahora sin competencia, con su esposa Rosario Murillo como vicepresidenta. Sin embargo, en el proceso se impuso una abstención masiva como protesta ciudadana, calculada hasta en un más del sesenta por ciento del electorado por observadores independientes.

La oposición inhabilitada para esas elecciones y el consorcio de observadores nacionales no acreditados, Panorama Electoral, coincidieron en advertir el “colapso” del sistema electoral nicaragüense, en beneficio del partido de gobierno.

“Las elecciones de 2016 no han cumplido con los estándares básicos relacionados con la integridad electoral, y han representado más bien un retroceso en comparación con las tres últimas elecciones pasadas, que también carecieron de credibilidad”, advirtió el Panorama en su informe final.

El director ejecutivo de Ética y Transparencia (EyT) y miembro de Panorama Electoral, Roberto Courtney, añadió que debido a la falta de transparencia del proceso, los resultados de la votación presentados por el CSE en 2016 son “inauditables” y carecen de credibilidad.

Sin embargo, Wilfredo Penco y su equipo de ¨acompañantes¨ del Ceela, mantuvieron un contradictorio tono festivo. “Una de las características que hemos podido registrar, a lo largo de nuestra participación en diversos procesos electorales de Nicaragua, es cómo la población, el ciudadano, ha tenido la oportunidad de no solo confirmar su documentación cívica, sino también las facilidades que el propio proceso le va dando para que en el acto electoral pueda ejercer con libertad y con seguridad su expresión ciudadana”, declaró Penco en una entrevista transmitida en la víspera por las diversas plataformas de los medios oficialistas.


Irónicamente, el próximo cinco de noviembre, el veterano ¨acompañante¨ del Ceela, regresará a Managua, ahora como flamante jefe de la misión de observadores de la OEA, delegada por el secretario general de la OEA Luis Almagro.

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