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lunes, 15 de julio de 2019

Humberto Ortega y los diez millones de dólares del fmln".


 Por Alfonso Hernández / ¿Qué sucedió?  A continuación, escribo sobre un episodio de la revolución sandinista que es poco conocido. Se trata de los diez millones de dólares que el Frente Farabundo Martí prestára a los sandinistas en 1979 para derrocar a Somoza, gestionados por el costarricense Plutarco Hernández. 

Dinero que pasó directamente a las manos de Humberto Ortega Saavedra, usado a su libre discreción, y que, hasta el día de hoy, no se sabe si fue retornado al F.M.L.N., ya que cuando los guerrilleros salvadoreños vinieron a reclamar su dinero a Managua al nuevo gobierno revolucionario, a su retorno hacia El Salvador, el avión en el que viajaban explotó o lo explotaron, y se perdió en el océano Atlántico.

Alguien debe estar vivo y coleando todavía y debe saber si los sandinistas pagaron el dinero o no. Alguno o varios de los comandantes de la R.P.S. deben saber muy bien sobre este asunto, y que pasó con el dinero y el avión. Imagínense ustedes, que ese individuo -HOS- manejó diez millones de dólares en esa época, sin rendir cuentas y sin presentar un reporte detallado de cómo se gastó el dinero. De tal manera que nadie sabe que sucedió con el dinero.

En 1979 Humberto Ortega le dio a Mario Castillo, su concho, $500,000 para que abriera una cuenta en el Banco de Paris de Panamá, para la creación de la corporación, Alfa Comercial, a nombre de Castillo para ocultar al verdadero dueño -HOS-.

Es importante notar que esos $500, 000 eran parte del dinero que los sandinistas habían obtenido de las contribuciones de gobiernos, amigos y movimientos revolucionarios como el F.M.L.N. antes del triunfo de la revolución, y que estaban supuestamente destinados a la lucha por la liberación. (The Civil War in Nicaragua, pagina 63).

Esa corporación fue el gran negocio descarado de Humberto Ortega, que usaba para cobrarle al ejército sandinista, 40% de comisión sobre todas las compras que hacia el ejército sandinista.
¿Se pueden imaginar el enorme volúmen de dinero que obtenía Humberto sobre la comisión de 40% cobrada al ejército, y que depositaba felizmente en sus cuentas bancarias en el extranjero?

Recuerdo cuando estábamos en el servicio militar obligatorio, en las bases o en campaña, que muchas veces andábamos mal comidos, con los uniformes y las botas en pedazos y pasando tantas vicisitudes, mientras Humberto Ortega se echaba a la bolsa en comisión, $400 por cada $1000, pero al pueblo le decían que estábamos en guerra y en estado de “austeridad y eficiencia”.

Regresando al asunto de los diez millones prestados del F.M.L.N. es importante notar que, al manejar a su gusto y antojo tan enorme cantidad de dinero -diez millones de dólares-, le sirvió a Humberto Ortega para adquirir un estatus que nunca se ganó con la carabina en la mano, ya que, en toda su vida de guerrillero, solo participó en un evento bélico en Costa Rica.

En mi humilde opinión, este evento marcó en buena parte, el norte torcido que tomó la revolución popular sandinista, ya que el manejo de tan grande suma de dinero le permitió a HOS adquirir fama y nombre, y al mismo tiempo, le permitió usar el dinero para manipular y mover las cosas a su conveniencia, y al final, le favoreció para llegar a ser el jefe del ejército sandinista, una completa desgracia.

Hay algunas personas que dirán que en mi comentario miento o que esto es una ficción, y lo entiendo perfectamente, ya que este evento es muy desconocido, aun por muchos sandinistas. De tal manera que, he transcrito varias páginas (107 a 110) del libro del periodista español Federico Volpini, de su libro, “Desde Managua”, para que usted mismo se termine de convencer, que los degenerados comandantes sandinistas, aun cuando la sangre del pueblo estaba tibia derramada sobre los adoquines, ellos ya estaban robando descaradamente.

Durante la década de los 80's el código moral y ético de la nación no fue modificado positivamente, pués los que ascendieron al poder, también eran parte y surgían de la idiosincrasia de vicios, corrupción e inmoralidades que se formó en las décadas de somocismo. Los sandinistas, aunque derrocaron al somocismo, eran parte de la idiosincrasia y cultura política de esas décadas, y, por tanto, actuaron acorde. 

Eso explica por qué desde el mismo 19 de julio de 1979, los guerrilleros se apropiaron de las mansiones del somocismo, de los calzones y los vestidos de las queridas de los somocistas, y del por qué fueron dioses déspotas a los que les fascinaba que el humilde pueblo de Nicaragua les dijera sumisamente: “Dirección Nacional Ordene”.

 “En julio de 1978 la tendencia insurreccional del F.S.L.N. compuesta por los hermanos Ortega Saavedra, Plutarco Hernández Sancho y Víctor Manuel Tirado López, deciden pedir ayuda a los compañeros de El Salvador que, a través de impuestos revolucionarios, secuestros y golpes de mano, cuentan con incalculables sumas de dinero. Encargan de la gestión al costarricense Plutarco Hernández, que es el único de los insurreccionales que cuenta con relaciones en el exterior.

Plutarco viaje a México. Allí se reúne con José Puente y junto se acuerda una cita con Fermán Cienfuegos nombre de guerra de Eduardo Sancho Castañeda, uno de los cinco comandantes del Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí”” de El Salvador y jefe de las F.A.R.N. (Fuerzas Armadas de la Resistencia Nacional).

Fermán Cien fuego o Eduardo Sancho, como se quiera, de nacionalidad costarricense -hecho, por cierto, poco conocido -y primo de Plutarco Hernández Sancho, decide inmediatamente acudir en ayuda del F.S.L.N. y se acuerda una cantidad de 10 millones de dólares americanos.

Los primeros 3 millones de dólares llegan a San José de Costa Rica a bordo de una avioneta particular. Por cierto que en el aeropuerto Juan Santamaría, alguien -probablemente un operario- se queda con $150.000 . Esto ocurría a principios de enero de 1979. El dinero en su mayor parte viene en moneda americana.

Sólo en el primer bolso se han incluido medio millón de colones salvadoreños (unos $200.000 al cambio de entonces), que vienen en muy malas condiciones por haber permanecido enterrados largo tiempo. ¢150,000 es todo lo que se pueda aprovechar. 

El resto de los billetes, completamente podridos, es destruido en presencia de los compañeros y tirado a un inodoro en casa de un pariente de Plutarco, donde la dirección tercerista tiene su cuartel general de operaciones políticos-militares en San José de Costa Rica.

Humberto Ortega se hace cargo del dinero restante —$2,650,000 y ¢150,000— y lo traslada a casa de su suegro, Fernando Trejos Mazís.  Ortega se jacta de su categoría, de su importancia dentro del Frente Sandinista de Liberación Nacional. La elevada suma de dinero recibida avala sus palabras, y es precisamente entonces cuando un presumido irresponsable comentario suyo da pie a la denuncia de su suegro con el presidente Carazo.  “La revolución sandinista —le cuenta— “nos ha costado ya más de 30 millones de dólares en forma de sobornos a las más altas autoridades costarricenses.” 

Es un desplante absurdo, demencial al que no se puede dar crédito, pero que induce al señor Trejos acusar al presidente de la República de prestar el suelo patrio para el entrenamiento de refugio de guerrilleros a cambio de 30 millones de dólares.
Y sobre este tema ya se ha pronunciado la justicia, condenando a un año de cárcel al señor Trejos Mazís. Sigamos pues delante con el préstamo del Frente Farabundo Martí a la revolución sandinista, asunto sobre el que aún no se ha dicho la última palabra.
La segunda entrega, esto es 7 millones de dólares, se realiza a finales del mes de febrero de 1979. La totalidad del dinero queda a disposición de la dirección nacional de la Tendencia Insurreccional y bajo el control directo de Humberto Ortega Saavedra, que decide donar medio millón de dólares a las otras dos tendencias, la Proletaria y la de Guerra Popular Prolongada (GPP), como prueba de su deseo de llevar cuanto antes a buen fin la unión de las tres tendencias exigida, ordenadas por Fidel Castro, aunque todavía no se había producido al famoso “rapapolvo” de que les hablaba en la crónica anterior.
Quedan en poder de Humberto Ortega más ocho y medio de dólares USA. 

Es una suma que maneja a su antojo, que administra en función de sus simpatías o antipatías.

El error de Plutarco Hernández y de José Puente al entregarle todo el dinero, lo va a pagar muy claro la revolución sandinista. Y no porque Humberto Ortega se apropia del préstamo de los salvadoreños -pienso que el espíritu de los combatientes, aunque fueran de oficina, superaban cualquier acto de rapiña… por aquel entonces-, sino porque la distribución de dinero no se hizo nunca en función de las necesidades de la guerrilla, sino en el de las preferencias de Humberto Ortega.

Ese dinero le dió un poder omnímodo. Ocho o nueve millones de dólares americanos es siempre una suma importante, pero en aquellos albores de 1979 se trataba de una cantidad de dinero realmente fabulosa.

Si interesante hubiera sido conocer el destino exacto, pormenorizado, de aquellos millones de dólares, no lo sería menos saber si el F.S.L.N. devolvió alguna vez el dinero que le prestara el Frente Farabundo Martí de El Salvador. Yo tengo ciertos datos... que voy a trasladarlos al papel para que cada cual haga su composición de lugar.

El compromiso con los salvadoreños era que el Frente Sandinista se obligaba a devolver los 10 millones de dólares, bien de una vez o por partidas, tan pronto como triunfara  la revolución, la guerra contra el general Somoza, “cuya dictadura urgía exterminar para poder seguir adelante con movimientos libertadores en otras naciones de la zona”.

Al poco tiempo de finalizada la contienda, Augusto Cotto, Ernesto Cacer y una compañera de lucha, todos ellos miembros de la dirección del Frente Farabundo Martí de El Salvador, viajan a Managua, de acuerdo, al parecer, con las autoridades de la nueva Nicaragua, para recibir la totalidad o parte del préstamo. Los salvadoreños piden que el grueso de la suma les fuera entregado en metálico, en billetes de uso corriente, para responder de gastos inmediatos y para evitar complicaciones bancarias.

Nadie sabe el monto de los restituido al movimiento revolucionario salvadoreño, ni se conocen detalles sobre las conversaciones mantenidas con los sandinistas. La avioneta que conducía a los tres dirigentes del Frente Farabundo Martí y a varios oficiales del ejército nicaragüense, estalló sobre el Atlántico y no hubo supervivientes. Se habló de una bomba de relojería, de fallas en el motor, de accidente fortuito. El caso es que Cotto desapareció para siempre... con sus maletas llenas de dólares americanos, ¿o tan vacías como cuando llegaron a Managua?.

Augusto Cotto era un místico de la revolución, un intelectual afable, con una extraordinaria capacidad de comunicación, a quien conocí en México precisamente cuando se disponía a viajar a Nicaragua. Entre café y café -Cotto no comía prácticamente nada-, hablamos sobre la revolución sandinista, sobre la “corrida de héroes” que se estaba produciendo, sobre movimientos en El Salvador, Guatemala y Honduras, y ¡cómo no!, sobre Cuba.

“Nosotros -me dijo- no vamos a permitir ningún tipo de injerencia, ni de cubanos ni de nadie, aunque, por descontado, será bienvenida cualquier colaboración, pero no hipotecaremos nuestro compromiso revolucionario a cambio de nada, venga de donde venga.”
Le encontré pesimista respecto a su viaje a Managua. No lo veía nada claro. No le gustaba el caminar de los nueve gobernantes.

Cotto tenía una cita en Managua con la comandante Ana María y con Cayetano Carpio, dos compañeros en la lucha contra el régimen salvadoreño con un concepto de la forma de conducción de la revolución distinto al suyo, pero nada próximo tampoco al de los nueve comandantes, aunque hubieran elegido momentáneamente como refugio a la capital nicaragüense.

Alguien sabrá lo que Augusto Cotto habló con sus compatriotas, allí en Managua, si es que se encontraron. En cualquier caso ya nadie puede preguntárselo a ninguno de los tres.
A Augusto Cotto le estalló su avioneta sobre el Atlántico. La comandante Ana María fue salvajemente apuñalada meses más tarde. Acribillaron de tal forma su cuerpo que se tardó varios días en reconocer el cadáver.

Cayetano Carpio se suicidó o lo suicidaron, algo después.

Como se vé, un secreto celosamente guardado.”


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