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lunes, 24 de junio de 2019

¿Cuál debe ser el objetivo estratégico del movimiento social?


Por Oscar-René Vargas / “Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error”.  Napoleón Bonaparte “.  Los poderes fácticos del capital pueden, según las circunstancias, gobernar valiéndose de diferentes sistemas y métodos políticos. 

Así, el gran capital, en su trayectoria histórica, gobernó a través de los gobiernos conservadores, durante la dictadura somocista, en los años ochenta, en los gobiernos neoliberales y también durante la dictadura Ortega-Murillo. 

Todas estas formas de gobierno conservaron el carácter de capitalismo dependiente, permitieron la concentración de las riquezas en pocas manos, beneficiaron de los “de arriba” y empobrecieron a los “de abajo”.

En la variopinta oposición de la Alianza Cívica conviven grupos populares y representantes del gran capital, con visiones diferenciadas, pero, en general, dispuestos a seguir el guión de las elecciones adelantadas. Otro punto resaltante es el de los egos de los autoproclamados líderes, con aspiraciones personales y delirios de llegar al poder.

El problema de los egos ha sido un factor fundamental que explica por qué ha sido tan difícil lograr el objetivo de arrinconar y derrotar al régimen Ortega-Murillo. Algunos elementos más débiles de la Alianza Cívica, ligados al capital, no han soportado la presión; agotados, exhaustos, han firmado declaraciones y acuerdos sin medir las consecuencias futuras.

La esencia de la política del gran capital es su constante oscilación entre las demandas de los sectores populares (estudiantes, mujeres, campesinos, etcétera) y el deseo de llegar a un pacto con el régimen Ortega-Murillo. Los representantes del capital siempre se están desplazando pendularmente de una posición a otra con el objetivo de tener los menores costos posibles.

En este combate de influencias al interior de la Alianza Cívica, predomina el gran capital, y tienen menos peso los sectores populares que buscan no solamente la caída de la dictadura, sino una transformación social en beneficio de los “de abajo”.
Estamos en un período de transición, entre dos marejadas sociales, desde la primera ola de abril a agosto 2018 y frente a la segunda ola que se está formando en el horizonte.

Frente a la segunda ola, ¿cuál es el objetivo a largo plazo del capital? Este prevé la caída del régimen ante una posible nueva ola social; frente a esa posibilidad busca como paralizar, desviar y neutralizar al movimiento social para que el triunfo de la insurrección ciudadana aparezca como una victoria de la Alianza Cívica.

La Alianza Cívica luce atada, con nudos poco visibles, a un guión que hasta ahora solo ha favorecido a los planes de Ortega-Murillo, y parecen no darse cuenta de que la raíz de su debilidad reside en ellos mismos, en sus vacilaciones.

Tampoco es justo concluir que la Alianza Cívica le está haciendo el “juego” al gobierno; pero, el que sigue ganando tiempo es el régimen dando poco, poquísimo, a cambio de muy poco por la estrategia implementada.

El pacto, una maniobra de trastienda, es posible entre el capital y el régimen dado que el país se encuentra sin movilizaciones en las calles, sin resistencia social en los barrios, sin presión efectiva de los ciudadanos auto-convocados y sin un líder nacional proveniente de las filas de los sectores populares.

Por ahora, el balance de la lucha contra la dictadura es contradictorio. El pico de la movilización alcanzado entre abril y junio 2018, no ha tenido continuidad. Sin embargo, la economía se reducirá en un 10 por ciento en 2019 en relación a 2018; con condiciones que empeorarán como resultado de la prolongada crisis sociopolítica. Día a día, se aumenta el riesgo de una depresión económica por la intransigencia del gobierno Ortega-Murillo.

La coyuntura política en curso está signada por la expectativa del fin de la dictadura con elecciones adelantadas. Los sectores predominantes en la Alianza Cívica promueven la idea de que se puede lograr en las urnas, lo que no se ha obtenido en las calles: el fin del régimen.

Miembros de la Alianza Cívica piensan que la campaña electoral podría alimentar una nueva oleada de movilizaciones sociales, siempre y cuando se establezca una candidatura unificada de la oposición y la campaña electoral sea transparente y con garantías de libre movilización.

En un proceso electoral, el régimen utilizará todos los recursos del Estado para intentar la reelección del partido de gobierno, tratarán de afianzar las grietas de la oposición con una campaña sucia y con maniobras de los servicios de inteligencia e impondrán a los paramilitares como fiscales en las mesas de votación.

Si el poder autoritario enfrenta dificultades crecientes, si la crisis del régimen se agrava, si las instituciones de la dictadura demuestran ser incapaces de soportar la presión de las contradicciones internas o externas o, si como sucede con mayor frecuencia, se da la combinación de ambas; entonces, en esas condiciones, no podemos desechar de antemano un golpe militar para evitar el triunfo del movimiento social. Bueno o malo, es una posibilidad.

La espiral de violencia estatal no llega a su fin. En lugar de tomar todas las medidas a su alcance para garantizar que la violencia cese, el régimen siguen instaurando un ambiente de terror, donde cualquier intento por ejercer la libertad de expresión y el derecho a reunión pacífica es castigado con represión.

El gobierno Ortega-Murillo ha respondido con un excesivo despliegue policial que sólo busca amedrentar, infundir terror e imposibilitar el ejercicio de los derechos constitucionales de los ciudadanos. El torpe provincialismo del régimen demuestra que su pensamiento político está completamente desgastado.

El sistema político actual ha llegado a una descompensación sin retorno por el patente debilitamiento del poder dictatorial. El pueblo nicaragüense soporta la represión pacientemente, pero no pasivamente.

El tiempo para detener el descarrilamiento del país es breve y los poderes fácticos tradicionales están en otra cosa, están en pugna por hacer prevalecer sus vacuos intereses.

Las sanciones internacionales son como las banderillas que le ponen al toro para desangrarlo, pero las banderillas no lo matan, solo lo debilitan. El régimen se vuelve más sensible por la presión externa, pero solamente la acción interna le podrá dar el jaque mate político.

El grado de desintegración de la base social del régimen, su desmoralización política, la ineptitud de sus dirigentes, sus errores frecuentes, etcétera, son elementos favorables al movimiento social que se deben de tener en cuenta, para la elaboración de la estrategia general. Hay que tener presente que Ortega-Murillo no poseen el poder económico y político para resistir la presión de la crisis económica.

Es el momento de evaluar la situación, comprender las razones del estancamiento social, ser prudente en las decisiones futuras, reconocer la necesidad de una segunda ola social, y conocer los puntos débiles de la dictadura, para avanzar en el camino que nos permita sobrepasar las dificultades.

No se puede jugar a la gallina ciega frente a los grandes problemas del país, tampoco callarse, esperar o consolarse con la idea de la lucha es problema entre los poderes fácticos tradicionales. Ni el partido oficial en su conjunto, ni su aparato, son inmutables e inmodificables. La clase política tradicional del país ha caducado y minado su estructura básica, que necesita una renovación.

Los sectores progresistas deben dar un paso decisivo para superar las cloacas en que han sido convertido al Estado-Nación por los dictadores de turno. Necesitamos ser más sagaces y juiciosos que nunca. Saber que el destino de la dictadura se resolverá en indisoluble conexión entre las acciones externas con el proceso interno.

Es imposible prever todas las variantes del proceso. Pero en situaciones tan complejas y que exigen tanta responsabilidad, hay que guiarse por una norma expresada por los franceses en el proverbio: ¡Hacer lo que se debe, venga lo que venga!

Para triunfar no sólo son necesarias determinadas condiciones objetivas, tanto internas como externas, sino algunos factores subjetivos: la organización, la dirección política y la estrategia. Es decir, todo depende del grado de organización, de la relación entre las fuerzas antagónicas y del nivel alcanzado en el proceso contradictorio.

El abecé del momento político nos indica que tenemos que implementar la conformación de un gobierno provisional, con el objetivo de darle una dirección política al movimiento social insurgente, para poder establecer una mejor coordinación entre las acciones internas y externas, y concentrar en sus manos todo el control de la lucha contra la dictadura.

Debemos tener presentes las fuerzas económicas, sociales y políticas fundamentales, para trazar la curva del desarrollo de la lucha. La gran tarea del gobierno provisional es crearse puntos de apoyo morales, materiales y políticos favorables, tanto internos como externos, en vista de la lucha que se avecina.




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