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jueves, 20 de junio de 2019

El lenguaje, la perversidad y el poder.


Por Oscar-René Vargas. Un pronóstico político no posee la exactitud del plano de una construcción; es una hipótesis. Es necesario seguir atentamente los cambios de los elementos objetivos y subjetivos del proceso político para enderezar el rumbo táctico. 

La verdadera marcha del proceso no corresponde siempre con el pronóstico, pero eso no nos exime de la necesidad de hacer pronósticos políticos.

La historia política de Nicaragua está llena de luchas intestinas de grupos e individuos que buscan el poder por el poder mismo.

Cualquiera que tenga algo de inteligencia y experiencia política sabe que la degeneración política del régimen siempre viene acompañada por la estupidez política.


El régimen Ortega-Murillo padece de la soledad política, el aislamiento internacional y la recesión económica, todo lo cual los ha llevado a una mayor descomposición ética-moral.

El régimen se siente débil, por eso se ve obligado a incrementar su poder con prácticas represivas y con la perversión del lenguaje.

El régimen le ofrece al capital nacional y extranjero un capitalismo criminal y militarizado como el modelo para superar la crisis sociopolítica. El modelo sería mediante el sometimiento al gobierno dictatorial, pero, el problema es, que todo proyecto tiene que ser implementado y aceptado.

El control del lenguaje ha sido siempre instrumento de dominación de los poderes fácticos tradicionales. El régimen Ortega-Murillo sólo profundizó y extendió las prácticas anteriores.

La propaganda del régimen modula su lenguaje con palabras “plásticas”, utilizando términos vacíos que nada significan, pero están llenos de connotaciones. Además, su empirismo y su eclecticismo no le permiten valorar la realidad.

La vocera oficial lo utiliza, todos los días, porque cree estar diciendo algo importante y puede encontrar signos de aprobación en su base social. Sin embargo, el significado técnico de los términos empleados nada tienen que ver con lo que cree estar diciendo. Sus metáforas hacen que las palabras pierdan su significado técnico, pero llegan con un poder distorsionador sorprendente, se vuelven de uso común y destruyen la conversación, al llenarla de palabras vacías.

El lenguaje utilizado por la vocería oficial muestra la ausencia de una valoración real del estado de ánimo de la población, de su actividad y su disposición para la lucha.

Las palabras “plásticas” no son, en sí mismas, el aval para las acciones de los paramilitares, pero son usadas para enmascarar la brutalidad y el crimen del régimen.

El régimen teme que se produzca una nueva ola del movimiento social debido a las deficiencias de los servicios públicos, el desempleo y el incremento del costo de la canasta básica.

 El lenguaje político de la vocera oficial está diseñado para hacer que las mentiras parezcan verdaderas y que la represión y el asesinato sea respetable. La información de los hechos ha sido remplazada por la falsificación, indisolublemente ligada a la línea política funesta y a las medidas del aparato estatal.

El régimen, incapaz de comprender lo que ha pasado, quedó preso de su mentira: el golpe de estado; razón por la cual se han vuelto incapaces de hacer pronósticos políticos correctos.

La mentira, como forma de gobernar, se extiende cada día con las letanías cotidianas de la vocería oficial. Para el régimen es de vida o muerte tener una orientación cotidiana correcta. Pero no son capaces de lograrlo, porque tienen que hacer las piruetas políticas que les ordena la pareja presidencial.

La contracción del gasto público implica sequía de recursos disponibles para el abuso y el hurto, a fin de mantener la fidelidad de los paramilitares, la policía y los grupos de choque. Represión, intimidación, asaltos y secuestros por parte de bandas delincuenciales fuertemente armadas, es lo que se avecina para someter a la población.

Se pretende legitimar decisiones con encuestas de opinión amañadas (M&R) que se publican como consultas ciudadanas, y son presentadas a la opinión pública nacional e internacional, como expresión de la democracia directa.

Los frecuentes y repetitivos errores y los usuales zigzags del régimen se deben a una combinación de tres factores: ignorancia teórica, irresponsabilidad política y aventurerismo militar. El resultado de meses de errores y zigzags, es, su debilitamiento internacional y la imposibilidad de derrotar estratégicamente al movimiento social interno.

Emplean palabras que aún conservan cierto prestigio, como la lucha por los derechos humanos, la paz, la transparencia, etcétera. Sin embargo, el régimen experimenta una profunda corrosión interna a causa del vergonzoso autoritarismo, protagonizado por un antiguo revolucionario, hoy vuelto criminal contra su propio pueblo.

La corrupción del lenguaje utiliza las palabras para manipular, con el fin de dar una apariencia democrática a un régimen tiránico y despótico. Violencia, corrupción al máximo, desolación política y tierra baldía en lo social, es lo que nos ofrece el régimen Ortega-Murillo.

El régimen Ortega-Murillo se olvida que la lucha política se pierde desde el inicio. La razón es sencilla y se encuentra codificada en la famosa sentencia de Clausewitg: “La guerra es la continuación de la política por otros medios”. Si en la política uno ya ha sido derrotado estratégicamente, la guerra desatada por el régimen no cambia en nada ese resultado, aunque tenga victorias tácticas.

El régimen ya está imposibilitado de resolver los problemas del país, y hasta de enriquecerse con una economía en recesión; no obstante, mantiene la fuerza militar (policía, grupos de choque y paramilitares) y la “neutralidad cómplice” del ejército.

El régimen experimenta un descenso de su influencia, debilitamiento organizativo en los sectores populares, ruptura ideológica con el sandinismo histórico, y desconfianza de la población hacia su discurso político. Esto no significa, desde luego, su fin inmediato.

La legitimidad política del régimen está menguando, incluyendo al interior de su propia base social. La curva de su base social es descendente, sus simpatizantes se redujeron a la mitad. Es muy difícil que pueda superar la derrota estratégica tanto a nivel interno como internacional.

Todos los virajes políticos tácticos deben de efectuarse en concomitancia con la verdadera situación sociopolítica de cada fase de la lucha. La línea estratégica general ha de conducir a la derrota de la dictadura.

La táctica está subordinada a la estrategia, ésta sólo se realiza por intermedio de aquélla. La táctica consiste en los zigzags periódicos y la estrategia es la suma de esos zigzags. La tarea estratégica central no consiste en parecer el más fuerte sino en llegar a serlo.

La crisis social sigue profundizándose, y ya el año está perdido para la economía. Con Ortega-Murillo en el poder, las proyecciones para el 2020 se derriten como un helado al sol, y se refuerzan los indicios de que la salida preferida por los que detentan el poder –Ortega-Murillo y sus aliados- será endurecer la represión frente a la turbulencia social.

Hay sectores y grupos de la nueva y vieja burguesía que están descontentos con el gobierno de la espada desenvainada, pero hay algunos que piensan que no pueden mantener sus privilegios sin la espada. Las palabras callan cuando los hechos hablan.

La represión gubernamental contra los presos políticos liberados, el asedio a los templos de la Iglesia católica y sacerdotes, los secuestros exprés ejecutados por los paramilitares, y los vejámenes contra cualquier manifestación de los ciudadanos, reflejan la lógica de “el poder o la muerte”.

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