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domingo, 26 de mayo de 2019

Las cosas por su nombre.


Por Onofre Gutierrez / La ley del Perdón (o de la desesperación) es otro fracasado recurso de Daniel Ortega para afianzar o tratar de retener la lealtad de la policía y sus paramilitares y  usarlos para chantajear a la Alianza Cívica y la Unidad Azul y Blanco que con mucha lógica analizó recientemente Edmundo Jarquín.

Nosotros, pensamos que a falta de una base popular, a Ortega n le queda un camino: intensificar la violencia como Maduro en Venezuela con un riesgo:  Los paramilitares  ya descubrieron que con Ortega no tienen futuro si Ortega sigue dando palos de ciego.

El globo del perdón y soborno no  pegó.  El pueblo jamás aceptará  un centavo o miles de dólares para dejar de exigir justicia.

Los paramilitares y la policía ya abrieron los ojos:  Se preguntan cuál sera su destino si mañana Ortega cae en el abismo.  Lo ven deslizándose y se imaginan lo peor.  Saben que en Cuba, Fidel Castro mandó  al paredón a miles de batistianos.  Que sepan que Ortega, como Batista en 1959 y Somoza en 1979, jamás les adelantará sus planes de escapar al acercarse el fin.

El rechazo de la Ley del Perdón es una señal, una campanada, para colgar los guantes.  Es tiempo de buscar tierra alta y si está tomada, el camino es desertar.

Atrás va quedando el juramento de obediencia y sumisión al jefe.  Ortega captó esa posibilidad  y se le ocurrió que con la ley del perdón podía retener la lealtad.  Hoy la situación ha cambiado.  La AC y UNAB decidieron acorralar a Ortega.  Paralizaron al país y están dispuestos a retomar las calles.  El diálogo fue puesto a dormir.

Nada as como hace un mes. El efecto funesto de las sanciones  y más delicado todavía es el respaldo mundial de apoyar la decisión del pueblo de insistir en la renuncia del dictador.

Para ellos (Policía y paramilitares) esos pasos significan la ruina de Ortega y el momento de rendir cuentas.  Como dicen los granadinos:  Ortega está “chimado”.  Viva León….

La soldadesca la olió y ve venir la tormenta. En el caso de Ortega, el panorama es más complicado.  Los policías y paramilitares pueden desertar, deshacerse de las metralletas AK 45 y tratar de ocultarse.  

Para Ortega es mucho más delicado, si la policía decide voltearse, pues su vida misma corre peligro.

Ante ese dilema, no sería lógico pensar que el mejor camino para Ortega es  renunciar y  adelantar las elecciones como un intento de apaciguar los ánimos?                                      
Cualquiera que sea su decisión, el cambio viene….muy pronto.  La desobediencia cívil vota gobiernos.  Ojalá los soldados reconozcan que pueden ser parte de la tierra nueva y del cielo nuevo.   Están a la vista de todo el mudo: El  orteguismo es historia.  El problema de Ortega es su terquedad, como fue con Somoza.  El pudo irse, la Guardia se quedó y desapareció.

¿Puede Ortega ser diferente?  Pensará primero en su gente o terminará abordando el helicóptero rumbo al aeropuerto Sandino  sin despedirse de nadie?

Mediten los jefes de la policía y sus auxiliares civiles disfrazados de paramilitares.  Pueden mitigar (suavizar) las penas.  La situación tiende empeorar para Ortega.  Siempre los últimos días son desastrosos.

La historia abunda en ejemplos.   Junio, ¡cómo ansiamos Junio!

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