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viernes, 1 de marzo de 2019

Análisis de coyuntura radiografía de la crisis económica y sociopolítica en Nicaragua.


La crisis sociopolítica nicaragüense tiene más de 10 meses desde que la rebelión de abril, protagonizada por estudiantes universitarios y población en general, estremeciera,desde la base hasta la cúspide, a la oligarquía política que hemos tenido como clase gobernante durante los últimos 11 años.

La opinión pública revela mucho recelo con respecto a la alianza multisectorial y policlasista que asumió un liderazgo como interlocutora de un gobierno responsable de una ofensiva sin misericordia contra el propio pueblo nicaragüense en atropello a sus derechos humanos universales. El despotismo no tiene color ni bandera política, en cualquiera de sus versiones insulta constantemente a la naturaleza humana transgrediendo sus derechos inherentes a su dignidad y a la razón.

¿Cómo se ha desarrollado la crisis económica? Tras los sucesos iniciados en abril del año pasado, la inseguridad, la desconfianza y la incertidumbre rápidamente reorientaron las expectativas racionales y adaptativas de los agentes económicos en sus decisiones de producción y consumo, ocasionando en el corto plazo una caída en la producción, los ingresos y las ganancias. La caída de la ganancia provocó cierres de empresas y, como consecuencia, desempleo. Finalmente, el desempleo determinó la caída de los salarios, de la propensión marginal a consumir y del poder de compra.

El shock interno desaceleró la actividad económica ante el descenso de la inversión. El capital es altamente nervioso ante las riñas tumultuarias. El inversionista extranjero no arriesgará su dinero allí donde haya inseguridad e inestabilidad sociopolítica. El riesgo país y el riesgo político desmejoraron significativamente. La explosión social y la brutal
represión como respuesta golpearon fuertemente el sector terciario como turismo,
comercio, hoteles, restaurantes y servicios. Se han perdido más de 125,000 puestos de trabajo y la estimación de crecimiento negativo oscila entre –5% y –10%.

El retiro de depósitos en dólares del sistema financiero superó los US$500 millones y la diáspora de nicaragüenses posiblemente supera las 20,000 personas. Esto hace deducir que muchos nicaragüenses cayeron dentro de la línea de pobreza general y extrema por los efectos de la recesión a partir del II trimestre del año pasado. El Gobierno actual ha intentado contrarrestar la crisis económica aplicando política económica; sin embargo, la política económica surte efecto cuando la causa de una crisis es precisamente económica debido a oscilaciones cíclicas, no de orden sociopolítico como es el caso. 

esto se suma el proyecto gubernamental de reforma tributaria que en medio de la crisis es una medida impopular.

¿Cuál es el panorama político? Algunas firmas encuestadoras ya han monitoreado el
desplome de la popularidad y la aprobación del régimen Ortega–Murillo tras su
asilvestrada embestida contra la ciudadanía. Una encuesta de una firma nacional indica que su aprobación no sobrepasó el 20% de los encuestados. Una encuesta informal entre taxistas y pasajeros arrojó que casi el 100% de los consultados coincidió en que la salida a la crisis era convocar elecciones adelantadas como se ha plante.

El gobierno actual es insostenible en términos de legitimidad, aprobación y popularidad. Su principal recurso para continuar ejerciendo funciones es el argumento de las armas. ¡Ni pensemos por un instante en la teoría del dictador benevolente! El manual del dictador indica que un autócrata solamente se sienta a negociar cuando ya tiene la trampa puesta o la soga en su cuello. Su mentalidad es de extremos. Ante esto, se debe actuar con pragmatismo y humanismo beligerante.

Estamos conscientes que la política exige poner en práctica el arte de ponderar entre lo ideal y lo posible. Es un hecho que el FSLN sigue controlando los poderes públicos y ha conseguido por medio de la fuerza policiaca y parapoliciaca una aparente quietud social. No es menos importante acotar que la fenomenología del conflicto no ha tenido un trasfondo ideológico. Ya lo dijo el vocero de la Internacional Socialista en República Dominicana: “el socialismo es incompatible con la tiranía”.

El Gobierno actual es responsable de la peor masacre social registrada en Nicaragua en los últimos tiempos.

La hora decisiva ha llegado. El Sr. Ortega reanuda el diálogo nacional en un contexto
donde la situación en Venezuela es cada vez más alarmante y la crisis económica
nicaragüense erosiona el flujo de efectivo del sector público ante la contracción del
consumo público, la caída de la recaudación y la desafiliación al seguro social. El Sr.
Ortega dice que los diálogos nacionales deben ser con pocas personas y en privado. El problema no es lo que dice sino lo que calla. La intuición de muchos nicaragüenses es que el poder bicéfalo Ortega–Murillo planea ganar tiempo hasta 2021 y, ante esto, la Alianza Cívica debe contemplar diferentes escenarios en su agenda.

El peso de las circunstancias de cada miembro de la Alianza Cívica exige un temple
ético-moral que va más allá del entendimiento entre las élites del poder. Está en juego la Nicaragua del futuro. Los representantes del capital de producción y del capital financiero deben converger con el resto de sectores de la sociedad civil para impulsar un plan nacional de democratización del país.

La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia tiene que jugar un papel extraordinario porque extraordinarias son las circunstancias que estamos viviendo.
El nicaragüense promedio estará a la expectativa porque confía en el buen pensar y
actuar de nuevos y buenos líderes que se han ganado el interés y la simpatía de mucha gente. No estarán todos los que debieran estar, pero si partimos de que se debía hacer algo como respuesta a la pregunta ¿qué hacer?, el rol de la Alianza Cívica está justificado.

Como expresión organizada del sector universitario, le damos un voto de confianza a la reanudación de este diálogo nacional, el cual será observado con ojos de lince y las decisiones de sus partícipes se someterán al escrutinio del sano juicio de todos los nicaragüenses de ideas correctas y buena voluntad.

La libertad incondicional de los presos políticos –entre ellos, nuestros valientes
compañeros universitarios–, injusta e ilegalmente apresados, es una demanda urgente en la mesa de negociación. El siguiente punto serían las reformas electorales pertinentes para el adelanto de elecciones. El diálogo nacional puede ser punto de partida para las reformas institucionales de corto, mediano y largo plazo, entre las cuales destacamos la prioritaria deconstrucción del movimiento estudiantil legalmente establecido (UNEN), brazo político–partidario del FSLN en el ámbito universitario, que se ha vuelto tan abominable y despreciable como un minotauro y ha convertido la universidad pública en su laberinto. La calidad de nuestra educación de hoy reflejará la calidad del desarrollo del mañana.

La tragedia de los fallecidos, el bozal de los censurados, la atribulación de los
expulsados, el drama de los exiliados, la soledad de los encarcelados y, en general, el dolor profundo de las víctimas de los crímenes de lesa humanidad por la represión
gubernamental en todas sus etapas; debe inspirar enérgicamente un liderazgo
democrático que actúe basado en una cultura política de principios en pro de un mañana donde el sol brille para todos.

Hacemos nuestras y compartimos las esperanzadoras palabras del poeta Felipe Azofeifa en el siguiente prosema: “De veras, hijo, ya todas las estrellas han partido. Pero nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer”.

Equipo Redactor de Acción Universitaria (AU)

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