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viernes, 8 de febrero de 2019

Reforma tributaria y Seguridad Social.


Por  Oscar-René Vargas. Llama la atención de que el régimen Ortega-Murillo haya puesto a discusión dos decisiones importantes al mismo tiempo: la reforma a la seguridad social y la ley de concertación tributaria o reforma fiscal.

¿Cuál es el propósito de hacerlo? Hay que tomar en cuenta que Ortega entiende la política a través de un prisma militar: la política es la continuación de la guerra por otros medios. Al poner a discusión ambas leyes al mismo tiempo, una de ella suele ser un elemento de distracción y la otra suele ser la más importante por las repercusiones sociales que pueda tener de manera inmediata o por los antecedentes sociopolíticos: recordemos abril 2018.

 Distracción es la acción y efecto de distraer. Se utiliza para entretener o apartar la atención de alguien, de aquello que se decidió como el objetivo más importante, ya sea porque en ese punto no se va a ceder o es el punto débil en un debate público posterior.

 La teoría de la de distracción o del chivo expiatorio pretende explicar la política como el resultado de un conflicto interno: la política de distracción se aplica para distraer de la coyuntura interna el problema principal a discutir; permitiendo, de esta forma, al gobernante, implementar exitosamente la ley que no quiere que sea debatida ampliamente.

 La política de distracción se utiliza ante situaciones complejas. La intensidad y repercusión de las leyes puede ser de menor a mayor conflictividad. La reforma fiscal crea mayor conflictividad social.

 La política de distracción analiza qué ley puede crear las condiciones para ser discutida, y conseguir así un acercamiento con sectores sociales que necesitan discutir las repercusiones de dicha ley de reforma fiscal. En este caso, el régimen Ortega-Murillo quiere provocar un acercamiento con la clase empresarial.

 Esta vez el régimen ha realizado dos acciones simultáneas, al poner a discusión pública dos leyes o reformas de leyes vigentes, a sabiendas de que ambas tienen un efecto negativo para sectores de la población.

 Sin embargo, a la par de la ley de la reforma fiscal que concentra la atención de los empresarios, analistas y público en general, la reforma de la seguridad social pasa a segundo plano y deja de ser el blanco principal de la opinión pública, ya que los impuestos afectan a todos los sectores sociales.

El objetivo del gobierno ha sido que la reforma de la seguridad social no tenga una reacción adversa del gran público, como sucedió en abril 2018.

Hay que tomar en cuenta que la afectación social es limitada a los trabajadores que cotizan en el INSS, equivalente a un 13 por ciento de la población total del país y a los empresarios que tienen trabajadores permanentes.

 Al poner a discusión, al mismo tiempo, las dos leyes en mención, el efecto ha sido que la discusión general se ha centrado en la ley de concertación tributaria que tiene una repercusión en toda la población, ya sea a través de los impuestos directos o indirectos. Toda la población será afectada.

 Con la política de distracción, Ortega trata de maximizar los réditos al mantenerse neutro y dispuesto a negociar con el gran capital algunos puntos de la “ley de concertación tributaria” o reforma fiscal.

 La política de distracción, le permite a Ortega que los medios de comunicación se ocupen del tema de la reforma fiscal y pase a segundo o tercer plano el tema de la crisis sociopolítica o la necesidad de unas elecciones adelantadas. Mientras tanto, Ortega gana tiempo mientras espera el desenlace o el empantanamiento de la crisis venezolana.

 Distraer a los medios de comunicación, abrir la posibilidad de un acercamiento con el gran capital para negociar la reforma fiscal, y evitar una nueva ola de protesta social sobre el tema de la seguridad social, serían los principales objetivos de la política de distracción implementada por Ortega en esta ocasión.

 Con la reforma fiscal, la reforma de la seguridad social, la crisis económica, la posibilidad de una devaluación, etcétera; lo que quiere Ortega es enfriar el ambiente para que el tema de los presos políticos, los muertos y los exiliados pasen a un segundo plano en los medios de comunicación. Todo por la ambición de mantener en el poder a cualquier costo.

 Otro elemento importante en la lógica de Ortega es negociar al borde del abismo. Es decir, cuando él toma conciencia de que no tiene otra salida posible, entonces negocia. Esto es importante tenerlo en cuenta.

 La estrategia del régimen Ortega-Murillo es avanzar lo que más pueda frente a un adversario más débil y desorganizado (la oposición interna). Sin embargo, frente a un adversario más fuerte (los poderes fácticos externos) lo que hace es tratar de ganar tiempo pensando que la coyuntura puede cambiar a su favor: su cálculo es que EEUU se puede empantanar en Venezuela y Nicaragua pasaría a un segundo plano en los intereses inmediatos de la comunidad internacional, y, por lo tanto, bajaría la presión.

El objetivo de poner a discusión ambas leyes ha sido el de ganar tiempo, y desviar la discusión nacional sobre los temas de las elecciones, de los presos políticos y de la justicia, para seguir desorganizando a los líderes juveniles y golpear al capital. Esa fue la estrategia en Contadora y en Esquipulas.

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