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lunes, 9 de octubre de 2017

“Fue duro dar la orden de eliminar al Che” Félix Rodríguez ex agente de la CIA.

Miami Florida EEUU/   El agente cubano de la CIA que participó en la captura del Che Guevara en Bolivia, Félix Rodríguez, nos recibe a sus 76 años en su casa de Miami rodeado de recuerdos de su carrera de soldado de la Guerra Fría. Pistolas, puñales, granadas y fotografías suyas con presidentes de EE UU y espías que ya no existen. 
La productora española Scenic Rights prepara un documental sobre su vida. Veterano de Vietnam e involucrado en la contrainsurgencia en Centroamérica, Rodríguez asegura que la CIA quería vivo al guerrillero para interrogarlo, pero el Gobierno de Bolivia ordenó su ejecución. "Traté de salvarlo sin éxito", afirma, aunque considera a Ernesto Guevara de la Serna "un asesino". 
Al lado, en una mesilla, tiene una vieja pistola Star de fabricación española. "Cuidado si la coge, está cargada. Yo siempre tengo algo a mano, por si acaso", dice el hombre que aparece satisfecho a la derecha del Che en su última foto –astroso, en pie– antes de ser ejecutado por un sargento boliviano.
Esta es la última imagen suya vivo. Sí –responde–. La última que se le tiró antes de morir.
–En La Higuera.
–Eso es. En La Higuera.
–¿Quién tomó la foto?
–Esa foto la tomo el piloto del helicóptero, el mayor boliviano Jaime Niño de Guzmán.
¿Quién pide que se haga la foto y para qué?
Rodríguez necesita meterse en detalles para responder a esa pregunta. Regresar en su memoria a Bolivia en el año 1967 y contar aquello por lo menudo. "Déjame hacerte la historia", dice.
Durante 20 minutos, toma el hilo y lo extiende desde el momento en que lo avisan de la caída de Guevara hasta que una cámara retrata su última mirada.
El monólogo –abreviado– dice así:
"Nosotros recibimos la información de la captura del Che el domingo 8 de octubre por la mañana. Se había entrenado a un grupo de soldaditos jóvenes que hablaban el quechua, el aymara y el guaraní para que fueran adelante del batallón a buscar inteligencia e información en ropa de civil, porque así era más fácil hablar con el campesinado. Y esta gente en ropa de civil regresa el siete por la noche, sábado, y le da la información al capitán Gary Prado de que un campesino les había enseñado un área que se llamaba la Quebrada del Yuro donde estaban escondidos los guerrilleros; porque este campesino tenía una hortaliza cerquita de ahí y los vio.
Entonces, con esa información el capitán Gary Prado rodea la Quebrada del Yuro el siete por la noche. Y el domingo ocho de octubre empieza a avanzar por la mañana y ahí empieza el tiroteo. En esa operación el Che es herido en la pierna izquierda, un balazo entre la rodilla y el tobillo, pero nada de peligrosidad. 
Ahí mueren la mayor parte de los guerrilleros y mueren algunos soldados, y ahí es donde cae preso el Che Guevara, al que estaba intentando ayudar a salir Simeón Cuba Sarabia, que usaba el nombre de Willy, un guerrillero boliviano bajito, prietecito, con una barba enorme, una barba más tupida yo creo que la de los propios cubanos, y ese no tenía un rasguño. Con ese lo agarran. 
Y en el momento en que lo van a agarrar, me cuentan los soldaditos, el Che les dice: "No tiren que yo soy el Che. Yo les valgo más vivo que muerto". Y ahí se lo llevan y lo mandan para la escuelita de La Higuera y lo ubican a él –mirando la escuelita de frente– en el salón de la izquierda, y detrás de él, en el mismo cuartico, le ponen los cadáveres de dos cubanos.
De ahí entonces, ellos me mandan la información por la mañana en código, que decía: "Papá cansado", lo que significaba que el líder de la guerrilla estaba preso y vivo. Pero no sabíamos si "Papá" era el Che Guevara o si era el Inti Peredo, que era el líder de la guerrilla por la parte boliviana. Así que volamos al área de operaciones y ahí nos verificaron que "Papá cansado" era el Che Guevara.
El extranjero. No dijeron el Che, dijeron "el extranjero".
Esa noche tuvimos una recepción en un hotelito de Vallegrande, con velas porque no había electricidad, y yo saqué un par de botellas de scotch que había comprado hacía tiempo para un evento como este, para celebrar. Eso era el domingo por la noche, el día que cayó preso él.
Al día siguiente, nueve de octubre, lunes, a las siete de la mañana despegamos en un pequeño helicóptero pilotado por Niño de Guzmán. Aterrizamos al lado de la escuelita donde estaba el Che preso y estaban esperándonos todos los oficiales del batallón, entre ellos el teniente coronel Selich que tenía toda la documentación suya. El Che usaba una cartera de cuero como las que cargan las mujeres, ancha, color camello, y adentro tenía un libro grande que era un diario con los meses escritos en alemán, del año 67, pero claro, escrito por él en español. Tenía adentro una serie de fotografías de la familia, medicamentos para el asma, unos libritos para mensajes en clave numérica de una sola vía, que son imposibles de descifrar. Tenía unas libreticas negras de argollitas escritas a máquina de escribir y firmadas por un tal Ariel, que eran los mensajes que él recibía de Cuba. Aunque él no podía transmitirle a Cuba porque Cuba le dio a propósito un transmisor roto, porque a él lo mandan allá para que lo maten. Porque el Che era prochino y Cuba dependía de la URSS. O sea, los soviéticos no tenían ningún interés en que el Che Guevara triunfara en Bolivia. Lo dejaron solo, para que lo mataran ahí, definitivamente.
Así que entramos a la escuelita y en una habitación estaba el Che tirado en el suelo, amarrado de pies y manos abajo de una ventanita que había al lado de la puerta, y atrás los dos cadáveres. El único que habló fue el coronel Zenteno Anaya. Le hacía preguntas pero el Che lo miraba y no contestaba nada. Ni le habló. Al punto de que el coronel le dijo: "Óigame, usted es un extranjero, usted ha invadido mi país. Lo menos que puede tener es la cortesía de contestar". Y nada.
Entonces de ahí yo le pido al coronel si me puede facilitar la documentación del Che para fotografiarla para mi gobierno y le da orden al teniente coronel Selich de que me la entregue. Se me entrega la cartera aquella de cuero y yo me voy a trabajar con la documentación a otro lugar. Iba fotografiando el diario y regresaba a hablar con el Che. Entraba y salía constantemente, desde la mañana hasta la una de la tarde. Estando en eso suena el teléfono y uno de los soldaditos me dice: "Mi capitán, una llamada". Voy hasta el teléfono y me dan "órdenes superiores: 500–600". Era un código muy sencillo que habíamos estipulado.

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