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jueves, 11 de julio de 2019

El globito de la OEA.


Hace 12 días, la OEA resolvió en la Cumbre de Medellín darle a Daniel Ortega 75 días para que demuestre que no merece más sanciones por sus violentas, continuas e irreparables violaciones a los derechos humanos del pueblo nicaragüense. 

Al amante rojinegro de los crímenes de Lesa Humanidad, la Resolución, aparentemente, le dio risa.   La OEA, según parece, todavía no acierta en descubrir la raíz del  problema de Nicaragua ni la suerte de los otros pueblos de Centroamérica, excepto Costa Rica, diría yo.

El problema no es Daniel Ortega y sus secuaces.

El problema nicaragüense es el desequilibrio social:  Una clase manda con un dictador, que día a día se enriquece, por un lado y en el otro,  los pobres, que se empobrecen a la misma  velocidad  que los ricos se enriquecen.  Este es, ha sido y será el problema y tarde o temprano tendremos que enfrentarlo.  Por suerte el pueblo tomó la iniciativa, se alzó con los estudiantes civilmente.  

Lo grave as que  la otra parte sigue pensando que Ortega  y sus esbirros pueden seguir en control.

Aun cuando Ortega pudiera llegar al 2021, el estallido social de Abril del  2018 se repetirá.  Por lo tanto, lo más conveniente es poner a un lado a Ortega.  Ignorarlo por unas semanas y convocar un congreso o una asamblea para que la clase pensante, los ricos y representantes de la clase pobre  - el pueblo - monten un diálogo y negocien un nuevo Contrato Social, una nueva Constitución.  

Que los fuertes cedan y los representantes del pueblo consigan el compromiso de compartir bienes y recursos – tierras y salarios en mejor proporción a lo acostumbrado que le permitan al pueblo desterrar la miseria. Simultáneamente romper el desequilibrio político.  

Tiene que haber vigilancia popular en los negocios del estado.

El siguiente pasos sería encontrar un garante de los acuerdos  e inmediatamente notificar a Ortega que tiene e irse, disolver la Policía y al ejército depurar sus filas.

Mientras no nos enfrentemos con decisión al problema social con  medidas para  reducir la pobreza y ablandar los corazones de los ricos seguiremos por el camino equivocado.  Por eso es bueno aclarar que no son las sanciones las que tienen a Ortega en la cuerda floja.  

Lo que hace temblar al dictador es la firme determinación del pueblo, en especial los campesinos, los obreros y estudiantes, que  exigen la renuncia  de Ortega (que se vaya) y elecciones adelantadas.  

Estas condiciones, según los dueños de las calles, no son negociables.  Solo una oposición sólidamente unida cambiará a Nicaragua de una dictadura a una democracia.

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