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martes, 10 de julio de 2018

Las tareas inmediatas de la oposición política.


Por Kenneth Dawtrey - En su màs reciente discurso, el dictador Ortega ha rechazado toda propuesta de elecciones anticipadas.  Por un lado, es un hecho lamentable, pues se cierra la posibilidad de una salida negociada y pacífica, con la que muchos contaban en Nicaragua.

Sin embargo, eso tiene también un lado positivo, pues, al quedar descartado el “aterrizaje suave”, queda evidenciado que la única salida es el aterrizaje abrupto.
Una nueva coyuntura.

Se ha creado, por lo tanto, una nueva coyuntura, en la cual la Alianza Cívica debe asumir un rol más proactivo, a fin de realizar un conjunto de tareas inmediatas que se presentan a la oposición.

1-En vista de que la represión del régimen ha arreciado, es necesario que se adopten nuevas estrategias que entrañen menos riesgos para los activistas. Por ejemplo, el paro nacional indefinido es una opción de protesta menos peligrosa que los tranques, tanto en las ciudades como en las carreteras.

2-Es necesario fortalecer por todos los medios a la oposición, en el plano político. Esto se puede lograr si la Alianza Cívica, con los aliados que ya tiene, convoca a una gran convención de todas las fuerzas opositoras.

En ese importante cónclave, que se debería celebrar a lo inmediato, se eligirían los miembros de la Junta de Gobierno Provisional pre-constituida. Dicha entidad podría estar integrada por algunos notables como Fabio Gadea Mantilla, Alejandro Serrano Caldera, Bianca Jagger, Carlos Tunnermann, y doña Francisca Ramírez.

Se le llama una junta de gobierno pre-constituida ya que se conformaría antes de asumir el control de Estado. No ejercería el poder de inmediato, pero tiene una serie de ventajas importantes. En primer lugar, aglutinaría a la oposición, pues tendría el respaldo popular. Asimismo, esa Junta de Gobierno, empoderada por su liderazgo entre las masas, podría sostener diálogos paralelos con diversos sectores del régimen, que tienen intereses un tanto divergentes.

En esas negociaciones, la Junta de Gobierno Provisional pre-constituida procuraría llegar a acuerdos que puedan de alguna manera destruir el aparente monolitismo que muestra hasta ahora la dictadura. Es decir, buscar explotar las contradicciones y fisuras internas latentes dentro del sistema, las cuales se agudizan con el paso del tiempo, a medida que la situación se vuelve más insostenible.

Esas fisuras se dan debido a que los intereses de los diferentes sectores de la dictadura no coinciden al cien por ciento.

3- Los más importante de esos sectores mencionados son los siguientes: “la facción de El Carmen”, que representa al núcleo central del poder dictatorial. Incluye a la familia Ortega-Murillo, a sus asesores, y allegados más cercanos. En segundo lugar, tenemos a la cúpula militar, la cual es parte integrante fundamental  del aparato represivo, pero que también están interesados en una salida que no perjudique sus intereses económicos. 

Recordemos que el ejército es dueño de un imperio económico que tiene muchos tentáculos, incluyendo ramificaciones en los Estados Unidos, los cuales les pueden ser confiscados. Ellos, aunque lo nieguen, saben que la dictadura orteguista es inviable, a mediano y largo plazo, ya que no puede mantenerse únicamente a base de represión.

Es por eso que ellos están preocupados por encontrar una salida negociada. Pero para eso necesitan, obviamente, contar con un interlocutor confiable, debidamente empoderado, que les garantice un arreglo aceptable. Es probable que la Junta de Gobierno Provisional pre-constituida tenga que hacerles a los militares, en contra de nuestra voluntad, algunas concesiones, debido a que nuestro poder es inferior al de ellos. En tercer lugar, tenemos a  la cúpula empresarial, cuyo rol es el más ambiguo. Esa cúpula apostaba hasta hace poco a una salida negociada, orientada hacia la implantación de un orteguismo sin Ortega. Esa era la salida que para ellos resultaba, económicamente, más ventajosa.
 
Esa posibilidad, sin embargo, ha quedado descartada, por lo cual la burguesía tiene que adherirse, necesariamente, a los partidarios de la salida abrupta. Esa circunstancia tiene una enorme trascendencia y una enorme ventaja,  imposible de exagerar, para nuestra lucha. ¿Por qué? Porque las discrepancias existentes entre los partidarios de las dos opciones (salida legalista y salida rupturista) eran un factor que estaba debilitando la unidad de la oposición.

Una vez que la opción rupturista se impone de modo absoluto (la otra opción, inviable, sería cruzarse de brazos y dejar al tirano gobernar hasta el año 2021), entonces se hace mucho más viable la opción que propongo. Al haber un consenso respecto al tipo de salida que debemos buscar, se multiplican exponencialmente nuestras posibilidades de alcanzar la victoria.

Dicho en otras palabras, debemos “agradecer” al dictador que, con su empecinamiento, con su obcecación y con su aferramiento al poder, nos haya facilitado enormemente las cosas. Es probable que él mismo se haya dado “con la piedra en la boca”. Sabemos que la Alianza Cívica surgió de la comisión negociadora en el diálogo.  También sabemos que la Comisión negociadora surgió de una manera un tanto al azar, e incluso caprichosa, pues fue elegida por el clero. Es decir, que sus integrantes no estaban preparados, en la mayoría de los casos, para asumir, de un día para otro,  un rol de liderazgo a nivel nacional. 

Ellos son inexpertos e improvisados. En algunos casos, incluso totalmente neófitos, en el terreno de la política de Estado.

Se les ha confiado, no obstante, una tarea ingente que, con todo respeto, debo decir que los desborda ampliamente, como nos desbordaría también, a cualquiera de nosotros, si nos confiaran una tarea de esa magnitud, y nos tomaran desprevenidos. A pesar de esa desventaja, y a pesar del hecho de que los líderes políticos  no se improvisan fácilmente, los miembros de la Alianza Cívica deben asumir un rol protagónico de gran trascendencia histórica, sobreponiéndose a sus limitaciones, y adoptando una actitud proactiva, visionaria, y audaz.  ¿Cómo? Auto-empoderándose y auto-legitimándose ante la población.

Apelando a todas las otras organizaciones de oposición que estén dispuestos a secundar sus esfuerzos. Esas organizaciones son muchas, y cuentan con valiosos recursos, tanto humanos, como materiales, que deberían estar totalmente al servicio de la causa. Lo único que le compete hacer, a la Alianza Cívica, es crear condiciones (haciendo un llamado) para que esos respaldos potenciales se cristalicen, dando lugar al surgimiento de una instancia suprapartidaria.

Una vez que se elija a la Junta de Gobierno de Transición pre-constituida, el papel de la Alianza Cívica, integrada en la gran Coalición opositora, cambiaría radicalmente en cuanto a su naturaleza, ya que pasarían a un segundo plano, convirtiéndose en una instancia de apoyo. Debo aclarar que la Junta de Gobierno de Transición pre-constituida no estaría en capacidad de gobernar el país, puesto que el gobierno lo ejerce la dictadura orteguista.

Sin embargo, esa Junta estaría como un “bateador emergente”, dispuesta a entrar en acción de inmediato, como una instancia de negociación centralizada y  autorizada, con todos aquellos interlocutores con los cuales se deba negociar el poder. Asimismo, esa Junta jugaría un gran papel por el solo hecho de existir, ya que podría entrar en acción en el mismísimo momento en que su intervención en la palestra política sea requerida, asumiendo el control del aparato estatal. Esto resulta crucial, ya que no puede producirse, en ningún momento, ni  bajo ninguna circunstancia, un “vacío de poder”, que nos pueda conducir al caos.

4-Otra función importante que le tocaría desempeñar a la Junta de Gobierno Provisional pre-constituida es buscar el reconocimiento de la comunidad internacional, con el objeto de aislar, cada vez más, a la dictadura. Consideremos, por un momento, el siguiente escenario: a medida que la dictadura, con su furia represiva desenfrenada, se vuelve más inaceptable, a nivel local e internacional, provocando el rechazo de todos con su “terrorismo de Estado”, en esa misma medida crecerán las posibilidades de que la comunidad internacional, y en particular los Estados Unidos, respalden el surgimiento de un gobierno alternativo.

Esos países estarían dispuestos, probablemente, a entablar conversaciones urgentemente con una Junta de Gobierno Provisional pre-constituida, si saben:

1) Que cuenta con el respaldo de la población; 2) Que cuenta con una plataforma democrática; y 3) que constituye la única opción viable y expedita (al alcance de la mano)  frente a una dictadura demencial y genocida, que está exterminando a nuestro pueblo.

El reconocimiento de otros países, y en especial de los Estados Unidos, que cuentan con los medios y la disposición para ayudarnos, de manera inmediata y efectiva,  tendría una enorme repercusión positiva. Esto es importante ya  que la comunidad internacional no sólo nos brindaría su apoyo moral, sino también material.

En particular, ellos nos aportarían recursos que, en la actualidad, le están aportando a la dictadura. Pero, por encima de todo, representarían un formidable muro de contención contra un posible mega-genocidio que, por órdenes del dictador, quiera cometer el ejército, en contra de la población indefensa. 

Ningún líder responsable puede descartar esa posibilidad, por muy dantesca que nos parezca.  Recordemos que Somoza, el antecesor de Ortega, en la fase final de su dictadura, ordenó lanzar contra el pueblo bombas de quinientas libras. Cualquier medida de prevención que tomemos, en contra del régimen genocida, es poca.

5-Sabemos que el dictador Ortega ejerce un poder ilegítimo. Es un usurpador ya que es un presidente “de facto”, que llegó al poder mediante un golpe de Estado técnico, inhibiendo la participación, en las elecciones, de sus principales competidores, a través de un poder electoral viciado, presidido por un corrupto.

 Ese hecho puede servir de base para que la comunidad internacional lo descalifique, y se apresure a reconocer a la Junta de Gobierno Provisional pre-constituida, la cual, comparada con el gobierno orteguista, tendría un nivel más alto de representatividad democrática.

6-No debemos olvidar ni por un instante que, aunque la crisis que vivimos es de carácter político, su trasfondo es de carácter económico. Es decir que, en el fondo, lo que está en juego es la repartición de las riquezas del país, que hasta ahora habían estado en manos de una minoría privilegiada y corrupta. Ese factor debe ser tenido en cuenta a la hora de que la Junta de Gobierno Provisional pre-constituida deba negociar con los diversos sectores influyentes, o cúpulas, del país.

Es imposible trabajar “la carpintería del relevo” si no se maneja adecuadamente ese aspecto. La oposición debería tratar de evitar, en la medida de lo posible, que el orteguismo pueda perpetrar otra mega-piñata, pero no podremos impedirlo, a menos que nos apoye la comunidad internacional. Los empresarios, pese a sus antecedentes de sus corruptelas con la dictadura,  probablemente quedarán impunes, y lograrán conservar sus bienes mal habidos.

En el caso del ejército, el botín de que disponen, y la posibilidad de que lo conserven, es precisamente la base de todas las negociaciones que puedan establecerse con ellos. Es decir que los militares, en un determinado momento, deberán decidir si les conviene más, desde el punto de vista económico, seguir defendiendo a una dictadura que no tiene futuro, o rebelarse contra ella y obligar al tirano a capitular, y aentregar el poder a la Junta de Gobierno Provisional pre-constituida.

7-La Junta de Gobierno citada antes debería empoderarse buscando el respaldo de Amcham, pues sabemos que esta entidad mantiene una relación especial con los Estados Unidos. Ellos podrían servir idealmente como un “enlace”, que permita una colaboración fluida con el coloso del norte. Debemos decir, de la manera más explícita, que debemos descartar todo reparo y todo temor de que nos tilden de pro-injerencistas. Ese es un discurso inventado por la dictadura, y adoptarlo sería ir contra nuestros propios intereses.

De hecho, la Junta de Gobierno debería pedir, al gobierno estadounidense que sigan imponiendo más castigos y sanciones contra el régimen, hasta lograr su derrocamiento. Hay que aplicar la Ley Magnitsky a otros funcionarios del orteguismo, y también a la empresa Albanisa, por ser una instancia de lavado de dinero de las Fuerzas Armadas Rebeldes de Colombia (FARC). También es la “caja chica” de la dictadura. La Junta de Gobierno debería convenir con el Cosep formas de lucha conjunta, ahora que resulta menos viable una alianza solapada entre el gobierno y la empresa privada.

Esa alianza crapulesca, que se había mantenido hasta ahora, ha dejado de ser viable, en la medida en que el Cosep no puede respaldar la permanencia del dictador en el poder durante tres años más. Esa es una de las fisuras a las cuales me refería antes. Una nueva dinámica mejorada de colaboración entre los empresarios y el resto de la oposición debería llevar a un considerable fortalecimiento de la lucha, al fortalecerse ahora la unidad. Los empresarios poseen una infinidad de recursos que nos resultan sumamente útiles. 

Esa alianza renovada y transparente, entre el empresariado y el pueblo,  debería incrementar las posibilidades de convocar a un paro indefinido. En términos generales, el panorama que hoy presenciamos es mucho más auspicioso para nuestro pueblo. Hay mucho trabajo por delante, pero la victoria está a nuestro alcance, siempre que sepamos actuar con audacia y determinación.

Nota sobre el autor: El doctor Kenneth Dawtrey es profesor de Ciencias Políticas en el City College, de Nueva York. Sus libros han sido traducidos a diversos idiomas extranjeros.

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