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miércoles, 20 de marzo de 2019

Ortega-Murillo, el poder y las negociaciones.


Por Oscar-René Vargas.“La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados”. Antonio Gramsci.

El régimen Ortega-Murillo en el auge del poder daba la sensación de ser indestructible, inquebrantable; ejercían el poder de forma despótica con la venia de sus aliados del gran capital, que lo consideraban necesario para mantener la paz social y asegurar sus altas de ganancias. Muchos consejeros declaraban las virtudes del poder establecido, cantaban loas al “populismo responsable” y a “la sabiduría del dictador”.

En la fase de apogeo de la dictadura no hay que olvidar que Ortega-Murillo pudo llegar y mantenerse en el gobierno porque una parte de los que tienen el poder –el capital financiero, los grandes capitalistas nacionales y las fuerzas armadas– prefirieron (como en el Gattopardo), que Ortega-Murillo cambiaran todo para que no cambiara nada.

Ellos le dieron el visto bueno al gobierno para que hiciera de contrafuego, de bombero frente al movimiento social de los campesinos, frente a las protestas por la crisis del medio ambiente, frente a las censuras de las mujeres contra el feminicidio.

Después de haber defendido el modelo de gobernanza del régimen Ortega-Murillo con todos los argumentos posibles y algunos inverosímiles, frente a las críticas de los intelectuales progresistas, de los organismos sociales y de la gente provista de sentido común; a partir de abril los consejeros del gobierno han comenzado a analizar sobre la viabilidad de buscar una alternativa a dicho modelo sin minar, desde luego, las bases sobre las que descansa el modelo político del régimen.

A partir de abril de 2018, ya iniciado el ocaso, el poder omnímodo se va evaporando y se escapa de las manos del dictador. Sus aliados comienzan a tomar distancia, sin romper definitivamente; con la esperanza de recomponer la alianza previa al 18 de abril. Su gobierno se erosiona y sus mejores socios toman distancian. Poco a poco el dictador se va quedando solo. El otrora poderoso dictador comienza a mostrar sus debilidades y a cometer errores casi a diario. Ha comenzado la “soledad del poder”.

La vitalidad del movimiento de los ciudadanos autoconvocados, como la de cualquier ser vivo, se puede palpar en su capacidad de cambiar, de modificar el rumbo, y de ejercer la crítica y la autocrítica. Una característica de lo envejecido y caduco del régimen Ortega-Murillo, son: la repetición, la inercia y la incapacidad de moverse para presentar nuevas alternativas.

En la fase de declive de la dictadura la sinrazón ha suplantado el buen juicio y la lógica ha desaparecido en los entresijos e incógnitas del análisis. Los Ortega-Murillo saben que fuera del poder serán como peces sin su pecera, débiles. El poder ha sido para ellos lo que el agua es para el pez. Ahora son peces a punto de ser atrapados.

En esta fase de derrumbe de la dictadura, los Ortega-Murillo creen en las armas y en los uniformes como opción válida, como la única vía para conservar el poder. Su destino ya no está en sus propias manos, está en las manos de los otros, de los paramilitares y los policías que ha reprimido y siguen reprimiendo la insurrección cívica de los ciudadanos autoconvocados, para mantener a los Ortega-Murillo en el poder.

Ortega-Murillo siguen creyendo que son los poderosos de antaño. Sin embargo, el poder se les escapa porque los ciudadanos autoconvocados se han empoderado de una conciencia crítica y han adquirido ciertos espacios que el régimen no controla; y, por otro lado, sus aliados, los paramilitares y parapolicías reclaman lo suyo, han adquirido cierta autonomía del poder central.

Ortega-Murillo están fuera de la realidad. Ellos y algunos sectores del gran capital no quieren aceptar que no hay retorno posible al sistema político previo al 18 de abril. Están obnubilados, obscurecidos y obstinados por el deseo irracional de permanecer en el poder a cualquier precio.

El régimen Ortega-Murillo es móvil, errático; se siente frágil frente a la insurgencia ciudadana. No es una fortaleza que pueda rodearse y tomarse por asalto baluarte tras baluarte, en unas simples negociaciones; de ahí la necesidad de la presión internacional para que pueda aceptar que su tiempo político ha terminado.

No hay que olvidar que una vez que se hayan logrado avances en las negociaciones, el régimen tiene el poder de minar esos avances. Ellos calculan que resultaría difícil mantener movilizados a los ciudadanos de manera permanente para exigirles el cumplimiento de los acuerdos, por eso es imprescindible la presencia de los garantes internacionales.

Uno de los problemas del régimen Ortega-Murillo en las negociaciones, radica que al interior de sus propios militantes no hay consenso. Un gran tema es que, en los mandos medios, todo aquel que no sea parte de la familia de la pareja presidencial y de sus aliados más cercanos, no quieren aflojar nada en las negociaciones pues no “alcanza en el avión”.

La policía está súper embarrada y no va a querer ceder nada. El “vamos con todo” los dejó sin salida viable para ellos. Al mismo tiempo, el “vamos con todo” radicalizó a sus bases y ahora no los controlan completamente. Las bases radicalizadas esperan que la situación represiva actual sea así siempre, y se sienten defraudados con las posibles concesiones que se vean obligados hacer.

Los Ortega-Murillo viven en una situación de libertad vigilada, dependiendo de los paramilitares, de sus bases comprometidas con la represión policial y judicial, la tortura, los asesinatos. Ya que, ante cualquier signo de flaqueza, los pueden abandonar a su suerte, que sería el fin del régimen. Recordemos el ocaso y caída de la dictadura de Somoza.

También, no hay que olvidar que muchos empresarios (grandes y medianos, antiguos y nuevos) están comprometidos y/o enredados en negocios con el régimen. Ortega-Murillo están perdiendo un tiempo precioso para negociar una salida pacífica de la crisis sociopolítica. Sigo creyendo que es difícil darle vuelta 180 grados a todo de un sólo.

También es complicada la posibilidad de una carambola donde se saque al régimen asesino por un lado y a los corruptos de la nueva clase y sus socios por el otro lado. La situación es altamente compleja y los EEUU lo saben, por eso “la salida al suave” es muy complicada, si eso implicara la permanencia en el poder de Ortega-Murillo.

EEUU promueve elecciones adelantadas con “nuevos líderes”, líderes que no incluyen a Ortega y Murillo. La postura norteamericana es dialogo para alcanzar un acuerdo político, cesar la represión, liberación de los presos politicos y elecciones adelantadas.

Todo arreglo político de cúpula tiene sus perdedores. Todo arreglo entre los poderes fácticos tiene sus opositores. Toda componenda con el dictador incluye una traición. Esa clase de arreglos no pueden durar para siempre, y con frecuencia duran muy brevemente.

Si se hacen arreglos de cúpula de corto plazo se daña a la gente más débil, a los ciudadanos. Si se hacen componendas de mediano plazo, se daña a la gente más débil, al pueblo en general. Históricamente, en Nicaragua, los arreglos, transacciones, acomodos, componendas y pactos de cúpulas no han resuelto ningún problema en el largo plazo.

Así que, se necesita encontrar soluciones sin componendas. La solución sin componendas pasa por la liberación de los presos políticos, la salida del dictador y las elecciones adelantadas. Por ejemplo, la OEA declara que condiciona su participación en el diálogo a la liberación de los presos políticos.

Ortega-Murillo, están presionados por las sanciones económicas a sus funcionarios más cercanos y familiares, congelamiento de bienes en el exterior, veto a créditos en los organismos financieros internacionales y cancelación de visas. La Unión Europea y EEUU siguen empujando a Ortega-Murillo a una negociación que no quieren.

EEUU aprobó en diciembre 2018 una ley de sanciones a la dictadura, conocida como Nica Act y sanciones individuales a través de la Ley Magnitsky que castiga a los corruptos y a los violadores de los derechos humanos. La OEA mantiene vigente la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, la cual aislaría aún más al régimen Ortega-Murillo.

Con la represión del sábado 16 de marzo, la Alianza Cívica ya tiene suficientes pruebas de que el régimen no quiere abordar los temas torales en las negociaciones, ya que saben que cualquier negociación pasa por la liberación de los presos políticos y por la discusión de los términos de su salida poder. La estrategia del régimen es ganar tiempo, prolongar las negociaciones con la esperanza de dividir y/o cansar al movimiento social.

Por lo tanto, la Alianza Cívica debe de cambiar su táctica. Cambiar su táctica es jugar con los tiempos a su favor. El régimen sabe que no puede seguir prohibiendo indefinidamente las manifestaciones, reprimir/detener a los manifestantes, mantener a los presos políticos sin consecuencias negativas por la familia presidencial y su círculo íntimo de poder.

Es decir, el régimen sabe que, si no discute los puntos torales, las sanciones internacionales personales se les vienen encima. El temor de Ortega-Murillo es a las sanciones a su familia. Es decir, la estrategia de la oposición debería ser: seguir en las negociaciones, pero manteniendo la presión de las protestas públicas en las calles. Los ciudadanos demostraron que siguen dispuestos a salir a la calle para ponerle el fin al régimen.

Por las repercusiones internacionales que tuvo la represión del sábado 16 de marzo podemos decir que: una nueva represión como la del sábado pasado permitiría a la comunidad internacional implementar las sanciones pendientes; por lo tanto, Ortega-Murillo no tienen muchos recursos para seguir reprimiendo sin consecuencias negativas para ellos y su círculo íntimo de poder.

En resumen, la táctica debe ser: mantener las negociaciones y, al mismo tiempo, apoyar las manifestaciones de los ciudadanos autoconvocados. Es la única manera de obligar a ceder en las demandas básicas de la población.

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