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domingo, 19 de agosto de 2018

A cuatro meses de protestas contra el régimen del presidente Daniel Ortega, la dictadura se cae a pedazos.


 Le guste o no, Daniel Ortega perdió las calles desde aquel 19 de Abril, cuendo miles de jóvenes estudiantes, lograron despertar las conciencias de los nicaragüenses, hartos de la corrupción familiar.

 Desde ese día, comenzó una brutal represión contra las manifestaciones pacíficas y que ha dejado más de 400 muertos según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). “Pido justicia también por mis hijos, porque si en Nicaragua queman y asesinan a niños acá nada está normal”, dicen las pancartas que hoy se leen en las marchas cívicas.

Miles de nicaragüenses  siguen demostrando su fuerza contra el régimen de Ortega, quien se organiza  sus propias manifestaciones en otros puntos  de la capital. Para estos opositores la manifestación de ayer domingo, fue simbólica no solo porque se han cumplido cuatro meses de resistencia, sino porque demuestran que han perdido el miedo a la respuesta violenta desatada desde el Estado, que ha armado a sus huestes para atacar barricadas, ciudades opositoras y las manifestaciones que se han realizado en todo el país. 

Además, en la manifestación del sábado se exigió la libertad de los considerados presos políticos, más de 400 personas detenidas ilegalmente, según estadísticas de organismos de derechos humanos, de las que 135 están siendo procesadas por cargos de “terrorismo” por participar en las protestas.

Uno de los procesados es el líder campesino Medardo Mairena, a quien la justicia acusa de ser responsable del asesinato de cuatro policías durante enfrentamientos registrados el 13 de julio en Morrito, Río San Juan, al sur de Nicaragua. En la manifestación del sábado participaba José Alfredo Mairena, hermano de Medardo, quien protestaba exigiendo la libertad del líder campesino.

“Demandamos justicia y libertad para todos los presos políticos que están enfrentando un proceso injusto solo porque al dictador Ortega le dio la gana. Están detenidos por haberse convertido en la voz del pueblo, por haber exigido justicia para Nicaragua”, dijo José Mairena.

Su hermano, además, es miembro de la opositora Alianza Cívica, la organización que reúne a estudiantes, empresarios, campesinos, académicos y representantes de la sociedad civil y que convoca a esta manifestación en la capital. Varios de los miembros de la Alianza han denunciado amenazas y asedio de parte del Gobierno, incluyendo el estudiante Lesther Alemán, de 20 años, quien en mayo asaltó la palabra al presidente Ortega durante la sesión inaugural del llamado Diálogo Nacional, ahora estancado por la intransigencia del Ejecutivo de negociar un adelanto de las elecciones.

Para analistas consultados en Managua esa es la única salida viable a la crisis que amenaza con hundir la economía del país. El presidente Daniel Ortega tuvo que presentar con urgencia al Parlamento una reforma al Presupuesto de la nación para ajustar el gasto del Estado debido a la caída en la recaudación de impuestos.

El recorte presupuestario superó los 220 millones de dólares y afectó principalmente al sector de la sanidad pública y la educación. Los economistas temen que la economía nicaragüense entre en depresión si no se pone fin a la crisis. Además, desde junio comenzó un éxodo masivo de nicaragüenses que huyen de la violencia. Más de 20 mil han buscado refugio en la vecina Costa Rica.

El presidente Ortega, sin embargo, ha dicho que el país se encamina a la “normalidad”, después de que derribó con violencia las barricadas y bloqueos de carretera que los manifestantes levantaron en todo el país.

La llamada “Operación Limpieza” dejó decenas de muertos y aunque logró intimidar a la población por unas semanas, los nicaragüenses volvieron a las calles desde el pasado miércoles, exigiendo la libertad de los presos políticos y el fin del régimen. Esta nueva ola de protestas ha sido duramente atacada por la vicepresidenta Rosario Murillo que catalogó a los manifestantes de “traidores”, “vampiros que no pueden ver la luz” y “almas tóxicas”.

Una de esas almas marchaba el sábado con un antifaz de carnaval y sosteniendo un letrero con la leyenda “Nicaragua libre”. La mujer bailaba al ritmo de una banda que tocaba el “Solar de Monimbó”, canción que elogia al barrio bravo de Masaya, la ciudad que ha sido el bastión de la resistencia contra el régimen de Ortega, cuyas huestes armadas la atacaron con brutalidad.

En los enfrentamientos en esa ciudad murieron al menos 35 personas. La mujer, morena, bajita, vestida con los colores de la bandera azul y blanco, dijo que se manifestaba porque “aquí no ha cambiado nada, el país no está normal. Siguen encarcelando, secuestrando, matando, sigue el pueblo reprimido. Nosotros queremos libertad, justicia y democracia. Queremos que se vayan ya Daniel (Ortega) y la Chayo (Rosario Murillo)”.

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