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domingo, 23 de junio de 2019

Las cinco líneas de acción del capital.


Por Oscar-René Vargas / A lo largo de la historia nunca ha habido tanto esfuerzo de parte de un gobierno por desmantelar, con fuerza asesina y urgencia, al movimiento social como durante el régimen Ortega-Murillo. Por suerte, por donde se mire se constata un acelerado proceso de derrumbe.

 Los mensajes que promueven los delegados del gran capital en la Alianza Cívica giran en torno a cinco ideas claves y de creciente aceptación por los otros sectores.
 En el primer planteamiento se destaca la idea de que se saldrá adelante mediante un acuerdo con el régimen Ortega-Murillo. 

Parten del supuesto de que hay contraposiciones entre la calle y la negociación, olvidando que el régimen nunca va a ceder ante peticiones verbales. Se pondera un pacto, olvidando que los pactos duran poco y desembocan en una nueva crisis de gran envergadura.

 La segunda idea difundida es la necesidad de un acuerdo más amplio. Pero ese ensanchamiento implicaría sumar a todos los exponentes de los partidos políticos zancudos. En realidad, con personajes como Arnoldo Alemán, Byron Jerez, Canales, Mejía Ferreti, Mario Asensio Flores, Navarro, etcétera; Ortega-Murillo tendría más aliados para imponer sus demandas.

 La tercera idea es que, si se pudo en 1990, derrotar electoralmente a Ortega, se podrá hacerlo en las elecciones adelantadas en el 2020 o marzo 2021. Prometen una salida del régimen en frío, indolora, silenciando los asesinatos, las torturas y los desaparecidos. 

Difícilmente Ortega daría un paso para ponerse a un lado y dar espacio a un presidente que no sea él o un miembro de su familia, por temor de perder poder o las posibles fisuras al interior de sus partidarios.

 La cuarta idea que los representantes del gran capital ponderan, es el “reencuentro de las diferencias”. Se exalta la reconciliación, sin revisar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen. En el fondo desean, en el caso de que Ortega acepte adelantar las elecciones, una salida en frío para imponer una candidatura favorable a sus intereses.

 El quinto mensaje remarca la prioridad de ganar las elecciones a cualquier precio y con todo tipo de alianzas, incluyendo a los partidos zancudos. No podemos descartar que, en unas elecciones adelantadas, vuelvan a surgir algunos dirigentes de los partidos zancudos. Estos surgen de los estratos superiores de la política tradicional. 

La presencia popular será determinante en cualquier escenario electoral.

Mientras tanto, el régimen Ortega-Murillo impone el terror mediante una vasta operación represiva; sin embargo, en ningún momento ha podido imponer una derrota estratégica a la rebelión social que exige la consolidación de su política. Para el régimen no existe problema más importante que el de permanecer en el poder.

No se puede engañar a la economía. Todos los síntomas de una crisis, ya están presentes. Si bien la inflación no ha alcanzado niveles explosivos, ya afecta seriamente a la vida cotidiana de la gente, provocando aumento de precios o impidiendo la reducción de los mismos, y, por lo tanto, deteriorando sostenidamente las condiciones de vida de la población.

En el sector militar se presentan diferentes visiones internas, lo que no significa que los escasos disidentes de la línea oficial, estén dispuestos a criticar abiertamente al régimen si no están seguros de conformar una clara mayoría interna. Terminan actuando en conjunto, sobre todo cuando no hay un liderazgo creíble; por eso prefieren la obediencia castrense y el “status quo”.

 La sanción a Oscar Mojica es un mensaje al ejército. Hasta la fecha, el ejército ha jugado el papel de “cómplice neutral”, pero creo que tienen que reflexionar seriamente sobre el futuro de la institución castrense. Casi todo el mando superior está sometido a Ortega-Murillo a través regalías y de puestos públicos (cargos importantes en el Estado, en empresas de Estado y de la familia presidencial, embajadas a familiares de militares y regalías a la totalidad de la oficialidad superior).

El régimen Ortega-Murillo, por su lado, se cree capaz de postergar el resultado final de su caída. Puede postergarla, nada más. 

El régimen ha roto la mayoría de sus vínculos tradicionales y, a partir de entonces, maniobra entre los poderes fácticos.
 El régimen mantiene el principio de la infalibilidad de la dirección política de Ortega-Murillo, complemento necesario para el Estado dictatorial militarizado.

El régimen Ortega-Murillo parece encaminarse hacia tiempos borrascosos de magnitud imprevisible. Lo que antes era insólito se convierte en lo ordinario, pero cada vez más amenazante.

 El régimen Ortega-Murillo depende de la represión para seguir adelante con sus planes y todo indica que no cambiará de rumbo. Seguirá echando presos a los que protestan, persiguiendo a los que manifiesten su pensamiento en las calles, y eso hará que el tema de los “presos políticos” siga estando sobre la mesa, aunque se dé por “cerrado” en junio 2019.


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