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jueves, 6 de junio de 2019

“Ortega juega a agotar al pueblo y confundir a la comunidad internacional”: Francisco Aguirre Sacasa.


Tomado de Despacho 505 / Nicaragua podría quedar expulsada este mes de junio de la Organización de Estados Americanos (OEA).  Las probabilidades de que finalmente se aplique la Carta Democrática Interamericana aumentan si se considera que Daniel Ortega perdió a dos importantes aliados en el hemisferio en ese organismo multilateral: primero Venezuela y ahora a El Salvador, cuyo presidente entrante Nayib Bukele ha mostrado su respaldo a las demandas de democracias del país.

“Yo veo altamente probable, pero todavía no seguro, que se vayan a lograr los 24 votos requeridos”, valora el excanciller de Nicaragua, Francisco Aguirre Sacasa. Del 26 al 28 de junio, en Medellín, Colombia, se celebrará 49 edición de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), donde estarán todos los jefes de la diplomacia continental, y muy seguramente, se discutirá la crisis social, política y económica que atraviesa Nicaragua con el riesgo de quedar fuera de este.

Aguirre Sacasa también analiza el curso de las negociaciones que sostienen la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y la dictadura de Daniel Ortega. “Daniel Ortega es una persona que está jugando al ganar tiempo, a agotar al pueblo de Nicaragua y confundir y agotar a la comunidad internacional”, dice Aguirre al señalar que parte de esto es la estrategia de mandar a diario a sus delegados al Incae, pese a que la contraparte puso en pausa dichos encuentros.

“Es peligroso lo que está haciendo la Alianza… porque cuando vos te retirás de la arena y el adversario tuyo (el Gobierno) está tomando medidas, pues obviamente tu posición se ve debilitada”, alerta el exdiplomático.

No obstante, Aguirre considera que en este momento la clave está en el escenario internacional, tanto que afirma que Ortega solo aceptaría un posible adelanto electoral si Estados Unidos continúa con las sanciones y a la potencia americana se le se suman los países europeos. “Para Ortega es menos importante la Carta Interamericana y la suspensión, que las sanciones norteamericanas. Esto es lo que lo mantienen despierto en las noches”, opina.

El 18 de junio se vence el plazo para que el régimen cumpla el compromiso de liberar  a todos los presos políticos, pero ahora solo ofrece ex carcelarlos. Tampoco se avanza en el cumplimiento de los otros acuerdos, ¿cómo está viendo la comunidad internacional esto?

Yo diría que los está viendo con mucho cuidado. El tema de la liberación de los presos políticos es uno de los más importantes como muestra de buena fe del Gobierno, porque el objetivo  a mediano o largo plazo es la democratización de Nicaragua, a través de elecciones creíbles y adelantadas.

Hasta la fecha hay una falta de confianza en la buena fe del Gobierno en el incumplimiento con el compromiso de 18 de junio, pero yo soy uno de los que sí piensa que el costo de no cumplir con la excarcelación de la totalidad de los prisioneros sería tan devastador para la imagen del Gobierno que yo pienso que va a cumplir con esa fecha. Esa es mi esperanza. Excarcelación es mejor que lo que están pasando ahora, pero el compromiso es liberarlos y eso quiere decir darles total y completa libertad.

Eso es lo que ha pedido la comunidad internacional: la Organización de Estados Americanos, la Unión Europea, Estados Unidos…

Así es, y eso es lo que está incorporado en el acuerdo que firmó la Alianza Cívica con los representantes del Gobierno en el segundo tomo del diálogo, o sea que eso está claramente establecido. Lo que veremos, y en muy poco tiempo, es si cumple con esta exigencia mínima de un acuerdo que valora muchísimos más aspectos que la normalización de Nicaragua.

Si sacamos conclusiones a partir de las acciones del régimen, pareciera que poco o nada le importa lo que piensa la comunidad internacional: mandó a aprobar su ley de perdón al Parlamento, asesinó en una cárcel a un preso político… 

¿a qué está jugando Ortega?

Daniel Ortega es una persona que está jugando a ganar tiempo, agotar al pueblo de Nicaragua y confundir y agotar a la comunidad internacional. Está jugando a los imponderables. Los imponderables son situaciones que surgen, y que en muchos casos no tienen nada que ver con Nicaragua, pero que va a distraer o de alguna manera modificar el interés que tiene la comunidad internacional en la democratización de Nicaragua. Un ejemplo de un imponderable es la situación en Honduras, donde hay una pugna entre presidente (Juan Orlando) Hernández y una parte importante de la población que está protestando en contra de planes del Gobierno de privatizar salud y educación.

La realidad es que Honduras está siendo vista en este momento como un país que pasa más violencia política que Nicaragua, a lo mejor Daniel piensa que eso podría abrir un espacio para proyectar a Nicaragua como un país que va normalizándose y que lo importante a resolver es el problema de Honduras, y relegar a segundo o tercer plano a Nicaragua, esa es la estrategia de Daniel.

¿Y qué puede hacer la oposición y los países que han condenado al régimen para que no se desvíe la atención de la crisis nacional?

Este mes de junio, que será decisivo para el futuro de la democracia de Nicaragua y la estabilidad en Centroamérica, es insistir que se cumpla con los acuerdos que ya fueron firmados y, obviamente, proceder al restablecimiento de un régimen democrático, a pesar de las distracciones que puedan darse en otros frentes.

Las negociaciones entre el régimen y la Alianza están suspendidas desde el 20 de mayo, pero la dictadura se empecina en llegar todos los días al INCAE y emitir comunicados de prensa. 

¿Cómo valora eso?, ¿cómo interpreta lo que vive Nicaragua a un año de la crisis?

El Gobierno está apuntando a que la comunidad internacional, sobre todo los cancilleres de la OEA que se reunirán en Medellín el 26 de mayo, cuando se esté pensando si se debería aplicar la Carta Democrática Interamericana a Nicaragua, tengan en cuenta lo que el canciller Denis Moncada seguramente dirá: “Nosotros estamos negociando de buena fe, lo que pasa es la Alianza es la que se ha retirado de la mesa del diálogo, pero nosotros llegamos todos días y el problema que tenemos es que no hay un interlocutor”. 

Y para el colmo podrían afirmar que el Gobierno está presente, pero la Alianza que no llega, al mismo tiempo está quejándose de que el Gobierno está tomando medidas unilaterales, como por ejemplo la excarcelación de 50 presos políticos hace menos de una semana. Podría decir que la Alianza está actuando de una manera hipócrita: «no llega a negociar y se queja, mientras nosotros vamos cumpliendo», dirá el Gobierno.

¿Pero, cree que esa estrategia pueda calar ante los cancilleres del continente?

Es peligroso lo que está haciendo la Alianza, sobretodo el quejarse de medidas unilaterales, porque cuando vos te retirás de la arena y el adversario tuyo (el Gobierno) está tomando medidas, pues obviamente tu posición se ve debilitada si estás quejándote de medidas unilaterales.

La Alianza insiste en mantener las negociaciones, ¿Pero, qué pasa si la otra parte no muestra señales de buena voluntad?, ¿cuál será el otro paso si las negociaciones fracasan?

El fracaso en las negociaciones es algo que mucha gente pensaba que iba a darse. Aquí lo que va a ser decisivo, sobre todo este mes, es el comportamiento de comunidad internacional. El pueblo de Nicaragua hizo lo que podía hacer el año pasado, puso 500 muertos; 2,000 o 3,000 heridos; un número de hasta 1,000 encarcelados; un exilio que llega a 120,000 en Costa Rica, según cifras que comunicaron a mí funcionarios de Costa Rica. 

La población hizo su parte, lo que necesita es una suerte de relevo de parte de la comunidad internacional.

¿Cómo valora el mensaje del presidente salvadoreño Nayib Bukele de invitar a su toma de protesta a miembros de la Alianza y no a Ortega? ¿Qué representa para el régimen perder un aliado ante la OEA?

Es catastrófico para el Gobierno. Para aplicar la Carta Democrática Interamericana, para (sacar) a Nicaragua del sistema interamericano, declararlo como un país fuera de la ley, se necesita 24 votos que son las dos terceras partes de los miembros de la OEA.

En una votación reciente en el Consejo Permanente de la OEA para una resolución, que no es lo mismo que la suspensión de un país, se lograron 22 votos. En esa votación, el gobierno de El Salvador, que era del FMLN,  se abstuvo, pero con Bukele en el poder queda clarísimo que se va a sumar un voto más de los que se necesitan para llegar a los 24. 

Asumiendo que los otros 22 se mantienen firmes, ya hay 23 votos, hay dos países centroamericanos, Honduras y Guatemala, que se podrían sumar a esta mayoría, y me imagino que los norteamericanos y canadienses que tienen mucha importancia en el Caribe van a buscar los otros votos dentro de ese grupo de islas.  Yo veo altamente probable, pero todavía no seguro, que se vayan a lograr los 24 votos.

¿El que no se logre, de qué va a depender?

Sería un enorme fracaso para la diplomacia norteamericana no poder persuadir a otros países, mínimo en cuanto a su tamaño, que estaban en el bolsillo de Hugo Chávez, y ahora Nicolás Maduro. Obviamente a los países caribeños antes les interesaba la ayuda petrolera, pero ahora en Venezuela no está en condiciones de darle ayuda a nadie, y tengo que asumir que hay beneficios personales que reciben los primeros ministros directamente de Caracas, y eso es lo que tiene que ser contrarrestado. Canadá y Estados Unidos tienen una gran capacidad de influenciar estas islas del Caribe, pero no olvidemos a Honduras y Guatemala, que tampoco se han pronunciado a favor de la suspensión de Nicaragua, y esos dos países son susceptibles a las presiones norteamericanas.

¿Podrían votar a favor de que se suspenda a Nicaragua?

Definitivamente podrían. El presidente Hernández debe estar preocupado de que si no se alinea con la posición de la mayoría de los países del hemisferio, en cuanto a Nicaragua concierne, podrían encontrarse con una situación muy difícil, no solo con la posición interna, sino con el país más importante del hemisferio, que es Estados Unidos.

Desde que empezó esta crisis, Nicaragua ha sido un tema recurrente en la OEA, ¿cómo evoluciona el caso nicaragüense en este organismo continental, a veces da la impresión que avanza a paso lento?

Es la impresión que tienen algunos, pero así funciona la OEA, es un proceso que es intencionalmente deliberativo, no es una cosa insignificante sacar a un país del concierto de las naciones del hemisferio. Nunca se pensaba que esto se aplicara muy rápidamente, pero la cuenta regresiva va bien adelantada. Estamos a un par de semanas de la convocatoria de la Asamblea General de la OEA, en Colombia. Esa reunión no es para expulsar a Nicaragua, pero esos mismos cancilleres tienen la plena facultad de poder convocarse en una sesión extraordinaria y ahí someter a votación la suspensión de Nicaragua.

Quiero decir que la crisis venezolana es más grande y de más antigua data que la crisis nicaragüense, sin embargo, la crisis de Nicaragua está a punto de estar suspendida del sistema interamericano, mientras que Venezuela nunca ha llegado hasta ahí. Ha avanzado más el caso de Nicaragua.

¿Qué se dice de Nicaragua en Washington? ¿Vendrán más sanciones individuales para el régimen o vendrá otra estrategia de presión de parte de la Administración Trump?

En Washington hay muchas pelotas en el aire. Hay una elección que será muy reñida y que se percibe como algo muy divisivo dentro de Estados Unidos, en 2020, pero prácticamente ya empezó esa campaña. El presidente Trump quiere su reelección y menciono esto porque Trump sabe que no puede ganar la Casa Blanca otra vez si no vuelve a ganar Florida, que es uno de los tres estados como más votos electorales de Estados Unidos, y es el único de los cuatro más grande que está en juego.

Trump sabe que no puede ganar California ni New York, y sabe que tiene asegurado un triunfo en Texas, pero la Florida la última vez la ganó por 1.2% del voto. Necesita ese impulso para contar con el voto de la diáspora latinoamericana, de los venezolanos, nicaragüenses, cubanos, y para este grupo lo que pasa en Nicaragua y Venezuela es importante.

Por eso Trump ha manejado una retórica muy dura en el caso de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Ahora las sanciones para con Nicaragua son enormes y han surtido un impacto muy grande. Desde abril de 2018 a la fecha ni el Banco Mundial, ni Fondo Monetario ni el Banco Interamericano le han otorgado ni un solo centavo en préstamo nuevo a Nicaragua, y el ritmo de desembolso de préstamos existentes está continuando, pero a la tercera parte de la velocidad que suele tener Nicaragua. 

Es una sanción que tiene Nicaragua, se ha aplicado la Ley Magnitsky a más de media docena de nacionales, se le ha quitado la visa a más de 50 nicaragüenses, y una acción que ha golpeado fuertemente al régimen es el corral financiero que se le ha impuesto al Bancorp, el banco de la familia Ortega – Murillo.

Por eso Ortega estaba presionando a la Alianza a que repudiaran la aplicación de sanciones a Nicaragua, a él no le importa mucho el problema o la crisis, económica, financiera y social que vive Nicaragua, pero sí le molesta el saber que en cualquier momento le pueden quitar los recursos importantes que él y miembros de su familia controlan.

¿Ortega está acorralado?

Está arrinconado en este momento, pero es prematuro decir que perdió esto, es más, yo diría que en los últimos seis meses ha hecho un esfuerzo para proyectar una Nicaragua normalizada. Él está apostando a vender un Gobierno que está en control del país, que está haciendo reformas electorales, pero no ha aceptado anticipar las elecciones.

¿Cree que finalmente acepte si se aplica la Carta Interamericana?

Para Ortega es menos importante la Carta Interamericana y la suspensión, que las sanciones norteamericanas. Esto es lo que lo mantienen despierto en las noches. Si Estados Unidos continúa con las sanciones, si se suman países europeos, podría acceder a anticipar elecciones, cosa que no ha aceptado a la fecha.

¿Qué rol juega Europa en esta crisis? Se habla de sanciones desde el Parlamento Europeo.

La Unión Europa ha sido solidaria con el pueblo de Nicaragua, pero ha sido mucho menos agresivo en la aplicación de sanciones que Estados Unidos. Muchas veces en Nicaragua se destacan declaraciones de eurodiputados, pero quizá no comprenden que el Parlamento es como un Parlacen en Centroamérica, y es interesante que hayan diputados de países como España y Portugal que critican al Gobierno de Ortega e insisten en la redemocratización de Nicaragua, aunque hay que estar claro que todas las resoluciones de ellos no son vinculantes, no se traducen en acción de los gobiernos miembros de la UE. Hay mucho más que pueden hacer los países europeos. Hay muchas distracciones en Europa, y hace difícil que una pequeña nación en el centro de América llegue a convertirse en un foco de acción en los parlamentos nacionales. España  tiene que jugar un papel importante.

En el caso de Venezuela, España es el país que lleva la voz ante la UE por el vínculo y cercanía con Latinoamérica, pero no ha ocurrido lo mismo con Nicaragua. No basta con que lleven la voz cantante. Para que se tome en cuenta  a los países Europeos en Managua, en El Carmen, tiene que haber voz y acción.

¿Cuál es el panorama para el régimen en el exterior? ¿El apoyo diplomático ante organismos como la ONU de Rusia, Bolivia, Irán y algunos países caribeños le son suficientes?

No, definitivamente no. Aquí la población tiene que estar clara que para nosotros no todos los países son iguales, por su peso. Estados Unidos no solo es la potencia hegemónica, militar y económica de América, sino es el socio comercial más importante de Nicaragua. Para nosotros el acceso privilegiado al mercado norteamericano a través del DR-Cafta para los 130,000 nicaragüenses que trabajan en las maquilas.

Si los Estados Unidos suspenden el acceso de Nicaragua al mercado norteamericano, sería un desastre total, y significaría que 130,000 nicas pasen a cesantía y eso podría empeorar la situación en las calles de Nicaragua. Sumaría a las personas que están en contra del régimen a un grupo de personas que no han sido tan activistas porque les interesa su empleo.

¿Podría crearse una explosión social similar a la de abril de 2018?  

Sí. La muerte de Eddy de Montes, re-encendió a mi criterio la llama de la libertad en Nicaragua. Mucho del renacer de actividades, como el paro nacional, los piquetes exprés, se deben al rechazo de la población a lo que le pasó a Eddy Montes.

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