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miércoles, 13 de febrero de 2019

Dos millones de milicianos estarían dispuestos a morir por la revolución bolivariana: ¿qué tan peligrosos son?


Caracas Venezuela / Yahoo noticias - La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) tiene unos 150.000 militares activos en sus 4 componentes profesionales: el ejército, la aviación, la armada y la guardia nacional.

Pero el mandatario venezolano Nicolás Maduro tiene un as bajo la manga para demostrar su poderío militar: la milicia, un quinto componente de casi dos millones de reservistas civiles que dicen estar dispuestos a morir para defender la revolución bolivariana.

Los espectadores internacionales que han comenzado a seguir la crisis venezolana en los últimos meses se asombran de la magnitud de esta fuerza paramilitar, pero para los venezolanos no es cosa nueva.

Los civiles se han acostumbrado a ver milicianos en dependencias gubernamentales desde hace diez años, cuando el líder revolucionario Hugo Chávez creó este “cuerpo especial” al promulgar la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en 2008.

Su primera misión visible fue “resguardar” las entradas de los centros hospitalarios de personas incómodas para el gobierno como periodistas o miembros de los sindicatos sanitarios, quienes iban para denunciar las pésimas condiciones de los enfermos y los trabajadores. Luego los milicianos fueron asignaron como cajeros en supermercados abarrotados de personas en busca de productos escasos. Y por último los incorporaron en actividades que por ley sólo dependen de la FANB profesional, como la vigilancia de los centros electorales.

Al inicio parecía sencillo distinguir a los milicianos de los jóvenes cadetes que entrenaban rigurosamente en los cuarteles. El único requisito exigido para pertenecer a este cuerpo que depende directamente de la Presidencia es ser venezolano, mayor de edad, y tener ganas de “servir a la revolución bolivariana”. Por eso es que es común ver mujeres y hombres de todas las edades.

Pero no todos los milicianos llevan abiertamente el uniforme de camuflaje y participan en los entrenamientos militares a la vista de todos.

Una porción de este componente se dedica a las labores “preventivas”, que son coordinadas por los servicios de inteligencia y contrainteligencia de la revolución. Se trata de los llamados “compatriotas cooperantes” que identifican y delatan a los compañeros de trabajo, vecinos y familiares que no están de acuerdo con la revolución.

Las consecuencias de una acusación de un compatriota cooperante pueden ser devastadoras para una familia que depende de la ayuda gubernamental para cubrir sus necesidades básicas, en un país donde el salario mínimo ronda los 5 dólares mensuales y la tasa de inflación anual alcanzará los 10.000.000 % al cierre del 2019.  El segundo objetivo de la milicia bolivariana es defender a la patria ante cualquier injerencia extranjera.

“No es difícil defender a la patria. Tenerle amor a la patria es lo más bonito que podemos tener”, dijo sonriente la miliciana Diana Ramos a la cadena Telesur. Para la celebración del noveno aniversario de la milicia celebrado en abril del 2018 ya poseía el rango de teniente.

Desde entonces, el gobierno de Maduro fue declarado ilegítimo por la Asamblea Nacional de Venezuela, constituida mayoritariamente por diputados de la oposición. El pasado 23 de enero, el líder de ese cuerpo legislativo, Juan Guaidó, asumió la presidencia interina de Venezuela y declaró a Maduro como un usurpador por haberse aferrado al poder después de unas elecciones fraudulentas.

Una veintena de países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, España, Alemania, Brasil, Canadá, Argentina, Colombia, Chile, Perú, Panamá, Costa Rica han reconocido a Guaidó como presidente provisional de Venezuela mientras se forma un gobierno de transición que restituya la separación de poderes y convoque unas elecciones libres.

Maduro se ha negado de manera rotunda a la solicitud de la Asamblea a convocar unos comicios presidenciales y advirtió al presidente estadounidense Donald Trump y a los líderes de las naciones que respaldan a Guaidó que si insisten en amenazar a su gobierno Venezuela podría convertirse en otra Vietnam. De inmediato, la televisora oficial mostró a Maduro entrenando junto a efectivos de los cuerpos militares y convocando a los milicianos a defender al país del “intervencionismo yanqui”.

El objetivo es sumar dos millones de milicianos activos a la FANB para conmemorar el décimo aniversario de la milicia en 2019. Para lograrlo, Maduro ha ordenado la apertura de 2.120 centros que funcionan como bases militares para la defensa integral. “Allí llega nuestro pueblo de manera voluntaria a sumarse a la meta que nos diera el comandante Nicolás Maduro Moros”, dijo el general de división de la Milicia, Javier Pérez, en el sureño estado Bolívar.

Entretanto, Maduro encabezó los ejercicios cívico-militares “Bicentenario de Angostura 2019” que tienen la finalidad de amalgamar las estrategias de la FANB con la milicia, que está integrada por civiles con poco entrenamiento y nula disciplina militar.

“Aquí hay Fuerza Armada y aquí hay pueblo para defender el honor, la dignidad y el decoro de una Patria que tiene más de 200 años luchando por su futuro ¡Fuera Donald Trump, fuera sus amenazas!”, expresó Maduro en el Fuerte Militar Guaicaipuro, ubicado en Charallave, a unos 50 kilómetros al sur de Caracas.
Los ejercicios militares, que se extenderán hasta el 15 de febrero, se han celebrado en todas las regiones del país.

En una playa de la Isla de Margarita, conocida como uno de los destinos turísticos más atractivos del país, los pescadores dejaron sus lanchas y sus redes para participar en los simulacros de defensa.

Para que estas prácticas bélicas tengan éxito es necesario la presencia de dos autoridades: un comandante militar que coordine el entrenamiento y permita el uso de equipos y armamento; y un alcalde o gobernador que permita y estimule la incorporación de funcionarios públicos en actividades castrenses.

En el caso de Nueva Esparta, contaron con el liderazgo del almirante Eladio Jiménez Rattia, Comandante de la Región de Defensa Integral Nueva Esparta, y de la alcaldesa del municipio Marcano, Karina Aguilera.

Y es la articulación del poder militar con las autoridades civiles lo que convierte a las milicias en un componente potencialmente peligroso para la paz del país. El ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, ha dicho repetidamente que la milicia “representa la bisagra” entre el pueblo y las Fuerzas Armadas.

Desde el punto de vista operativo, las milicias funcionan en dos niveles: el primero es la Reserva Nacional, que existe en muchos países del mundo, y lo forman todos los venezolanos que no están prestando servicio militar activo, o que lo prestaron y pueden ser llamados en una situación de emergencia o guerra a defender a la nación.

El segundo nivel es el de las milicias que vemos entrenando, que son una especie de fuerza paramilitar, que se organizan por unidades geográficas, cuando los adscritos no pertenecen a ninguna institución del gobierno, o por cuerpos de combatientes, organizados desde las alcaldías, gobernaciones o ministerios.

Ningún organismo ha podido verificar de manera independiente si Maduro está cerca de alcanzar entre sus filas a dos millones de milicianos. Si esa cifra fuera cierta, al menos 3 de cada 10 personas que supuestamente eligieron a Maduro en las elecciones del 20 de mayo de 2018 estarían dispuestos a ir a la guerra por él.

Pero pocos analistas creen que Maduro ganó de buena lid los 6,2 millones de votos para gobernar Venezuela hasta el 2025. Los comicios fueron denunciados por el Alto Organismo de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Australia, Japón, Suiza y los países del Grupo de Lima por no ser justos ni transparentes.

Para asegurar su triunfo, un Consejo Nacional Electoral complaciente con Maduro convocó unas elecciones adelantadas, donde los principales políticos de la oposición se encontraban presos o inhabilitados para presentarse como candidatos.

Más allá de las cifras, analistas aseguran que la principal lealtad de los funcionarios públicos no está con Maduro sino con sus familias, ya que la permanencia de sus empleos, jubilación y programas de subsidios como el Clap, en el que el gobierno reparte bolsas de comida para suplir las grandes carencias de la población, dependen de mostrar su respaldo al proceso revolucionario.

A pesar de su estirpe militar, Guaidó no ha tenido ningún éxito en su llamado a la FANB para sumarse al “lado correcto de la historia”.

Con algunas excepciones en los rangos medios y bajos, todo el alto mando militar sigue fiel a Maduro. Desde el ministro de Defensa, Padrino López, pasando por el comandante estratégico operacional Remigio Ceballos, el jefe del Estado Mayor, José Adelino Ornelas Ferreira, el comandante General del Ejército, Jesús Suárez Chourio, hasta el comandante de la Guardia Nacional Bolivariana Richard López Vargas.

Nada ha funcionado para convencer a la FANB a que juren lealtad a Guaidó. Ni la Ley de Amnistía, aprobada por la Asamblea Nacional para todos los funcionarios que colaboren con el retorno de la democracia en Venezuela, ni las tentadoras ofertas colocadas por Estados Unidos en bandeja de plata para los militares que se atrevan a desconocer a Maduro como su comandante en jefe.

“Estados Unidos considerará una exención de sanciones para cualquier oficial militar venezolano de alto rango que defienda la democracia y reconozca al gobierno constitucional del presidente Juan Guaidó”, dijo la semana pasara el asesor de Seguridad Nacional estadounidense, John Bolton.

Guaidó ha asegurado que 20.000 venezolanos viajarán a las fronteras con Colombia y Brasil para recibir la ayuda humanitaria que necesitan unos 300.000 venezolanos en riesgo de morir por falta de alimentos o medicinas.

Pero los efectivos militares a las órdenes de Maduro se encuentran en estado de alerta, atentos para bloquear la entrada de los insumos. Uno de los bloqueos se encuentra en el puente Tienditas, que aún no ha sido inaugurado y que unirá la ciudad colombiana de Cúcuta con la población venezolana de Ureña.

Por ahora el juego parece estar trancado entre dos millones de venezolanos armados al servicio de la revolución, y los otros que preferirían ir a elecciones y resolver las diferencias en paz.

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