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viernes, 7 de septiembre de 2018

ONU pone en “tablero internacional” la crisis violenta de Nicaragua.


Tomado de Confidencial / La sesión informativa sostenida por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) este miércoles colocó en el radar internacional la crisis sociopolítica de Nicaragua, amplió más el aislamiento del régimen de Daniel Ortega y abre las puertas para la invocación de sanciones o, en el caso más extremo, para el involucramiento de la Corte Penal Internacional.

“El Consejo de Seguridad no puede ser un observador pasivo mientras Nicaragua sigue descendiendo hacia un Estado fallido, corrupto y dictatorial, porque sabemos a donde lleva ese camino”, dijo Nikki Haley, embajadora estadounidense en la ONU, país que presidió la reunión.

La crisis nicaragüense fue llevada al Consejo de Seguridad por Estados Unidos, que este mes preside ese espacio. La embajadora Haley junto a sus aliados denunciaron la represión y la brutalidad del régimen de Daniel Ortega contra la rebelión cívica. 

Remarcaron los informes preparados por la Comisión Interamericana de de Derechos Humanos (CIDH) y la Oficina del Alto Comisionados para los Derechos Humanos de la ONU, que coincidieron en la sistemática violación de los derechos humanos que ha dejado más de 320 muertos.

“Lo que aconteció es extraordinario debido a que la máxima autoridad política de ONU —que solo trata de asuntos de interés y preocupación global— abrió un espacio en su apretada agenda para examinar la situación de Nicaragua”, dijo José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch, a Confidencial. 

“El propósito de esta primera sesión se cumplió plenamente: se informó al Consejo de Seguridad sobre la brutal represión en Nicaragua que ha causado cientos de muertos, miles de heridos y ha forzado a decenas de miles de personas a huir del país”.

El ex vicecanciller Víctor Hugo Tinoco afirmó que la sesión puso “en el tablero mundial” la crisis política y de derechos humanos que atraviesa Nicaragua, y evidencia que ya dejó de ser un problema regional. “Además, es un gran respaldo para el pueblo que lucha en las calles por un país más democrático. Es un espaldarazo”, dijo Tinoco.

Alejandro Bendaña, embajador alterno ante la ONU en la década del 80, destacó que la sesión puso en el radar del sistema de Naciones Unidas la “crueldad” ejercida por el gobierno de Daniel Ortega como un asunto que afecta “la paz internacional”.

“Al estar en ese radar, la ONU es la única que puede tomar medidas de fuerza y es en el Consejo de Seguridad donde se pronuncian políticamente las grandes potencias que los controlan”, dijo Bendaña. “Es un golpe significativo para el régimen. Terminó de sellarse el aislamiento a nivel internacional”, agregó.

Vivanco aseguró que tras esta sesión informativa la crisis nicaragüense queda en la agenda de la ONU, y el Consejo de de Seguridad se pronuncie para condenar y demandar a las autoridades del gobierno de Ortega para que cooperen plenamente con los organismos de derechos humanos.

“El Consejo de Seguridad tiene un rol central que jugar en el desmantelamiento de hampones  pro gobierno y paramilitares que han operado en conjunto con la policía para aterrorizar a la población. Si las violaciones de derechos humanos continúan impunes, el Consejo debería actuar para imponer sanciones contra los altos mandos responsables por los abusos, entre los cuales deberían figurar el Presidente Ortega, en calidad de jefe supremo de la policía, el director de la policía Francisco Díaz y el inspector general Jaime Vanegas”, dijo Vivanco.

De los 15 países que conforman el Consejo de Seguridad de la ONU, solo cinco se pronunciaron a favor del régimen de Ortega o decidieron guardar distancia de la discusión como China. La potencia asiática alegó que la crisis nicaragüense no debió haber sido abordada en ese espacio al no representar una amenaza para la paz y la seguridad mundial.

Los otros países miembros que secundaron la represión de Ortega fueron Kasajistán, Etiopía, Bolivia y Rusia. El representante moscovita lideró el apoyo hacia el gobierno de Ortega. En un discurso de tintes históricos, el embajador ruso Vasily Nebenzi acusó a Estados Unidos de injerencismo en perjuicio de Nicaragua.

“No es un secreto para nadie que la línea subversiva de Washington contra Managua tiene una larga historia”, dijo Nebenzi. “No podemos dejar de mencionar ejemplos de la injerencia de Washington en asuntos internos en otros estados latinoamericanos. 

Los cubanos recuerdan perfectamente la invasión de la Bahía de Cochinos, es poco probable que los chilenos olviden el papel de Estados Unidos en el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende y los venezolanos, aún escuchan amenazas directas de usar la fuerza militar, lo cual es una grave violación de la Carta de Naciones Unida”, añadió.

El canciller Denis Moncada, como represente del gobierno de Ortega, se plegó al guion ruso del injerencismo. En su breve intervención no hizo alusión a la narración oficial del régimen, de lo que sucedió en Nicaragua se trató de un “golpe de Estado” y de terrorismo, como la ha hecho en la OEA.

“Demandamos y exigimos el cese de toda política injerencista que viola el Derecho Internacional. Existe consenso en este Consejo de Seguridad, en que Nicaragua no representa una amenaza a la paz y la seguridad internacionales. Por tanto, su inclusión en esta reunión es una clara injerencia en los asuntos internos de Nicaragua”, dijo Moncada.

El exvicecanciller José Pallais dijo que la posición rusa era “normal y de esperar”. Pero que lo llamativo fue el cambio de discurso de Moncada, que habló de injerencismo para tratar “de colocarse en un conflicto geopolítico entre Rusia y Estados Unidos”, y quitarle presión a la exigencia de los países del Consejo Permanente críticos de que la salida a la crisis debe ser a través del diálogo mediado por la Conferencia Episcopal.

Horas después de finalizada la sesión en Nueva York, el comandante Daniel Ortega salió a dar un discurso en un acto partidario antes simpatizantes del gobernante FSLN, que se tomaron algunas de las principales rotondas del país, que prácticamente fueron militarizadas, con un estricto control de circulación vehicular a cargo de la Policía Nacional.

Ortega no hizo mención de la reunión del Consejo de Seguridad, pero ancló su discurso con el mismo argumento de la injerencia en asuntos internos, y señaló directamente a Estados Unidos.

“¿Qué le decimos a los Estados Unidos de Norteamérica? Les decimos que si quieren ayudarle al pueblo nicaragüense, que si quieren contribuir a la paz, es no meterse con Nicaragua, respetar a Nicaragua”, aseguró Ortega. “Le decimos a los gobernantes norteamericanos, a los congresistas, que si quieren contribuir con la paz de Nicaragua, que respeten a Nicaragua como una nación soberana”, redundó el mandatario sandinista.

El exembajador Alejandro Bendaña cree que esta nuevo viraje en el discurso del régimen responda a una estrategia para “bilaterizar” el conflicto interno con los Estados Unidos.

“Quiere elevarlo como en el tiempo de la guerra fría a una confrontación directa contra los Estados Unidos. Es decir, su discurso se ha endurecido. Ya no es un conflicto interno, sino entre la potencia imperial y la pobre Nicaragua. Ponerse en el papel de víctima y entonces los organismos en ese guion solo aparecen como palancas de la gran potencia, como instrumento”, explicó Bendaña.

Sin embargo, los países críticos aseguraron que la crisis nicaragüense sí pone en riesgo la seguridad y la estabilidad regional. Costa Rica expresó que la crisis nicaragüense ha tenido “graves” afectaciones para ellos en “aspectos migratorios, sociales y económicos”.

“La profundización de la crisis política, social y económica en Nicaragua, la represión y el irrespeto a las libertades fundamentales y los derechos humanos por parte de las autoridades tienen el potencial para una crisis de escalamiento ilimitado, con impacto directo en la estabilidad y devenir del desarrollo de Centroamérica”, dijo el embajador tico Rodrigo Alberto Carazo.

El diplomático tico señaló que “el número de migrantes nicaragüenses ha aumentado significativamente”, asimismo resaltó que las solicitudes de refugio pasaron de cuatro en enero pasado a 4.074 durante el mes de agosto.“En total, durante los primeros ocho meses de este año se han recibido más de 12.830 solicitudes de refugio”, dijo Carazo.

Reino Unido, Francia, Kuwait, Perú, Países Bajos, Costa de Marfil, Polonia Suecia y Guinea Ecuatorial fueron los países del Consejo Permanente que se pronunciaron a favor de Nicaragua.

“A Ortega solo lo apoyaron países que le incomodan la fiscalización de los derechos humanos”, aseveró Carlos Tünnermann, exembajador de Nicaragua ante Washington, y miembro de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia.

La representante estadounidense fue la más crítica con el Gobierno de Ortega, pero otros países denunciaron también la represión por parte de las autoridades y expresaron su preocupación por el alto número de víctimas registrado desde el inicio de las protestas el pasado abril. Esa fue la postura, por ejemplo, de Francia, Holanda y otros miembros de la Unión Europea (UE), así como de Perú, uno de los dos países latinoamericanos del Consejo de Seguridad.

El embajador peruano, Gustavo Meza-Cuadra, condenó entre otras cosas “los actos de represión y violaciones de derechos humanos cometidos por la policía y los grupos paramilitares”. Esas acciones, recordó, “incluyen ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas de personas, casos de tortura y de violencia sexual en los centros de detención, así como ataques en contra del clero”.

De acuerdo a Tünnermann, esta sesión informativa le mete “presión” al gobierno de Ortega a nivel internacional, y aseguro que el tema de la crisis ya queda en las agendas de la ONU para que pueda, incluso, discutirla el Consejo de Derechos Humanos.

Alejandro Bendaña añadió que la crisis nicaragüense pasa al escenario de Ginebra, Suiza, donde el Consejo de Derechos Humanos de la ONU puede llevar el tema de manera prioritaria.

“Cuando menos saldría una relatoría, una misión especial para Nicaragua que lo compongan los países y no solo la oficina del alto comisionado para los derechos humanos… Incluso puede que salga una resolución vinculante, y en caso de que no se, acate el Consejo de Derechos Humanos lo puede informar al Consejo Seguridad o a la Corte Internacional para que declaren a Ortega como un delincuente. Los delitos de lesa humanidad son imprescriptibles”, explicó Bendaña.


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