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domingo, 30 de junio de 2019

La salida de Monseñor Báez de Nicaragua y la paz de Ortega.


Por Renaldy J. Gutierrez* Especial / Cuando le preguntaron al Nuncio en Nicaragua por qué el Papa mandó a salir de Nicaragua a Monseñor Silvio José Báez, Obispo Auxiliar de Managua, el Nuncio contestó que no sabía y con una “gran verdad de Perogrullo” agregó, “el Papa está allá y yo estoy aquí”. 

Y los de afuera (que somos de adentro) quedamos en lo mismo, aunque más bien con una gran duda y, como dijo el Obispo de Estelí, Monseñor Mata, “con un mal sabor”.

Hemos visto cómo el Vaticano llama a los Obispos cuando han hecho algo indebido y a veces hasta los destituye de su función. Podemos recordar al Arzobispo Emmanuel Milingo, de Zambia, llamado al Vaticano por su conducta ostentosamente contraria a su ministerio, e incluso fue sentenciado a oración recluido en algún sitio de la Santa Sede. 

O más reciente aún, el Papa Francisco expulsó a dos obispos chilenos implicados en casos de abusos sexuales; también podemos recordar la remoción de un Obispo paraguayo por encubrir a un sacerdote imputado por abuso sexual contra menores.

En todos esos casos se trata, en general, del escándalo que ha plagado a la Iglesia Católica en el mundo entero, por denuncias públicas e incluso acciones criminales llevadas a los tribunales de justicia de varios países. 

En todos esos casos no había ningún secreto, todo era público, más bien, se trataba de acciones del Vaticano en contra de secretismos que se confabularon para ocultar el mal, el delito. Todo eso es entendible. Pero en el caso de Monseñor Báez es al revés, todo es secretismo, de parte del Nuncio y del Vaticano.

La gente en Nicaragua lloró su salida y algunos lo llamaron “el Obispo del Pueblo”, y razones tenían para hacerlo. En la Revolución Pacífica de Abril, 2018, y su secuela sangrienta, vimos a Monseñor Báez en solidaridad con los jóvenes que protestaban, con el pueblo sufriente, con la misma Iglesia perseguida… 

Pero no es necesario mencionar todas sus acciones pastorales, porque no es acerca de Monseñor Báez y de sus acciones que interrogamos, sino de las motivaciones, de los “cuentos” que seguramente salieron de Nicaragua, para provocar su llamada al Vaticano sin ton ni son.

En el lenguaje de la diplomacia hay que leer las palabras del Nuncio, quien sirve de mediador (y no sé si también de garante) del diálogo entre el régimen Ortega-Murillo y la Alianza Cívica. Uno de sus interlocutores es también el jefe de los diplomáticos del régimen. Según costumbre se hablan en voz baja, casi en silencio para que no los oigan y siempre en secreto para que no se sepa. Nunca sabremos lo que se han dicho, lo que se han pedido. 

“Sácame a Báez y todo va a caminar mejor”…”Báez es un obstáculo para el diálogo”…”Si Báez no se va, lo pueden matar y “nosotros” no seremos responsables… Y podemos seguir especulando las peticiones y hasta el diálogo entre la diplomacia, pero solo podremos especular, porque la verdad y la transparencia no son parte de ese diálogo. El secretismo es su elemento y su ambiente.

El Nuncio nos ha dicho que “su sueño” es lograr la libertad de todos los presos políticos y a lo mejor creyó que se cumplía su sueño (y se podría despertar) cuando el régimen dictó su amnistía y sacó de la cárcel a un número importante de presos políticos, aunque bajo amenaza y vigilancia. 

Pero sabemos que ese fue tan solo un gesto del régimen (o más bien una estrategia) para lograr “el pase” de la OEA y evitar ser consagrado como un régimen paria de las Américas. Y lo lograron. Les dieron un respiro de 75 días, para volver a engañar. Porque, ahora, después de liberar a algunos presos políticos (no a todos) , han llevado a otros a la cárcel (incluso en la víspera de la reunión de la OEA en Medellín) y a quienes habían liberado los acechan por todos lados o los han regresado a la cárcel.

El sueño del Nuncio, suponemos, será ahora una pesadilla de la cual tendrá que despertar y volver a la realidad, que es otra pesadilla: a pesar de la amnistía, a pesar de los acuerdos, de los “gestos” del gobierno, el aferramiento al poder continúa, los derechos y libertades del pueblo siguen siendo conculcados. 

¿Servirá de algo seguir conversando con su interlocutor, bajito, en secreto, sin ser vistos ni oídos? ¿No será este el momento de darle la cara al pueblo y hablar “desde los terrados” para que todos oigamos? La verdad es que el Obispo Báez, no está aquí, está allá y la cosa sigue igual.

¿Cuál será ahora el obstáculo para que el diálogo fluya y los acuerdos se cumplan? Esperemos que en estos 75 días los representantes de la OEA levanten el velo del secretismo y de la oscuridad, esperemos que, en vez de soñar, impulsen reformas concretas para lograr democracia y estado de derecho en el país, que conduzcan a una paz verdadera y a la prosperidad que todos anhelamos.

El autor es Abogado de origen nicaraguense, residente en Miami, y ex presidente de la Nicaraguan American Chamber of Commerce, Miami, Florida y ex presidente de la Interamerican Ban Association, Washington D.C.

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