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lunes, 18 de febrero de 2019

Mutación política de Ortega.


Por  Oscar-René Vargas / La política tradicional es el reino de las palabras que callan y de los silencios que dicen. Dice más un silencio que lo que se dice en un discurso político. La política tradicional ha sido el reino de la inautenticidad, el reino de la falta de expresión genuina y del engaño, donde se adultera, se falsifica, se tergiversa y se mixtifica la realidad.

Para Ortega y los políticos tradicionales, la política ha sido el reino donde la palabra ya no sirve para expresar una idea, sino para encubrir una acción. Es el ámbito, donde la palabra se utiliza para engañar y/o desnaturalizar una acción, porque lo que debe expresarse se calla. Muy raramente hay coincidencia entre sus palabras y la realidad.

Cuando Ortega habla distorsiona la realidad, huye de ella, la minimiza o le da vuelta. Por costumbre dice lo que no hay que decir y no dice lo que sí hay que decir. Ese ocultar, ese desfigurar, es un dogma de la visión política de Ortega. Olvida el valor que tiene la congruencia entre la palabra, el pensamiento y la acción.

La mutación política de Ortega ha sido como el cambio de piel de una serpiente. Cuando el animal ha crecido, la vieja piel que estorba debe ser abandonada. En los ofidios, la capa córnea de la epidermis es abandonada como un manto viejo que conserva la forma de su último ocupante.

La operación de mutación de Ortega es regulada por los cambios políticos endógenos. La vieja camisa política-ideológica quedó atrás como vestigio de una etapa de crecimiento, mientras emerge un animal político revestido de una nueva y más eficaz envoltura.

Ortega ha demostrado que tiene una gran capacidad de adaptación que le permite abandonar la vieja ideología epidérmica cuando ya no le es funcional. Durante los años 1979-1990 de ascenso de la lucha social se declaraba abanderado del “socialismo real”.

Después de la desaparición de la URSS decidió renunciar al proyecto socialista. Todo cambió cuando la derrota política lo dejó sin estrategia y el partido decreció en los sectores populares. A partir de 1990, la metamorfosis de Ortega ocurrió en la sombra y se adaptó a las políticas neoliberales.

Ortega no tuvo empacho en desmantelar al partido de sus principales cuadros y vaciarlo de una política social progresista. Para cuando Ortega recuperó el poder en 2007 la serpiente ya ostentaba otra envoltura.

A partir de los años noventa, a base de asonadas, huelgas y pactos, Ortega fue recuperando pedazos del Estado, colocando a miembros de su círculo íntimo en las instituciones gubernamentales. En su relación con Alemán y sus allegados, Ortega aplicó la lógica que las leyes son como las telarañas que detienen a las moscas, pero no detienen a los cuervos.

Ortega tuvo que ceder mayores espacios en la política económica a favor de la vieja oligarquía y la burguesía tradicional, lo cual desencadenó un reflujo de las fuerzas populares y provocó la crisis de identidad política del sandinismo original.

Muy pronto Ortega se percató de que podía despojarse de la piel que le había servido en la etapa de la revolución social y que a partir de la derrota electoral (1990) se le había vuelto un estorbo.

¿Qué clase de criatura emerge de esta muda de piel? Surge el estado corporativo de la alianza con el gran capital hegemonizado por la familia presidencial. El Ortega neoliberal, en su nuevo ropaje, se transforma en dictador.

Ortega goza del apoyo incondicional de la nueva clase, enriquecida al amparo del gobierno, que se han vuelto “untuosos, suntuosos y presuntuosos”. Se consolidó el poder de la “nueva clase” mientras el proyecto democrático se debilitaba.

Ortega fue concentrando poderes y preparándose para su sucesión, imponiendo una jerarquía bajo su mando, tanto en el ejército, la policía, el poder judicial y en todo el aparato del estado.

Poco a poco, en alianza con el gran capital, consolidó un gobierno autoritario, centralizado y represivo, para continuar en el poder de manera indefinida ya sea él, su mujer o su hijo: una dictadura dinástica.

Desde abril 2018, la mutación política de Ortega lo ha llevado a mentir descaradamente. Oculta la verdad, disfraza la verdad. La mentira se ha convertido en el arma principal de su estrategia política. El objetivo de la mentira consiste en manipular hechos para justificar decisiones.

Para el régimen Ortega-Murillo considera que todo vale para conservar el poder: la presión, el engaño, la mentira, la intriga, el soborno, las amenazas, la violencia y la represión. En esas condiciones el gobierno degenera en dictadura.

El régimen Ortega-Murillo practican la mentira, el engaño y el timo, apoyados por la propaganda de sus medios de comunicación. Vivimos en un tiempo en el que el régimen ha confundido el arte de negociar con el arte de mentir.

Todos estos elementos que hay que tenerlos presente en las futuras negociaciones que se tienen que realizar para establecer una salida a la actual crisis social, económica y política.

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