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jueves, 13 de septiembre de 2018

¿HABRÁ PAZ?


Por Humberto Belli Pereira / ¿Volverá la paz a Nicaragua? ¿Regresará la normalidad? ¿Se reactivará la economía? Son preguntas importantes que muchos nos hacemos y que ameritan un análisis objetivo. 

Los Ortega Murillo repiten continuamente que sí; que todo está normal y que la economía se está estabilizando. Diciéndolo revelan su intenso afán porque Nicaragua vuelva a ser como antes; una con buen crecimiento, pueblo y estudiantes relativamente tranquilos, armonía con el sector privado, y buena cooperación externa. 

El problema es que no esperan lograrlo a través de cambios o concesiones políticas, sino neutralizando con encarcelamientos masivos a los “puchitos de conspiradores de derecha”.

Es posible que crean que la estrategia les está funcionando. Ya no hay los tranques ni la mortandad de antes. Pero no hay que escarbar para ver que los gobernantes no están queriendo ver realidades y posibilidades muy inquietantes. La economía, lejos de reestablecerse, está y seguirá empeorando: el Banco Central dejó ver sus intenciones de devaluar al otorgarle a su presidente la facultad discrecional de ordenarla. 

Los depósitos bancarios siguen corriéndose y el crédito restringiéndose. Analistas serios prevén un corralito financiero dentro de pocos meses. Ante la incertidumbre actual nadie está pensando en invertir y casi ningún turista en venir. Peor aún; la cooperación externa, tan vital para nuestra economía, está quedando en el suelo ante el desprestigio del gobierno y el cese inminente del financiamiento de las multinacionales. 

Complica el panorama la presencia de un pueblo empobrecido, enfurecido y valiente, enfrentado a la voluntad represiva del gobierno. Esta es una química peligrosa: son cada vez más los millares de jóvenes y pobladores que van perdiendo la fe en la eficacia de la lucha pacífica y que sólo esperan un arma para empuñarla. 

El riesgo de incidentes sangrientos, e incluso de guerra civil, seguirá aumentando en la medida que la represión y la falta de salidas cívicas aumenten entre los más dolidos la tentación de la violencia—que dicho sea de paso ha sido glorificada en los textos escolares que exaltan la historia insurreccional del FSLN.

Ante los posibles estallidos de cólera lo más probable es que el gobierno haga aún más salvaje e indiscriminada su represión. Pero esto sólo alimentará la espiral de violencia. Parece que el orteguismo olvidó como la cruenta represión de Somoza, contra el fallido alzamiento de septiembre de 1978, multiplicó geométricamente los rebeldes.

No nos equivoquemos. De no haber solución política el panorama que se abre es de una noche muy oscura; seremos una Venezuela, con más sangre y pobreza, presidida por una tambaleante dictadura sin petróleo. Esto es algo que deberían de sopesar todos: desde los orteguistas y los militares, hasta el último de los nicaragüenses. Hacia allá vamos.

Se incrementa presión internacional para que cese la represión en Nicaragua y se inicie un diálogo nacional.   La Articulación de Movimientos Sociales y Organizaciones de la Sociedad Civil observa con satisfacción que en las últimas horas se han producido dos eventos internacionales de gran trascendencia para la lucha no violenta del pueblo nicaragüense y que significan un estrepitoso fracaso
de los intentos de la tiranía orteguista de presentarse como víctima y
de hacer aparecer a la ciudadanía como victimaria.

Recibimos con regocijo la resolución de del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) que insta a sus estados miembros a adoptar sanciones contra la dictadura orteguista. Demanda al régimen asumir una solución política mediante un diálogo nacional, adelantar las elecciones, así como restablecer un Estado de Derecho y la protección de los derechos humanos.

Así mismo, la resolución del Consejo Permanente lamenta el rechazo a
cooperar con el Grupo de Trabajo de la OEA e insta a Ortega a
reconsiderar su decisión para la búsqueda de soluciones pacíficas y
sostenibles en el país. El punto siete de la resolución de ocho puntos
promovida por Canadá, abre las puertas para que se produzcan sanciones
de distinto tipo para la familia Ortega-Murillo.

También es un importante acompañamiento a la lucha pacífica del pueblo
nicaragüense, que 36 países de América y Europa del Consejo de Derechos
Humanos de la Organizaciones de las Naciones Unidas (ONU), hayan exigido
este martes el cese inmediato del uso desproporcionado de la fuerza, los
asesinatos extrajudiciales, las desapariciones forzadas, las detenciones
ilegales y arbitrarias, la negación del acceso a servicios médicos, la
violación a las libertades de asociación y expresión pacíficas, la
criminalización de defensores de los derechos humanos, periodistas,
estudiantes y manifestantes".

El pronunciamiento emitido por estas naciones en el marco del 39º
periodo de sesiones del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, expresa
su preocupación por la crisis en nuestro país e insta "a reactivar el
diálogo nacional en Nicaragua, en un clima de respeto a las libertades
fundamentales, que involucre a todas las partes para generar soluciones
pacíficas y sostenibles". 

Estos últimos acontecimientos en la arena internacional muestran de cuerpo entero a una dictadura Ortega-Murillo rechazada por el concierto
mundial de las naciones, por asesinar, torturar y reprimir a su pueblo,
y que está creciendo el clima de presión para que se abra a una solución
política negociada.

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