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miércoles, 8 de mayo de 2019

Debacle en el campo, pronostica Anifoda.


Tomado de Confidencial / Los vendedores de fertilizantes y agroquímicos reportan una caída en las ventas de entre 2% y 3% en el primer bimestre del año, misma que sería de -15% al cierre de marzo, y de -25% al concluir el primer semestre. 

De mantenerse esa proyección para todo el 2019, el sector perdería 57 millones de dólares, adicionales a los 32 millones que perdió en 2018.

Si bien este no es un segmento de gran valor monetario por sí mismo (su valor de mercado fue de 228 millones de dólares en 2018, y de 260 millones en 2017), su incidencia sobre la agricultura es tan grande, que puede afectar no solo la seguridad alimentaria del país, sino también el comercio local, las exportaciones y la agroindustria.

Para graficar la importancia de ese sector, Mario Hanón, vicepresidente de la Asociación Nicaragüense de Formuladores y Distribuidores de Agroquímicos (Anifoda), explica que aplicar (o no) los fertilizantes apropiados, puede hacer la diferencia entre sacar 100 quintales de arroz por manzana, a solo 30 a 40 quintales por manzana.

Otro dato es que “de los 2616 millones de dólares exportados en 2018, casi 1700 millones de dólares, o sea el 63% provenían del sector agropecuario, lo que es especialmente preocupante en un escenario en el que “la agroexportación es la última columna de la economía nacional, después que se cayó la inversión extranjera directa, la inversión privada, el turismo y la construcción”, precisa Hanón.

En medio de esa debacle, señala que solo la agricultura y las remesas se mantienen en positivo, pero “las reformas son el tiro de gracia a la agricultura y la ganadería”, lamenta.

Se refiere a la reforma tributaria con la que la Administración de Daniel Ortega espera recaudar otros 300 millones de dólares en 2019, y la reforma a la Ley de Seguridad Social, supuesta a oxigenar las finanzas del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), pese a que expertos independientes y administradores de empresas afirman que más bien se logrará el efecto contrario.

Álvaro Vargas, vicepresidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), detalla que la reforma fiscal, que es “producto de la crisis sociopolítica que afecta al país, por la caída de la economía”, impacta en la población porque incrementa el costo de la vida a todos los nicas, sin distinción, “al elevar el precio de todos los productos de primera necesidad en cualquier lugar que los comprés”.

La razón es que “esa reforma, sumada a la falta de financiamiento, al incremento en el costo de la energía eléctrica, la reforma al INSS que aumenta el aporte patronal, y el alza constante en los precios de los combustibles, eleva tanto los costos de producción, que se come la utilidad o rentabilidad que pudo haber tenido cualquier actividad económica”, enumera el ganadero.

En el caso de la producción agrícola que está dedicada al consumo en el mercado local, Vargas explica que, en ese caso, los productores trasladan el incremento de precios a los consumidores “mientras estos puedan pagar, lo que eleva el costo de la vida de los ciudadanos”.

La razón es que “todos los insumos pagarán entre 10% a 45% al entrar al país, y eso obliga a los importadores a tener esos recursos disponibles para pagarlos de inmediato, pero ese dinero tiene un costo en el tiempo, y ese costo se suma al precio que se cobra por el producto final”.

Como resultado “se pone en riesgo el ciclo agrícola 2019, porque los insumos agropecuarios son un porcentaje alto de los costos de producción, que al elevarse, afectan a los rubros de agroexportación, porque pierden competitividad en los mercados internacionales donde somos tomadores de precios”, recalca.

El resultado de esa ecuación perversa es que “producir resultará más caro que vender”, por lo que se reducirán las áreas de siembra y disminuirá la productividad, porque los agricultores usarán menos fertilizantes, “con lo que pierde el productor y el país”.

La reducción en hasta 25% de las ventas en el presente año —que se sumará al -13% de 2018— significa, como lo dijo Vargas, que “se reducirán las áreas de siembra, pero también la productividad y los rendimientos”, ratifica Hanón.

Con base en los datos que maneja el gremio, el vicepresidente de Anifoda cree que la cosecha de café, “que comienza en septiembre u octubre, dependiendo de la altura y acelera después”, caerá en medio millón de quintales. “La expectativa es que se produzcan 2 a 2.1 millones de quintales de café”, lo que augura un descenso en los ingresos por exportación para 2020.

La producción azucarera por su parte, se vislumbra sin mayores cambios, y hasta “es probable que aumente ligeramente el área sembrada, por la disponibilidad de tierras en las que este año no se sembrará maní”.

Hanón explica que los maniseros están desmotivados por el aumento de sus costos de producción en 28%, lo que está en línea directa con el alza en 30% del costo de los agroquímicos que usan.

Sumá a eso “la incertidumbre por falta de financiamiento bancario; la capacidad de pago de los compradores habituales de sus cosechas, y hasta la inseguridad que implica no saber si invadirán sus tierras, así que la mayoría está pensando en reducir el área total de siembra, que fue de 63 000 manzanas el ciclo pasado”, detalla.

El café fue el segundo rubro de exportación en 2018, con 434.9 millones de dólares, mientras que el azúcar fue el cuarto (198.9 millones), y el maní el quinto, con 113.4 millones el año pasado, según datos oficiales del Centro de Trámites de las Exportaciones (Cetrex).

Otros productos que están “en la cuerda floja”, son el maíz y el frijol. Dado que se trata de miles de pequeños productores, generalmente es muy difícil tener datos precisos, pero Hanón dice que creen que quizás se reduzcan las áreas sembradas con maíz, y si bien “no hay un estimado, estamos preparándonos para vender menos”.

Las afectaciones no solo incluyen a los químicos que se usan en la producción, sino también a la maquinaria agrícola, tractores, implementos, cosechadoras y equipos para pequeños y grandes agricultores, “que no pagaban IVA, ni había que exonerarlos, pero todo eso cambió con la reforma tributaria”, rememora.

“Hoy, ninguno de esos equipos es ‘exonerable’: todos pagan 15% de IVA”, lo que acelerará la caída de la venta de maquinaria agrícola que en 2018 fue de 60%, luego que se vendieron 25 tractores en 2017 y solo ocho en 2018, en ambos casos sin IVA. Al imponerles el pago del IVA en 2019, esperamos tener cero ventas, o alguna de forma esporádica”, vaticina.

El líder gremial asevera que “los fertilizantes no pagan impuestos en la mayor parte del mundo, así que esto causará un impacto muy fuerte en la agricultura, y nos preguntamos si los agricultores podrán soportar este aumento en el precio de los insumos, que elevará en 30% sus costos de producción”.

“La reforma fiscal no fue bien pensada, porque debió dejar de afectar a quienes estaban más golpeados por la crisis”, señala.

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