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martes, 21 de noviembre de 2017

Raúl Castro, ¿se va o se queda?

POR NORA GÁMEZ TORRES Y MIMI WHITEFIELD/ El Nuevo Herald - Quienquiera que suceda al líder cubano Raúl Castro el próximo año enfrentará una tormenta perfecta de desafíos encabezados por el huracán llamado Donald Trump.
Faltan tres meses pero en medio de tantas malas noticias —un huracán de verdad, una economía en declive y un aliado en crisis—, el fantasma de una vuelta a la Guerra Fría podría mantener a Castro al frente del gobierno algo más de lo previsto.
Es una posibilidad remota pero no imposible, según Domingo Amuchástegui, un ex analista de la inteligencia cubana que ahora vive en Miami.
“La patria está en peligro; se enfrenta a circunstancias económicas muy difíciles más la amenaza de agresión de un enemigo histórico. Frente a circunstancias difíciles, los líderes revolucionarios no retroceden”, dijo Amuchástegui. “No hay tiempo para disfrutar la vida en Varadero y pasar tiempo con los nietos”.
Castro, de 86 años, dijo que planea retirarse de la presidencia tanto del Consejo de Estado como del Consejo de Ministros al finalizar las elecciones generales en febrero del 2018, aunque se espera que permanezca como jefe del Partido Comunista de Cuba. Pero tras asumir la Casa Blanca en enero de este año, el presidente Trump cambió ostensiblemente el panorama de las relaciones entre ambos países: endureció la retórica contra Castro, prometió desmontar la política de acercamiento de su antecesor en la Casa Blanca y prohibió los negocios con entidades cubanas controladas por los militares.
La tensión ha escalado peligrosamente al destaparse la noticia de supuestos ataques a la salud de diplomáticos y personal de seguridad estadounidense en La Habana, con una supuesta arma sónica o de otro tipo de ondas. Ambos gobiernos han cruzado acusaciones y los medios cubanos, que fueron cautelosos al inicio, no dudan ya en llamar a Trump “un patán”.
Aunque EEUU no ha culpado directamente al gobierno de Castro por los ataques, la vocera del Departamento de Estado, Heather Nauert, ha insistido en que el gobierno cubano debe al menos estar al tanto de lo ocurrido. Cuba respondió negando los ataques y culpando a los grillos por los sonidos escuchados por algunos diplomáticos.
Estados Unidos, además, retiró a la mayor parte de sus diplomáticos en La Habana y suspendió la emisión de visas en Cuba. Quince diplomáticos cubanos fueron expulsados de Washington. El episodio parece un flashback de la Guerra Fría.
Amuchástegui dijo que la mayoría de las personas con las que habló en un reciente viaje a Cuba no están de acuerdo con su evaluación, pero insiste en que “sé muy bien cómo piensan y reaccionan. Para mí, es inconcebible que se retiren en las circunstancias actuales. Y no es solo él [Raúl], sino que es todo el grupo de la generación histórica el que se espera que se mantenga durante un tiempo”.
El “efecto Trump” está influyendo en el debate político interno cubano, sugieren algunos analistas, al fortalecer a la facción más intransigente dentro del gobierno y el Partido que se opone a una mayor apertura política y económica. Las nuevas regulaciones emitidas por Trump para imponer límites a los viajes a Cuba y las transacciones con entidades militares, ayudan a revivir la “mentalidad de plaza sitiada” en la isla, señala una declaración del Cuba Study Group, una organización cubanoamericana que favoreció la política de acercamiento a Cuba propuesta por el ex presidente Barack Obama.
El poder de los conservadores en el gobierno ya se hizo visible cuando el gobierno suspendió el otorgamiento de nuevas licencias para los trabajadores privados este año.
“Raúl Castro lleva mucho tiempo diciendo que el principal obstáculo a las reformas es la vieja mentalidad. También ha dicho que se avanzará tan lejos y tan rápido como lo permita el consenso. Esos dos elementos indican que sí, que hay un sector que está retardando el proceso”, dijo Carlos Alzugaray, ex embajador de Cuba en la Unión Europea.
Y no es solo el endurecimiento de la política hacia Cuba lo que ha venido a complicar el panorama de la transición política en la isla. Quien lleve el título de presidente de Cuba a fines de febrero se enfrentará a una complicada serie de desafíos que podrían afectar su capacidad de gobernar.
Los suministros de petróleo de Venezuela se han secado en el último año debido a que el aliado incondicional de Cuba enfrenta una crisis económica propia y el huracán Irma, que azotó la costa norte de la isla, también causó grandes estragos. La lentitud en la recuperación ha generado descontento entre los cubanos, visible en pequeñas protestas espontáneas que han ocurrido en la capital y en otras provincias.
El economista Carmelo Mesa-Lago espera que la economía cubana vuelva a reducirse este año cerca de un 0.3% —el año pasado cerró con una recesión. Cuba, dice, está sufriendo su peor crisis económica desde la década de 1990 después del colapso de la antigua Unión Soviética.
Moody’s Investors Service pronostica que la economía cubana se contraerá en un 0.5%, principalmente como resultado de Irma, pero también de las nuevas regulaciones emitidas por Trump.
Dentro de la Casa Blanca hay escepticismo acerca del retiro de Castro, una duda compartida por muchos exiliados cubanos y disidentes dentro de la isla.
Manuel Cuesta Morúa, un opositor que encabezó el esfuerzo de presentar candidatos independientes a las elecciones locales, no descarta la posibilidad de que Castro no deje el gobierno “por la situación crítica sorpresiva que se ha presentado en el país, tanto por los efectos del huracán como por el empeoramiento en las relaciones entre ambos países; y esto supone una crisis que hay que manejar más desde la experiencia que del experimento de lo nuevo”.
Sin embargo, el opositor, como la mayoría de los analistas consultados, cree que Castro dejará el gobierno a cargo del vicepresidente Miguel Díaz-Canel, el candidato más visible hasta ahora.
“Creo que los cubanos están suficientemente institucionalizados como para poder manejar sus crecientes dificultades y avanzar con la transición según lo programado”, dijo Richard Feinberg, profesor de ciencias políticas de la Universidad de California en San Diego.
“No solo han comentado públicamente sobre la transición, sino que han estado trabajando en ello durante mucho tiempo”, señaló. “El Partido Comunista tiene mucha experiencia de gestión de la austeridad. Lo mantuvieron unido en la década de 1990 y técnicamente parecen capaces de resistir estas tormentas”.

El cambio de la generación histórica

El retraso del cambio generacional en las altas esferas del gobierno cubano “es poco probable, sino imposible”, opinó Alzugaray. “Raúl Castro ha dado claras señales de que se quiere retirar y comenzar el proceso de institucionalizar la Cuba posterior al liderazgo histórico. En Estados Unidos le dirían la Cuba pos-Castro”.
Castro está cerca de los 90 años y “se sabe que es un hombre cercano a su familia y que disfruta compartir su tiempo con ella. No va a dar un paso atrás ahora”, comentó el ex diplomático cubano.
“Toda su vida ha sido partidario de que se cumpla lo establecido. No por gusto ha propuesto el límite de dos mandatos y no va a ser él quien haga la primera excepción”, añadió.
Los planes de Castro datan de 2013, cuando mencionó por primera vez su intención de retirarse del Consejo de Estado en otros cinco años que se cumplen en el 2018. En el séptimo congreso del PCC en el 2016, el gobernante propuso establecer un límite de edad para ocupar cargos en el gobierno y el Partido, una propuesta que fue tomada con tibieza por algunos de los octogenarios presentes de la llamada generación de los “históricos” —como se conoce a los que participaron junto a Fidel y Raúl Castro en la guerrilla que derrotó al dictador Fulgencio Batista.
“Desde que asumió la presidencia [oficialmente en el 2008], Castro ha tratado de fortalecer a las instituciones como la mejor garantía de la continuidad del régimen”, dijo William LeoGrande, profesor de la American University. “El daño al orden institucional al revertir el curso sería demasiado grave”.
Por otra parte, Castro tampoco ha dicho nada sobre renunciar como primer secretario del Partido Comunista de Cuba, y como tal, “continuará teniendo una influencia tremenda sobre importantes decisiones”, dijo LeoGrande.
Pero incluso si Castro deja el gobierno, el debate político interno en Cuba ha cambiado, opinó Arturo López Levy, conferencista en la Universidad de Texas-en Río Grande y antiguo analista de la inteligencia cubana.
“El debate solía ser si Díaz-Canel estaría a la altura del desafío de lidiar con un mundo más abierto y una sociedad más plural. Ahora todo debate sobre la reforma política [dentro de Cuba] ha sido pospuesto o se ha cerrado”, comentó.
El gobierno, por ejemplo, bloqueó la postulación de más de un centenar de candidatos independientes a delegados locales en las elecciones municipales del próximo 26 de noviembre.
En lugar de una discusión sobre presentar candidatos más progresistas u otras reformas políticas, el debate actual, dijo López Levy, es “si Díaz-Canel y su equipo estarán listos para diseñar una estrategia adecuada de resistencia contra Trump y si tendrá la energía para enfrentar a Washington”.

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