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martes, 11 de septiembre de 2018

En tres meses se agotan las reservas.


Tomado de Confidencial / Por Iván Olivares - Aunque los libros del Banco Central de Nicaragua (BCN) muestran que al 31 de agosto de 2018, el país poseía reservas por 2 447 millones de dólares, la verdad indica que el márgen de disponibilidad es mucho más estrecho: descontando las reservas ‘intocables’, solo quedan 480 millones de dólares para vendérselos a los bancos comerciales.  

Dado el ritmo de las operaciones observadas, eso implica menos de tres meses de transacciones, que podrían terminar en noviembre. Diciembre cuando mucho. Después de eso, se impondrían medidas de emergencia, o el pánico financiero.

“Si se mantiene el ritmo promedio diario de 7.7 millones en venta de divisas, observado entre el 15 de mayo y el 31 de agosto de este año, los USD480 millones que le quedan el BCN podría durar 62.4 días, que equivalen a 2.1 meses”, calculó el economista Néstor Avendaño, presidente de Consultores para el Desarrollo Empresarial (Copades).  

“En el mejor de los casos, si hay una venta promedio diaria de 5.9 millones, como la que se registró en julio, los USD480 millones podrían durar 81.4 días, o sea, dos meses y tres semanas”, precisó. “Por consiguiente, es posible que la capacidad de venta de dólares del BCN a la banca comercial (para afrontar la fuga de los depósitos en moneda extranjera) se mantenga entre dos y tres meses, a partir del 31 de agosto del año en curso”, precisó.

Antes del inicio de la crisis política –cuyo detonante el 18 de abril desató la escalada de una matanza estatal– el BCN exhibía una fortaleza llamativa, para una economía tan frágil como la nuestra: al cierre del primer trimestre tenía 2 892.0 millones en Reservas Internacionales Brutas (RIB), que se traducían a 1867.7 en Reservas Internacionales Netas Ajustadas (RINA) después de apartar los fondos intocables.

Los datos muestran que al 31 de agosto, el BCN poseía RIB por 2 447 millones de dólares, a las que había que restar 692 millones en concepto de Encaje Legal; 175 millones del Fogade; 100 millones de los Fondos BCIE (y 32 millones del FMI) para fortalecer reservas, y 79 millones para pagar las Letras del BCN que están en poder del público, de donde resultan 1,369 millones en RINA.

A ese monto hay que restarle los 369 millones que se destinarán al pago de la deuda pública externa; sumarle unos 920 en concepto de exportaciones de bienes; restarle 1,920 millones para financiar la importación de bienes FOB, y agregarle los 480 millones que se espera lleguen al país en concepto de remesas entre septiembre y diciembre de 2018, de todo lo cual resulta que hay una disponibilidad de reservas para venta de divisas a los bancos, por USD480 millones.

Por su parte, los bancos contaban con el equivalente a 5 234 millones de dólares al 12 de abril, con lo que podían satisfacer la demanda crediticia del mercado y dormir tranquilos, pero cuando todas las variables principales parecían estar cubiertas, la gente comenzó a retirar su dinero de los bancos.

Tal como explica Avendaño, si la gente llega y se lleva su dinero en córdobas es poco lo que pasa, porque hay suficiente moneda nacional para cubrir todas las demandas del público.

El problema es cuando la gente se lleva en dólares sus ahorros en dólares, o saca sus córdobas y pide que se los cambien por dólares, demanda que los bancos están obligados a satisfacer en nombre de la libre convertibilidad de la moneda.

¿Y si al BCN se le acaban los dólares?

No darle dólares a la gente que los pide, conlleva tarde o temprano a una devaluación de facto de la moneda, mal al que temen los banqueros, los políticos, los economistas, y el público, por lo que la banca comercial corrió a comprarle dólares al Banco Central, y el BCN se dispuso a venderles todos los dólares que les pidieron.

El problema es que el BCN no emite dólares. Solo los compra o los vende, de modo que por muy cuantiosas que sean sus reservas (casi 3 000 millones en RIB al cerrar abril), no es posible que soporten la ‘previsión’ de los ahorrantes, que eligieron llevarse su dinero ante el temor de que se acabaran los dólares, o ante una posible devaluación de la moneda.

“Esta corrida de depósitos no se va a contener” porque “obedece a la desconfianza que provoca la crisis política que vive el país. Una crisis que ha trascendido mucho más allá de lo que yo esperaba en el ámbito monetario”, señaló el experto.

Los números respaldan las observaciones de Avendaño: después de crecer en casi 262 millones a lo largo del primer trimestre, el público retiró 154 millones de sus depósitos en el mes de abril; 309.8 millones en mayo; 337.9 millones en junio; 72.5 millones en julio, y un poco más de cien millones en agosto… y la sangría continúa en septiembre.

El resultado es una merma de 1,083 millones de dólares, que equivalen al 20.7% de los 5 234 millones de los depósitos totales que había en el sistema al 12 de abril de 2018.

En el desglose, resulta que el público se llevó 781 millones de sus depósitos en dólares, más el equivalente a 191 millones en depósitos a la vista (cuentas de cheques, también denominadas cuentas corrientes; no tienen mantenimiento de valor), y el equivalente a 111 millones de dólares más, de sus cuentas en córdobas con mantenimiento de valor, renglón en el que se engloban las cuentas de ahorro y los depósitos a plazo.

Esa sangría obligó a los bancos a correr al BCN para comprar dólares.

Las estadísticas oficiales muestran que entre el 15 de mayo y el 5 de septiembre, el BCN vendió 580 millones de dólares a los bancos comerciales, lo que implica que el 74% de la salida de depósitos se financió con la venta de dólares del BCN, que tuvo que tomarlos de las RIB.

Los economistas independientes consultados coinciden en que aunque las consecuencias de la crisis política sean económicas, esta no se puede resolver tomando medidas económicas, sino políticas.

“Yo he dicho que es necesario restablecer la confianza, y eso se logra a través de un diálogo político constructivo y muy respetuoso para todos”, dijo Néstor Avendaño.
“Aunque el Gobierno está claro que el problema es político, lo que están tratando de hacer es minimizar el daño a la economía, pero ellos saben que esas medidas no resuelven el problema”, añadió Róger Arteaga, exdirector general de Ingresos.

Las decisiones del BCN “son paliativos para minimizar el daño económico que produce el conflicto político, pero eso no resuelve el problema. Lo que se requiere es una negociación política”, ilustró.

La decisión del BCN de sacar córdobas de circulación para cumplir el ratio que indica que el monto de las reservas debe ser el equivalente a 2.8 veces la masa monetaria, siendo que no hay muchas fuentes de dónde conseguir dólares.

Extraer córdobas “ralentiza la economía, porque le quita dinero (y capacidad de compra) a la gente, y eso empuja a la recesión, pero si tu política genera recesión, ya no podes seguir sacando dinero de la economía”, graficó Arteaga. ¿Y qué pasa si se deja que el público siga teniendo acceso a la misma cantidad de siempre en moneda nacional? “Si no le quitás los córdobas, la gente compra más dólares y eso puede llevar a una devaluación del córdoba”, añadió el experto.

¿Devaluación, recesión o control cambiario?

El economista José Luis Medal, dijo a Confidencial que las autoridades “saben perfectamente lo que está ocurriendo, aunque no lo admitan en público”.

La razón por la que no dictan una medida efectiva es porque “tienen pocas opciones. Lo que están haciendo es lo poco que pueden hacer en una situación que no controlan”, detalló.

Medal reitera que “con una economía tan pequeña como la nuestra, no hay tantas opciones”, señalando que “dictar un control cambiario, [o sea, limitar la cantidad de dólares que puede comprar el público] crearía un pánico tremendo”, mientras que “ordenar un corralito es otra tragedia”, en referencia a la posibilidad de que se limite la cantidad de dólares que pueden sacar de su cuenta las personas que tienen sus ahorros en esa moneda.  

La tercera opción, que es devaluar la moneda, “no sirve de nada, porque mucha gente tiene sus ahorros en dólares, o en córdobas con mantenimiento de valor”, recordando que la reacción del público a una devaluación es que los precios se ajustan rápidamente. “El problema es que tenemos una economía casi completamente dolarizada de facto”, argumentó.

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