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sábado, 23 de junio de 2018

El papel del Cosep en el diálogo.


Por Kenneth Dawtrey/  El papel del Cosep en el diálogo nacional es evitar la salida rupturista y asegurar una salida legalista, es decir, negociada, y un aterrizaje suave. El gobierno, según todos los indicios, ya aceptó, ante los emisarios de los Estados Unidos, su salida negociada, adelantando las elecciones, pero no quiere aceptarlo en público.

 ¿Por qué? Porque eso debilitaría su posición ante sus seguidores, que empezarían a desertar de sus cargos en el gobierno. Entre esos seguidores que apoyan a la dictadura se cuentan, en primer lugar, la policía, el ejército y las turbas, pero también toda la nomenklatura y la burocracia estatal.

La salida negociada es apoyada también por los Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional, que temen que en Nicaragua se produzca la anarquía o que surja un gobierno radical.  Estamos atrapados en un círculo vicioso. O más bien, el régimen está atrapado en un círculo vicioso y al no encontrar la salida nos arrastra en una brutal espiral de violencia.

La dictadura, y también el COSEP, que son sus aliados solapados, quieren un “aterrizaje suave”, pues temen a cualquier tipo de radicalismo que perjudique sus negocios. Ese aterrizaje suave se lograría a través de una salida negociada, en la cual las elecciones se anticipan al 29 de marzo del  año 2019.   Eso es lo que propone el documento  presentado por la Conferencia Episcopal en el diálogo, pero que el régimen no rechaza ni acepta abiertamente, pues está aplicando tácticas dilatorias. Esto lo hace con la esperanza de desgastar a la oposición, con su política de masacrar al pueblo.

Al interior de la oposición, hay dos posiciones discrepantes. Los representantes de la Alianza Cívica, encabezados por el COSEP, y secundados por los obispos, están a favor de una salida negociada. Pero los activistas que están en los tranques y en las calles rechazan esa salida. Temen que si el dictador permanece en el cargo durante varios meses, se desatará una represión selectiva y  a ellos les preocupa, naturalmente, su propia sobrevivencia, y su integridad, junto con la de sus familias.

El temor de los activistas a ser reprimidos, una vez alcanzado un acuerdo de elecciones anticipadas,  es muy comprensible y muy válido. Aún más, no sólo está justificado, sino que también es imposible erradicarlo de sus mentes. Es decir, no hay manera de que las bases superen esas preocupaciones. A ese factor, que es muy importante para entender la compleja coyuntura política actual, lo podemos llamar “el miedo a las represalias”.  Su existencia es indiscutible y debemos contar con el mismo para todo proyecto de salida a la crisis.

Ese mismo  miedo no lo sienten, sin embargo, los que están sentados en la mesa del diálogo. O al menos no le atribuyen el mismo grado de gravedad, aunque saben que existe. Se producen entonces dos posiciones discrepantes que, en sí mismas, encierran peligrosamente el germen del divisionismo. 

Se debe trabajar por lo tanto, de una manera urgente, en la carpintería del relevo, lo cual consiste en diseñar un mecanismo que permita una salida a la crisis cumpliendo los siguientes criterios:

1 -  Que garantice la salida inmediata del dictador, y evite que se produzca un “vacío de poder”.

2   -Que sea aceptable para el sector privado, para los sectores medios del país, para el aparato represivo, para la iglesia y para los sectores auto-convocados. También  para los Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional.

Antecedentes históricos.

En Nicaragua hay antecedentes, en nuestra historia reciente, de dos gobiernos dictatoriales derrocados de diferentes formas. El dictador Somoza Debayle  se vio obligado a huir, al ser derrotada la Guardia Somocista por los rebeldes sandinistas, y sufrir grandes presiones de la comunidad internacional. En esa oportunidad, fue sustituido por una Junta de Gobierno que se había constituido desde dos años antes en el exilio tico. A los miembros de esa organización se les llamó Grupo de los Doce.

En el caso del gobierno sandinista, que duró de 1979 a 1990, sabemos que se vio precisado por la lucha armada de la contrarrevolución, y también por la fuerte presión internacional, a firmar la paz, a adelantar las elecciones, y eventualmente a entregar el poder a Violeta Barrios de Chamorro.

La única opción que permite cumplir con los dos requisitos mencionados arriba es la creación inmediata y urgente de un gobierno de transición o provisional, que asuma el poder tras la huida o la renuncia del dictador.

Esa Junta de gobierno estaría integrada preferiblemente por personas de reconocida trayectoria anti-orteguista. Podría contar también con algunos notables, pertenecientes a la oposición, como Fabio Gadea o como Carlos Tunnermann, o Alejandro Serrano Caldera, pero debe incorporar también a líderes que se han destacado en el curso del actual levantamiento popular. Deben estar ahí representados los estudiantes, los  campesinos anti-canaleros  y la sociedad civil.

La Junta de Gobierno, sin embargo, no se podrá crear por iniciativa de la cúpula empresarial. No obstante, dicha cúpula se vería obligada a reconocerla, una vez que haya sido conformada o constituida. La junta de gobierno provisional no podría surgir del seno de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, ya que esa entidad está controlada por el COSEP.

La única entidad que se perfila actualmente como la facultada para conformar la junta de gobierno provisional o de transición es la Articulación de Movimientos Sociales y Organizaciones Cívicas, surgida en la ciudad de León. Esa es una entidad paralela a la Alianza Cívica, cuyos objetivos coinciden y por lo tanto se apoyan mutuamente.

Sabemos que León, hoy en día, es un “territorio liberado”. Eso se debe a que el desarrollo de la lucha cívica en León tomó la delantera, en relación a Managua. Aprovechando ese espacio recién conquistado, y la existencia de la citada Articulación, que constituye un germen y un núcleo de liderazgo no solo a nivel local, sino regional, e incluso nacional, debe procederse a dar el siguiente paso.

La Articulación debe convocar a una mega-convención de todas las fuerzas opositoras del país, a celebrarse lo más pronto posible en un hotel o centro de convenciones de la ciudad de León. A ese cónclave deben invitar sin falta a la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia. Y también a la conferencia episcopal, o al menos a representantes locales de la iglesia. 

Durante ese evento, que se celebraría con mucha fanfarria, si las circunstancias políticas lo permiten, o en forma semi- clandestina, si la represión así lo exige, se conformaría la Gran Coalición Opositora. 

Dicha coalición se encargaría de nombrar una directiva, la cual a su vez refrendaría y endosaría la legitimidad de la Junta de Gobierno, que saldría elegida en ese mismo evento.  Los miembros de la Junta, una vez constituidos, deberán pronunciar sus discursos de aceptación y manifestar su compromiso de adoptar una plataforma democrática y de preparar el terreno para celebrar elecciones en el menor tiempo posible.

Tan pronto como asuma el poder de representar a la oposición, la Junta de gobierno debe abocarse por todos los medios a la conquista del poder          político en el país. Para ello, debe hacer lo siguiente:

-Decidir si es factible operar en Nicaragua o si debe trasladarse al exilio en Costa Rica. En caso de optar por quedarse en Nicaragua, debe crear una sub-sede en Costa Rica, previendo que se incremente la represión.

- Legitimarse por todos los medios ante la comunidad internacional, garantizando que ella representa la mejor alternativa para una transición ordenada, que minimice la violencia y el daño a la economía del país.

-Ofrecer algún tipo de propuesta, que deberá ser debidamente estudiado,  para llegar a un arreglo que sea aceptable para el aparato represivo,  y otros sectores involucrados en la masacre en contra de la población auto-convocada. Un acuerdo que permita que ellos depongan las armas y se logre la ansiada pacificación del país.
Kenneth Dawtrey, de origen afro-caribeño, es profesor de ciencias políticas en el City College, de Nueva York.

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