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domingo, 10 de febrero de 2019

El régimen Ortega Murillo: ¿A qué juega?


Por Oscar-René Vargas / ¿Cuáles son las características principales de Nicaragua que atraviesan toda su historia? La ignorancia de las grandes mayorías analfabetas o analfabetas funcionales; un atraso político y cultural de las clases dominantes; una modernización incompleta y desigual; un Estado erosionado por la pobreza y la desigualdad; una burguesía local y oligarquía dependiente del capital internacional; el terrorismo de Estado, la represión constante y constelada de asesinatos, matanzas y encarcelamientos masivos de líderes sociales promovido por los regímenes dictatoriales; y un movimiento sindical limitado, burocratizado y dependiente del partido de gobierno.

Es también el país donde la miseria y el atraso cultural de amplios sectores de la población los llevan a vender sus votos; donde la violencia cotidiana contra las mujeres es feroz; donde el reclutamiento de masas para la delincuencia de todo tipo se realiza todos los días; donde la podredumbre de sectores de la clase dominante es tal, que se entremezclan con los delincuentes de “cuello blanco” y hacen de la corrupción y el robo su modo de vida.

El deterioro de la economía y la mala gestión en la administración gubernamental es otra debilidad del régimen Ortega-Murillo. Desempleo, caída del poder adquisitivo, deterioro del sistema de salud, empobrecimiento de la clase media. Situación que también sufren los seguidores del gobierno dictatorial.

Cifras del Banco Central de Nicaragua (BCN), muestran una caída del PIB, de -4.0% a -4.5% en 2018. Para el 2019, si la situación sociopolítica no se resuelve, se calcula de una contracción del PIB entre -7.0% a -11.0%. Hay un retroceso en todos los segmentos de la economía que se ha contraído en 2018.

Otros elementos permiten catalogar la situación actual como “crítica”, son la salida del 28% de los depósitos privados del país; la pérdida del 30% de las reservas internacionales, y el 13% de contracción del crédito. Los depósitos en dólares representaban más del 70.6% del total al cierre de diciembre 2018.

Producto de la crisis sociopolítica, el país perdió US$ 1.255 millones de dólares en 2018. La deuda externa nicaragüense alcanzó los US$ 11.735,2 millones de dólares al final del tercer trimestre de 2018, equivalente al 88.5 por ciento del producto interno bruto (PIB).

La política del gobierno ha destruido la economía. Sobre todo, después del anuncio de Ortega-Murillo, el 04 de febrero 2019, por medio del cual tratan de implantar a la fuerza un “paquetazo” económico que sería la envidia de cualquier programa neoliberal en el mundo.

El país está al borde de un abismo, fundamentalmente porque la situación socioeconómica del régimen es insostenible. Ha hecho que confluyan todos los elementos para una tormenta perfecta. Ha violado la Constitución Política, ha abusado de su poder, se ha convertido en un gobierno autoritario/dictatorial, ha cerrado todas las válvulas del juego democrático, ha actuado con mucha violencia, pero además ha sido un incapaz en la gestión gubernamental adecuada, en particular económica. Estamos ante una grave coyuntura.

No hay pasión en sus bases partidarias, la gente sabe que Ortega-Murillo no representan al sandinismo original. La dictadura ha invertido dinero en establecer mecanismos de control social a través de los proyectos sociales, y ha creado una estructura de clientelismo político que no tiene nada que ver con el sandinismo.

Ortega-Murillo han perdido el fervor popular, pocos los apoyan. La gente va obligatoriamente a las marchas y manifestaciones gubernamentales, principalmente los funcionarios del sector público, coaccionados por unas listas de persecución. Es evidente que el sector mayoritario de la población, por lo menos en las expresiones de la calle, está sobre todo a favor de que Ortega se vaya, de que salga del poder. Lo único que le queda es seguir recurriendo a la represión y estar escondido tras los pantalones de las fuerzas policiales y paramilitares.

Un fantasma recorre al régimen Ortega-Murillo en descomposición, el fantasma de la renuncia de otros funcionarios. Esa sombra espectral, en un inicio difusa y hoy más nítida; tuvo su primer éxito con la renuncia/denuncia del ex magistrado Rafael Solís.

Solís ha sabido leer y aprovechar muy bien el momento gramsciano donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Un momento histórico de crisis terminal del régimen, donde el proyecto de consolidar la dictadura dinástica de las élites de la “nueva clase” ha entrado en agonía.

A la luz de la correlación de fuerzas geopolíticas e internacionales, es obvio, que el régimen Ortega-Murillo perdió la guerra. No tiene más salvación que una salida negociada. No hay forma de evitar que la actual fase post-Ortega, iniciada a principios de enero 2019, culmine en elecciones generales adelantadas.

Funcionarios de alto nivel del gobierno norteamericano, expertos en situaciones de crisis, se reunieron a puerta cerrada con Ortega-Murillo. El mensaje norteamericano al gobierno: es necesario democracia, respeto a los derechos humanos, libertad para los presos políticos y elecciones adelantadas. Toda negociación con los EEUU gira en torno a las condiciones de salida y a la fase de transición.

Al mismo tiempo, Eurodiputados visitaron Nicaragua y se reunieron con Ortega-Murillo. Al terminar su estadía, declararon estar en desacuerdo con la política represiva del régimen, y pidieron libertad para los presos políticos y elecciones adelantadas.

La dictadura Ortega-Murillo descubrió, desde en el mes de junio/julio 2018, que cumplir su palabra a los norteamericanos levantaba tanta oposición al interior de sus seguidores y aliados (externos e internos), que tiene que actuar, públicamente, renegando de su promesa.

Desde esa fecha, para algunos ha transcurrido un tiempo muy corto, y para otros ha sido un tiempo extremadamente largo. En mi opinión, desde el momento del origen de la crisis sociopolítica (abril 2018) en la que estamos embrollados al presente (febrero 2019), han pasado por lo menos varios meses desaprovechados para encontrar una solución pacífica a la crisis, que se ha deteriorado rápidamente en menoscabo de toda la población.

Uno no puede entender la posición de Ortega-Murillo y de sus múltiples aliados económicos y políticos, a no ser que entendamos que representan diferentes modos de pensar de cómo enfrentar la crisis sociopolítica y, a la vez, evitar las consecuencias negativas que conlleva el dejar de controlar el poder total.

La única forma en que Ortega-Murillo puede cumplir las promesas hechas a los norteamericanos es renunciando a la implementación de la política autoritaria y anunciado el fin de la represión. Hacer esto será en extremo doloroso no sólo para el círculo íntimo de poder, sino para casi todos los que viven de los beneficios del poder presidencial. No hay manera de que el régimen pueda evitarlo. La pérdida será severa e inmediata. Pero esta es la situación menos dolorosa para el país.

No hay ninguna buena opción para Ortega-Murillo y sus seguidores, no hay opción indolora, sólo un ajuste de largo plazo hacia una situación más democrática, que significa pérdida de poder y de los beneficios que han gozado en los últimos años.
La agudización de la crisis de Venezuela tiene repercusión negativa política y económicamente para el régimen Ortega-Murillo, a través del bloqueo a ALBANISA vía PDVSA. La solución de la crisis venezolana define, en parte, el futuro de Ortega-Murillo.

Las sanciones contra PDVSA anunciadas por el Departamento del Tesoro, también prohíben a las entidades estadounidenses cualquier operación con ALBANISA, empresa privada mixta donde la petrolera estatal venezolana PDVSA posee el 51% de las acciones, y el restante 49% está a cargo de la estatal Petróleos de Nicaragua (PETRONIC).

La lealtad del Ejército. El poder de los militares es importante, tienen el monopolio de las armas, tienen acceso a la gestión pública, ministerios, bancos, empresas, universidades, etcétera.

¿Existe la posibilidad de que la cúpula militar abandone al régimen Ortega-Murillo? ¿Es posible que un sector pragmático le dé la espalda? Yo no creo que vayan a hacer nada. Los altos oficiales están decididos a sostener el modelo, ya que ellos también se han beneficiado de los favores del régimen de compadrazgo.

No conozco a la mayoría de esos altos oficiales que están al frente del aparato institucional, no tanto en la cúpula, sino los mandos militares que tienen el control de las tropas. Ellos están impregnados de la doctrina de conservar la institución castrense. ¿Podrán en peligro la institución por mantener al régimen?

Creo que, en algún momento, cuando el juego político siga trancado, los mandos militares van a entender que tienen que dar un paso al frente y restituir el hilo constitucional. No tienen por qué inmolarse defendiendo a Ortega, porque no solo está actuando al margen de la Constitución, sino que ha cometido graves violaciones de derechos humanos y está conduciendo al país a la debacle.

Presión del movimiento social. Ortega no puede obviar la presión social. Actualmente está en un momento bajo, en relación al del apoyo popular que tuvo al inicio de 2007. Ortega está obligado a negociar, pero no entregará el poder por la simple repetición de marchas callejeras.

Con la política económica que el régimen quiere implementar a través de su programa de ajuste estructural, que es consecuencia de su mala gestión y del despilfarro y la corrupción generalizada en las instituciones estatales, el gobierno se verá obligado a despedir a miles de empleados públicos. Ortega no puede mantenerse sin elecciones hasta el 2021.

Crisis en el partido de gobierno. Por el abandono de muchos principios originales, y por su sectarismo, su arrogancia, su negativa a renovarse, y con los principales cuadros señalados como corruptos, el partido de gobierno dejó de ser un partido progresista. Aunque han impulsado algunos proyectos sociales, a la vez, los han usado para enriquecerse. Recurren al pasado sin mirar hacia el futuro, y esto hace que el FSLN se encuentre encallado. A pesar del aislamiento internacional, Ortega puede sobrevivir, pero su margen de acción se vuelve cada día más estrecho por la recesión económica.

Los escenarios posibles. A pesar del delicado contexto interno e internacional, Ortega-Murillo siguen considerando la política como un campo de batalla. El principal objetivo del régimen es prolongar su estadía en el poder, ya que la indefinición actual (status quo) puede resultar muy problemática para la oposición y favorable para Ortega-Murillo.

Su objetivo principal es que todo siga igual. A estas alturas que nada cambie parece improbable. Sobre todo, por el aislamiento internacional, la profundización de la crisis económica, el incremento del descontento social y porque el mercado norteamericano hace al país muy vulnerable a cualquier sanción emprendida por EEUU. El derrumbe de la economía crea serios interrogantes sobre el acompañamiento social a la política gubernamental. Esta adversidad de la economía ha sido agravada por la improvisación, inhabilidad, torpeza e ineptitud del gobierno. Toda la sociedad nicaragüense estará desgarrada por un posible colapso mayúsculo del ingreso.

Sin embargo, el régimen está esperanzado en que la crisis venezolana que ha pasado a primer plano a nivel internacional ha situado a Nicaragua en segundo o tercer plano; creen que el tiempo que tarde en resolverse la crisis en Venezuela puede restar fuerza a la acción diplomática contra el régimen Ortega-Murillo. Mientras tanto, internamente siguen reprimiendo para acallar, adormecer, anestesiar cualquier protesta.

Nuevas elecciones adelantadas convocadas por Ortega. La convocatoria de elecciones adelantadas libres y transparentes tal como reclaman los movimientos sociales y los organismos internacionales, implicaría un debilitamiento del régimen Ortega-Murillo ya que perdería poder.

Es necesario elaborar un nuevo registro electoral, cambiar a los magistrados de la CSE y prepara la una votación transparente y con apertura y conteo de todos los votos con supervisión nacional e internacional. Paralelamente se puede establecer una mesa de diálogo, en la cual el gobierno y el movimiento opositor se pongan de acuerdo sobre otras reformas fundamentales.

Opción militar. Ya sea que el ejército golpea la mesa o se produce una acción armada extranjera. Es la alternativa no deseada y menos probable.

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