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martes, 3 de julio de 2018

Juigalpa, la “madre” de los tranques contra Ortega.


Tomado de Confidencial / “Esta es una lucha cívica”, explica Francisco Sequeira, coordinador del bloqueo de carreteras levantado como protesta por habitantes autoconvocados de Juigalpa, Chontales, mientras supervisa el estado de las barricadas. 

“Es la única forma democrática que tenemos para hacer presión para que el régimen se vaya”, asegura el hombre de 33 años, alto, moreno, de espaldas anchas y fuertes y barba cerrada, que se pasea por las barricadas como si se tratara de un jefe militar que pasa revista a su batallón.

Desde hace más de cuarenta días Sequiera –ingeniero, hasta hace dos meses propietario de un pequeño negocio– se unión a un grupo de ciudadanos que decidieron “trancar” la salida de Juigalpa. 

Los vecinos de la ciudad habían organizado –como cientos de miles de nicaragüenses– hasta 15 manifestaciones contra el Gobierno de Daniel Ortega, pero tras la respuesta sangrienta del régimen a la protesta pacífica, tomaron la decisión de atrincherarse en barricadas y de paso paralizar el transporte por una de las principales rutas del país. La respuesta de la gente ha sido de un respaldo total.

El día que visitamos el tranque había una fila de al menos seis kilómetros llena de camiones y automóviles varados. Los coordinadores de este tranque abren la vía cada tres horas, lo que hace que el transporte fluya con lentitud y deje esperando a decenas de camioneros, porque el tranque de Juigalpa tiene una posición estratégica. Por esta ruta se accede a Río San Juan, Nueva Guinea, El Rama y hasta Bluefields por vía de carretera. Este es el bloqueo que paraliza prácticamente a toda la región central-este del país.

El tranque está dividido en al menos ocho barricadas, que no solo impiden el paso por la carretera principal, sino que limitan el acceso a esta ciudad ganadera. Es una verdadera muralla que paraliza Juigalpa, cuyo control ha sido disputado al Frente Sandinista, que ha organizado huestes armadas y que bajo órdenes de Ortega han atacado en varias ocasiones a los jóvenes que cuidan el tranque. Hasta ahora, esos ataques no los han doblegado.

Esta tarde de finales de julio, sin embargo, todo en el tranque de Juigalpa funcionaba con normalidad. Los autoconvocados han logrado un nivel de organización impresionante, que incluye roles de guardia para vigilar durante el día y la noche. En cada una de las barricadas hay un responsable de organizar su protección. Hay un encargado de la cocina del tranque, uno del puesto médico improvisado y el coordinador general, trabajo que esta mañana le tocó a Francisco Sequiera. 

“Todo lo coordinamos con el movimiento canalero y el movimiento estudiantil”, explica Sequiera. “Con ellos hemos decidido trancar por diez días todo lo que son vehículos pesados, aunque estamos siendo flexibles con los vehículos pequeños, estamos siendo flexibles con la ciudadanía, porque tenemos el respaldo popular”, agrega.
Los pobladores de Juigalpa y los productores de esta región ganadera apoyan económicamente estos tranques. Los autoconvocados reciben donaciones de alimentos que van desde sacos de verduras y hortalizas, hasta vacas y cerdos, además de cantidades ingentes de queso, crema, quesillo, los productores lácteos que han hecho famosa a esta región en toda Nicaragua. 

Una mujer que vive en Estados Unidos cedió su casa a los organizadores del tranque, que la han convertido en centro de acopio y cocina comunitaria. Aquí trabajan todos los días de forma voluntaria cuatro mujeres, encargadas de preparar la alimentación para los jóvenes que vigilan el tranque, pero también para los camioneros que deben esperar largas horas varados en la carretera.

Ellos hacen fila en la puerta de la casa para recibir su ración de comida, que hoy incluye pollo al caldo con verduras, arroz y tajadas de plátano verde fritas. Mientras comen, miren un partido de fútbol del Mundial de Rusia en el televisor instalado en la acera de la casa, que además sirve de distracción a los jóvenes durante la noche, mientras montan guardia. “Somos un equipo y estamos con una misma lucha.

Hemos hablado con los ciudadanos y ellos nos comprenden, nos apoyan, porque esta es una necesidad en vista de las barbaridades que ha hecho este Gobierno con el pueblo”, dice Humberto Astorga, quien está a cargo de coordinar el abastecimiento de alimentos y la cocina. “Aquí estamos por una causa. Todos somos voluntarios. Ya tenemos dos meses de estar en esta lucha y esperamos que nos sigan respaldando”, agrega el hombre, que lleva un sombrero embutido hasta la frente, pero que a diferencia de sus compañeros no usa pasamontañas o se cubre el rostro con pañuelos.

Como parte de la organización del tranque han abierto un consultorio médico improvisado en una casa decomisada a las autoridades. Aquí han sido dispuestos cuatro colchones para atender a los heridos. La población dona las medicinas. A cargo del puesto médico está “Molotov”, un hombre larguirucho y muy delgado, que va cubierto de pies a cabeza sin que se le vea un solo trozo de piel. Pareciera un hombre de trapo.

“Molotov” habla atropellando las palabras. Se muestra orgulloso del puesto y a su cargo tiene un “comando” para vigilarlo. Ese comando está compuesto de una docena de muchachos, uno de ellos de apenas 15 años, armados con lanza morteros y las “huleras” que hasta hace unos meses servían para jurar al tiro en sus barrios. 

“Aquí hacemos las curaciones y si hay alguien que se pueda atender lo hacemos aquí, porque no confiamos en los hospitales, donde la Policía puede llegar a sacar a nuestra gente”, explica Molotov, quien pide a la población gasas, alcohol, medicamentos para el dolor, aunque ya han logrado “armar” dos maletines para primeros auxilios.

La tarde que visitamos el puesto médico convalecía un hombre que una semana antes había recibido una bala en la cabeza. Fue durante un ataque de las huestes de Ortega contra el tranque. Él vigilaba una de las barricadas cuando cayó herido. Llevaba un casco, lo que le salvó la vida. “Querían meterse y nosotros nos defendimos con piedras, morteros, con lo que tenemos. 

Llevaban armas de guerra, escopetas, rifles, porque yo recibí un disparo de calibre 22. A mí lo que me salva fue un casco que cargaba. Parece que la bala solo penetró en el hueso del cráneo”, explica el hombre, sentado en una mecedora, con la cabeza totalmente vendada.

A pesar del nivel de organización que estos jóvenes han logrado en este tranque, uno se pregunta si armados solo con lanza morteros, bombas artesanales u hondas para tirar piedras podrán resistir el asedio de los escuadrones de la muerte de Ortega. 

Francisco Sequeira, el coordinador del tranque, afirma que aquí nadie está armado y que ellos están dispuestos a enfrentarse con lo que tienen para defender lo que consideran la única forma de presión para exigir que Ortega deje el poder, después de perpetuar la peor matanza de la historia de Nicaragua. A su lado, uno de sus compañeros asiente. 

Lenin Escobar, a cargo de abrir y cerrar el paso, dice que tienen miedo, “pero el amor que tenemos por nuestra patria nos quita ese temor”. 

El hombre asegura que, hasta que Ortega no ceda, los tranques se quedan.“Y vamos a seguir adelante, aquí estamos siempre, porque esta es una lucha respaldada directamente por dios”.

Confidencial hizo un recorrido por la región central del país para constatar el estado de los tranques, una protesta ciudadana que ha puesto en jaque al Gobierno de Daniel Ortega a tal punto que él ha exigido que estos bloqueos se levanten para poder avanzar en las negociaciones que se desarrollan en el marco del Diálogo Nacional mediado por la Conferencia Episcopal.

Los tranques en esta región comienzan en el Empalme de Boaco y se extienden a lo largo de la ruta que atraviesa San Lorenzo, San Francisco, Tecolostote, Juigalpa hasta San Pedro, aunque la “madre” de todos los tranques de la región es la muralla levantada en la cabecera departamental de Chontales.

Confidencial hizo un recorrido por la región central del país para constatar el estado de los tranques, una protesta ciudadana que ha puesto en jaque al Gobierno de Daniel Ortega a tal punto que él ha exigido que estos bloqueos se levanten para poder avanzar en las negociaciones que se desarrollan en el marco del Diálogo Nacional mediado por la Conferencia Episcopal.

El tranque del Empalme de Boaco está coordinado por Carmen González, una mujer de 43 años, que además está a cargo de preparar la comida en un fogón montado al lado de la carretera. Cubiertos por un plástico negro para protegerlos de la lluvia están los alimentos que han sido donados por la población: huevos, verduras, enlatados, botellas de agua, enormes aguacates… Aquí la comida no falta.

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