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sábado, 9 de diciembre de 2017

Madre de migrante camerunés reclama al Gobierno de Nicaragua el cuerpo de su hijo

Tomado del diario La Prensa/ Atanga Mary Frinwie, camerunesa, 47 años, lleva cinco días en Nicaragua en busca del cuerpo de su hijo y la razón por la que murió en Nicaragua hace dos meses, aparentemente a manos del Ejército de Nicaragua.

 “Todo lo que quiero del Gobierno es que acepte su error. Vine aquí para recuperar el cuerpo de mi hijo y preguntar por qué está muerto”, explica Frinwie.
De acuerdo con la información oficial —nota de prensa del Ejército número 134 del 2017— su hijo, Mbang Atanga, de 23 años, falleció en la madrugada del pasado 29 de septiembre en el puente Las Lajas, carretera a la ciudad de Rivas, en un intercambio de disparos entre supuestos delincuentes, militares y policías.
Pero la madre asegura que su único hijo varón no era criminal sino microbiólogo y que huyó de Camerún por cuestiones políticas e ilusionado con la idea del sueño americano.
“Ellos estaban cruzando. Estaban de viaje. Querían ir a Estados Unidos. Estaban cruzando el país ilegalmente, pero esa no es una razón para matar”, dice la madre de Mbang Atanga, el fallecido, y de Azeh Mclaire, su hermana, quien sobrevivió al suceso.
El Ejército Nacional de Nicaragua se refirió a este caso la tarde del mismo 29 de septiembre, pero la información de su comunicado fue escuálida:
“A las 03:30 de la mañana de hoy viernes 29 de septiembre de 2017, en el puente Las Lajas, comunidad La Virgen, carretera a la ciudad de Rivas, un retén combinado de tropas del 4 Comando Militar Regional y la Policía Nacional, realizó señales de alto a dos vehículos sospechosos, estos desatendieron las mismas, realizaron disparos y trataron de atropellar al personal del retén, quienes respondieron a la agresión con sus armas de reglamento”.
“En esta situación resultó fallecido Mbang Atanga Azehfor, migrante originario de Camerún (y) detenidos tres traficantes de personas. (…) Se ocupó vehículo Toyota Corolla, placa M 266845, dándose a la fuga otro, y se retuvieron 11 migrantes de origen africano”.
Por su parte, una fuente del corresponsal de LA PRENSA en Rivas, Ramón Villarreal, relató: “Cuando los dos vehículos no hicieron caso a las señales de alto, se dio una persecución militar de más de seis kilómetros, hasta que un auto negro logró ser detenido a balazos por los militares cerca de la entrada al balneario La Galpa, sobre la Carretera Panamericana sur, mientras la camioneta negra se daba a la fuga”.
Y por último, lo que Atanga Frinwie cree que pasó con su hijo, tras cuatro días de negativas para tener información en Managua, es lo siguiente: 
“Creo que lo que pasó es que el Ejército está acostumbrado a hacer estas cosas. Es mi sentimiento. No esperaban que viniera alguien a preguntar por el cuerpo. Quizás cuando los migrantes pasan ellos deben matar a alguien y usar sus cuerpos. Eso es lo que pienso, porque cuando escuchamos la versión de otras personas nos dijeron que no es la primera vez que esto pasa y que en el pasado nadie preguntó por los cadáveres. Si se están comiendo a las personas o bebiendo su sangre, no puedo saberlo”.
Atanga Frinwie, quien no habla español, tiene una empresa y es comerciante en Bruselas, Bélgica. Tuvo tres hijas y un varón, Mbang Atanga, el fallecido en suelo nica. Ella cuenta que su hijo y su hermana Azeh decidieron abandonar Camerún por la crisis política. Se fugaron a Nigeria a pie y ahí estuvieron dos meses. Luego vinieron a América y al poco tiempo ocurrió la tragedia.
El sitio de noticias La Verdad Nica recogió en octubre el itinerario de los jóvenes cameruneses tras entrevistar a Azeh Maclaire, y explica que ellos volaron de Nigeria a Ecuador, país que no les exige visa, con 11 mil dólares que pensaban invertir para llegar a Estados Unidos. Se encaminaron en bus a Colombia, tomaron un barco a Panamá y de ahí fueron a Costa Rica. Llegaron a la frontera de Peñas Blancas a través de salvoconductos, en bus. En el puesto fronterizo, el 28 de septiembre, aprendieron que el paso era imposible, pero dos hombres les ofrecieron llevarlos a Honduras por quinientos dólares y ellos accedieron. Caminaron junto a otros migrantes a través de una zona selvática alrededor de unas ocho horas hasta que llegaron a una carretera. Eran las 3:00 de la mañana del viernes 29 de septiembre.
“Dos carros ya estaban esperando por nosotros al lado de la carretera”, dijo Azeh Maclaire a La Verdad Nica. “Los dos hombres que nos pasaron por el bosque solo nos dijeron: ‘Rápido, rápido, entren’ (al vehículo), así que entramos. Los dos hombres no entraron al carro, se regresaron”. El artículo describe que un grupo de migrantes abordó un Toyota Corolla negro y otro una camioneta Nissan Pathfinder. A las 3:30 a.m. ocurrió el encuentro con las autoridades.
Tchamani Joseph Magloire, quien acompaña a Atanga Frinwie en Nicaragua, denuncia que el Gobierno no quiere que ellos den declaraciones a medios y que una camioneta del Ministerio de Gobernación no se separa del hospedaje en el que se están quedando en Nicaragua. La entrevista para esta publicación, de hecho, se realizó en Managua evitando el monitoreo constante al que están sometidos.
Para entrar a Nicaragua la madre del africano fallecido tuvo que esperar dos meses de negociaciones entre la Embajada de Camerún y la de Nicaragua en Bélgica, cuando el proceso de visa nicaragüense en Bruselas suele durar un solo día. Según les prometieron, ellos tendrían acceso a toda la información, a un teléfono con línea local y a un oficial del Gobierno que los llevaría adonde requirieran, pero afirman que ese oficial es en realidad un policía y no se atreven a usar el móvil por temor a que esté intervenido.
“Lo que nos duele es que creemos que nosotros, como seres humanos, todos debemos ser tratados normalmente”, se lamenta Tchamani Magloire.
“No queremos nada de ellos. Solo que nos digan: ‘Sí, nos equivocamos, pero le puede suceder a cualquiera. ¿Qué podemos hacer para ayudarlos?’ No queremos pelear. No queremos problemas. Ya pasó. Es muy tarde. Sea lo que sea que haga el Gobierno, no vamos a tener al muchacho de regreso. Pero no queremos ser perseguidos. ¿Somos criminales acaso? ¿Porque vinimos a traer su cuerpo? Donde sea que vamos la Policía nos persigue. Quieren saber con quién hablamos, qué hacemos, adónde vamos. No tenemos derecho a movernos”.
Hasta el momento las autoridades no han sabido decirle a Frinwie quién mató a su hijo ni le han dado fecha para que ella se lleve el cadáver.
LA PRENSA contactó al coronel Manuel Guevara Rocha, jefe de Relaciones Públicas del Ejército de Nicaragua, pero no respondió a su teléfono y decidió ignorar las preguntas que le enviamos a WhatsApp, dejando en visto a LA PRENSA. Las interrogantes, que también fueron enviadas a los correos de contacto en el sitio web de la institución castrense, eran: ¿Qué pasó el 29 de septiembre en Rivas? ¿Por qué falleció el migrante? ¿Cuáles son los procedimientos normales en estos casos?
“Yo llamo a la primera dama y vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, para que me ayude”, dice Frinwie. “Ella sabe el dolor de perder a un hijo. Ella es una madre. Por favor ayúdeme”.


En los últimos meses el Ejército de Nicaragua se ha visto implicado en varios hechos que no han sido del todo esclarecidos.
El pasado 12 de noviembre, seis personas —incluidos un niño de 12 años y una adolescente de 16— fallecieron tras un supuesto enfrentamiento armado contra tropas del Sexto Comando Militar Regional en La Cruz de Río Grande, en el Caribe Sur.
El 20 de julio de este año también murieron dos supuestos delincuentes a manos del Ejército en Punta Gorda, Caribe Sur. En el comunicado militar oficial los fallecidos no fueron siquiera identificados.
Expertos y activistas en pro de los derechos humanos han criticado duramente estos hechos. Sobre todo el que se llamara “criminales” a una adolescente y a un niño, y se les matara sin dar explicaciones a la madre ni al país.
29 de septiembre. Mbang Atanga murió en Nicaragua el día de su cumpleaños 23. Minutos antes de morir, su hermana Azeh, le habría prometido que lo celebrarían en Honduras. Atanga era un joven microbiólogo que soñaba con vivir en Estados Unidos.
La madre del migrante fallecido, Atanga Mary Frinwie, arribó a Nicaragua el pasado 4 de diciembre y contó a LA PRENSA que en estos días pudo ver el cadáver de su hijo, Mbang Atanga, en el Instituto de Medicina Legal, en Managua. Ella denuncia que las autoridades no han sabido decirle quién mató a su hijo ni cuándo, pero que el cuerpo presenta una abertura “de carnicero”.
“Abrieron a mi hijo sin preguntarme, sin mi permiso y no me explican ¿por qué? Alguien me dijo que para la autopsia, ¿pero si hicieron autopsia entonces cómo es posible que no sepan quién lo mató?”, pregunta Frinwie.



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