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miércoles, 31 de julio de 2019

La prueba de cómo Mauricio Funes derrochó dinero público.


San Salvador / Tomado de El Faro. Joyas, ropa, vacaciones pagadas en Disney World. El primer presidente de izquierda de El Salvador, Mauricio Funes, usó el dinero de la partida de gastos reservados de Casa Presidencial como si fuera propio. 

El Faro tuvo acceso a 1,810 documentos originales de la Secretaría Privada de la Presidencia –facturas, recibos membretados, comprobantes de pago, depósitos bancarios, estados de cuenta de tarjetas de crédito y préstamos personales- que demuestran que Funes costeó con dinero público un suntuoso estilo de vida para él y su familia mientras estuvo en el cargo.

Los gastos no oficiales documentados por este periódico suman más de un millón de dólares y demuestran que el expresidente mintió en sus afirmaciones públicas y en su declaración jurada de patrimonio. Su utilización de dinero público para gastos privados incluye casi $350,000 por dos vuelos en jets privados, $375,290 en compras con tarjetas de crédito; $169,778 para el pago de préstamos personales adquiridos antes de llegar al cargo, $60,500 en la manutención de una hija de Funes cuya existencia no era de dominio público hasta el momento, o incluso una piñata temática de casi $10,000 para su hijo con Vanda Pignato. Los documentos a los que tuvo acceso El Faro son solo una parte de un archivo mucho mayor que detalla el uso de millones de dólares de la partida de gastos reservados de la Presidencia entre 2009 y 2014.

Desde que empezó a acumular procesos judiciales por delitos de corrupción (tiene cinco órdenes de captura) el expresidente, que está asilado en la Nicaragua de Daniel Ortega, ha asegurado que no hay un solo documento que demuestre que abusó de su posición o robó fondos públicos durante sus cinco años de gobierno. 

Historiales bancarios y estados de cuenta originales de sus tarjetas de crédito en poder de El Faro demuestran, sin embargo, que Funes usó $169,778 de fondos públicos para saldar préstamos personales, y que también con dinero de los salvadoreños compró, en centros comerciales de 29 ciudades alrededor del mundo, joyas por $66,900 y más de $34,000 en productos tecnológicos. Solo en uno de sus múltiples viajes privados a Florida, en febrero de 2011, Funes voló con su familia en un jet privado que solo podría haber pagado de su bolsillo si hubiera ahorrado durante 22 meses los $4,312 de su salario neto mensual como presidente.

Esta es una representación gráfica del escritorio de Funes en Casa Presidencial. Al pulsar sobre algunos objetos se despliega información que permite entender los gustos del expresidente y cómo gastó miles de dólares de fondos públicos para satifacerlos.

Sus gastos, pese a pagarse con las tarjetas de crédito personales, se costeaban con fondos de la partida secreta, conocida oficialmente como gastos reservados. Los documentos en poder de El Faro, que coinciden con lo declarado por ocho exempleados de Casa Presidencial ante la Fiscalía, demuestran que solo entre junio de 2009 y junio de 2011, empleados de esa dependencia realizaron pagos por casi $220,000 a favor de una de las tarjetas de crédito del expresidente. Así consta en 40 boletas de pago originales emitidas por Citibank que El Faro pudo analizar.

Las personas que hicieron los depósitos aseguraron a la Fiscalía, todas, que ese dinero les era entregado en efectivo en la Secretaría Privada de la Presidencia, con instrucciones de las cuentas a las que debían remesarlo. Se trata de un mecanismo de desvío de fondos públicos similar a aquel por el que está preso por corrupción su predecesor en la Presidencia, Elías Antonio Saca. 

De hecho, al menos dos de esos depósitos, según los documentos entregados a El Faro, fueron hechos por el principal obrero de la partida secreta de los gobiernos de Arena, Pablo Gómez, hoy condenado a 15 años de prisión por el caso. 

En sus declaraciones juradas de patrimonio ante la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia, rendidas al inicio y final de su período, Funes aseguró que el gasto de vida mensual de su grupo familiar rondaba, tanto cuando asumió el cargo como cuando lo abandonó, entre los $2,000 y los $4,000. Mintió. Solo en julio de 2010 el entonces presidente realizó compras en Miami por $31,500 con una tarjeta de crédito a la que en ese mismo mes empleados de CAPRES abonaron más de $45,000. 

También pagó, ese mismo mes, $4,500 de un préstamo hipotecario y $1,500 a su ex pareja Elvy Marina Paz Gutiérrez, con la que tuvo una hija dos años antes de llegar a la Presidencia. En total, solo en julio de 2010, Funes gastó del erario público $51,000 sin tomar en cuenta gastos de manutención básica. Esa última cantidad equivale a lo que juró por escrito, ante Probidad, que su grupo familiar gastaba en un año.

Los documentos a los que tuvo acceso El Faro son solo una fracción de todos los papeles de la Secretaría Privada de la Presidencia encabezada entre 2009 y 2014 por Francisco Cáceres, actualmente prófugo y acusado de peculado y lavado de dinero por su gestión durante la administración Funes. La fuente que los entregó a El Faro asegura que el total de los archivos de la Secretaría Privada están almacenados en una bodega y guardan los registros de todos los gastos de la partida secreta de esos cinco años. 

Esta misma fuente entregó meses atrás a El Faro los recibos originales de los sobresueldos del primer gobierno del FMLN que este medio publicó en enero pasado. Funes, a pesar de que este medio publicó los recibos de los sobresueldos y de que dos miembros de ese gobierno admitieron que eran originales, ha seguido negando que su gobierno haya hecho esas entregas de dinero. La Fiscalía aún no ha tenido acceso a esa bodega.

En 2015, el expresidente Funes aseguró a un periodista de televisión que su única fuente de ingresos como presidente fue su salario: “No, no soy rico. Es un chiste decir que se ha creado una oligarquía roja bajo mi gobierno (...) No tengo casa propia, de tal manera que no puedo decir que soy rico. No tengo empresas, no tengo inversiones, no había manera de tenerlas porque los recursos con los que yo viví son los que me pagaba el Estado”.

El día jueves 23 de mayo, este periódico solicitó entrevistas al expresidente y a la ex primera dama por mensajes privados de Twitter. Funes contestó pidiendo el envío de los miles de documentos, asegurando que es víctima de persecución por parte de la Fiscalía y que no tenía conocimiento de cómo se manejó la partida de gastos reservados durante su mandato. 

En su primer mensaje, Funes escribió: "Así que no tengo mayor cosa que agregar a lo que ustedes hayan investigado y que dicen que tienen documentado por mucho que se me quiera involucrar a mí, a mi ex esposa Vanda, a nuestro hijo, a Elvy Paz o a mi hija". Es la primera vez que reconoce a un medio que tiene una hija con Elvy Paz.

El Faro ofreció a Funes enviar a un reportero para entrevistarlo en Nicaragua y mostrale los documentos. Funes aseguró que estaba fuera de Managua dando una asesoría a la Cancillería de aquel país y que no podía atender al periodista. Insistió en ver los documentos. El Faro le hizo saber que se le mostrarían una vez en la entrevista, junto al resto de la investigación, y le ofreció la posibilidad de una entrevista por teleconferencia. Funes declinó también esta opción.

Pignato envió un correo a través de sus abogados. Reconoció los gastos con tarjetas de crédito, los viajes en jet, la compra de ropa a "una señora que traía ropas para vender en El Salvador" e incluso la fiesta de cumpleaños de su hijo en Casa Presidencial. "Todos los pagos de las tarjetas de crédito por compras a mi nombre los pagaba Mauricio Funes", escribió la ex primera dama.

Al final del correo, agregó esta explicación: "Mucha gente cuestiona el hecho de que los gastos míos fueron cubiertos por Mauricio Funes y que sobrepasaban el sueldo de él. Sobre eso quiero aclarar que, durante la Campaña Presidencial, Mauricio Funes recibió donaciones en efectivo y cheques, muchas de ellas fueron depositadas en cuentas bancarias a su nombre y otras cantidades importantes de dinero fueron recaudadas y guardadas en efectivo por el Movimiento Amigos de Mauricio. Posteriormente, después de la campaña, quedaron remanentes de dinero, tanto en la cuenta bancaria como en efectivo.

Esta ultima cantidad la guardó Mauricio Funes en la casa. Nunca supe el monto exacto de tales cantidades, pues él me omitió darme ese dato, pero cuando yo preguntaba si no eran muy altos algunos gastos él me contestó siempre que los cubría, además de su salario, con los remanentes bancarios y en efectivo que quedaron de la campaña presidencial".

Antes de convertirse en político, Funes era un reconocido y galardonado periodista. Fue durante mucho tiempo, casi toda la postguerra, el más crítico de los entrevistadores de la televisión salvadoreña. En 2007, cuando se convirtió en candidato presidencial del FMLN, impulsó una campaña con promesas enfocadas en el combate a la corrupción enquistada tras 20 años de gobiernos de Arena.

Los documentos en poder de El Faro confirman que el Funes periodista pagaba sus deudas con la banca como cualquier salvadoreño de clase media: a través una orden irrevocable de descuento a su salario. Pagaba en plazos su carro Mazda MX-5 y su casa en Santa Elena, Antiguo Cuscatlán. Un historial de pagos del Citibank muestra que, entre diciembre de 2006 y mayo de 2009, Funes entregó mensualmente $1,522 como pago de un préstamo hipotecario por $131,000 que contrajo en noviembre de 2006.

“Precisamos hacer una revolución ética, el bien público no puede ser confundido con el bien personal”, dijo Funes en su discurso de toma de posesión el 1 de junio de 2009.

Apenas un mes después, el 7 de julio de 2009, el dinero de la partida secreta comenzó a llegar a la cuenta bancaria de uno de sus amigos y financistas: Miguel Antonio Menéndez Avelar, conocido como Mecafé. La Fiscalía tiene pruebas de que Mecafé recibió ese día, sin justificación, un primer depósito de la partida de gastos reservados de Funes por $18,620. Mecafé está actualmente en prisión mientras se le procesa por recibir en los cuatro años siguientes $3.1 millones de dólares en 29 transferencias desde la partida secreta. El abogado de Mecafé, el exmagistrado Ulices del Dios Guzmán, dice que esos pagos fueron por servicios de seguridad y que en su momento así lo demostrará ante la justicia.

El dinero público no tardó en llegar también a Funes, concretamente a su préstamo hipotecario. A partir de julio de 2009 lo que antes eran descuentos a su salario se convirtieron en abonos en efectivo, y el valor de las cuotas pagadas aumentó hasta triplicarse: entre julio y octubre, según los recibos en poder de El Faro, se hicieron pagos de $2,500 mensuales; a partir de noviembre y por 17 meses más, el monto ascendió a $4,500 mensuales, más incluso que su salario. Aunque según la escritura del crédito Funes disponía de 15 años −hasta octubre de 2021− para pagar el total adeudado en pagos de $1,522, el entonces presidente saldó la deuda 7 años antes de lo previsto, en marzo de 2014, tres meses antes de finalizar su mandato.

Los fondos no provenían de su salario. En el legajo de documentos se incluyen los movimientos de la cuenta corriente del Banco Agrícola donde Funes recibía su salario y en ningún mes ingresó más de $4,312 incluidos gastos de representación; además, no hay retiros de esa cuenta que se correspondan con los abonos en efectivo hechos al préstamo del Citibank.

Durante su administración, Funes saldó dos préstamos más: cuando llegó al poder tenía pendiente una deuda de $11,900 con el Banco Agrícola y otra de $4,900 con Scotiabank. Ambos los saldó en sus primeros siete meses de gobierno.

Seis funcionarios del gobierno de Funes dijeron en 2011 a El Faro que creían que el lado ambicioso del expresidente se acentuó tras su acercamiento con un familiar del expresidente Saca y operador político, Herbert Saca, a mediados de aquel año, cuando se hicieron famosas las juergas vespertinas en el Centro de Ferias y Convenciones (Cifco), que presidía Mecafé. Por aquellos días ya podían encontrarse botellas de whisky cinta azul, cuyo costo aproximado sobrepasa los $200, en los basureros de la feria.

Pero los documentos originales analizados por El Faro muestran que el estilo de vida de Funes se transformó en los primeros meses de su gestión, y que antes de ese acercamiento a Herbert Saca ya se permitía lujos que con su salario no podía pagar.
Vacaciones en Orlando con dinero público.

En febrero de 2011, la ex familia presidencial Funes-Pignato realizó un viaje turístico a Florida, Estados Unidos, pagado con fondos públicos. Los documentos originales en poder de este periódico demuestran que aquellas vacaciones, que iniciaron el 26 de febrero y duraron tres días, costaron al menos $115,389, el equivalente a dos años y dos meses de salario del expresidente. La suma incluye casi $20,000 en compras con tarjetas de crédito y el costo de alquiler de un jet privado en el que viajaron el expresidente, su entonces esposa Vanda Pignato, el hijo de ambos y familiares de la ex primera dama.

Los registros oficiales de la Presidencia de la República confirman que, por el Acuerdo Ejecutivo No. 102/2011, Funes encargó el despacho presidencial a su vicepresidente, Salvador Sánchez Cerén, del viernes 25 de febrero de 2011 al 28 de febrero.

Una cotización de la empresa estadounidense Universal Jet Aviation dirigida a “Casa Presidencial - República de El Salvador”, y la factura por el alquiler del jet privado, consignan que solo los vuelos de esos días costaron $95,410. El pago incluye el costo del combustible ($8,540) y el suministro de alimentos y bebidas a bordo por $6,710. El viaje entre San Salvador y Florida tuvo una duración de cinco horas con 42 minutos.

Un día antes del viaje, Funes dio un discurso en Capres ante empresarios y cuerpo diplomático: “El pueblo salvadoreño no está pidiendo promesas electorales imposibles de cumplir. Tampoco espera de nosotros verdades a medias que ayuden a mantener los privilegios de unos pocos y sacrifiquen el futuro de la mayoría”, dijo.
Menos de 24 horas después volaba con su familia en una especie de limusina aérea. 

Los registros oficiales del Aeropuerto Internacional de Ilopango, obtenidos por Ley de Acceso a la Información Pública, confirman que el sábado 26 de febrero de 2011, a las 3:08 pm, un jet privado tipo Gulfstream IV con matrícula N823GA despegó con destino al Aeropuerto Internacional de Orlando, Florida, llevando ocho pasajeros a bordo.

Documentos oficiales del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) y de la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA) de El Salvador confirman la lista de pasajeros: Mauricio Funes, Vanda Pignato, el hijo menor de ambos; los padres de la ex primera dama, María Pais y Antonio Pignato; Cristina Pignato y Tiago Cabral de Vasconcelos, hermana y el cuñado de Vanda Pignato respectivamente; y el coronel del Estado Mayor Presidencial William Guzmán Arbaiza.

Cinco de los pasajeros de aquel vuelo enfrentan hoy un proceso judicial por lavado de dinero: Funes, Vanda, su hermana Cristina; su cuñado Tiago y el coronel Guzmán Arbaiza. A excepción de Vanda Pignato, quien permanece arrestada en su domicilio bajo custodia policial, todos los acusados son fugitivos desde junio de 2018.

La fecha de los vuelos, el tipo de aeronave, el número de matrícula y la ciudad de destino descritos en los planes de vuelo proporcionados por DHS y CEPA se corresponden con los datos incluidos en la cotización y en la factura que la empresa Universal Jet Aviation entregó a Casa Presidencial.

Según la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés), en julio de 2014, la empresa Universal Jet Aviation cambió de nombre a Journey Aviation. El Faro intentó contactar a Michael McCauley, presidente de Journey Aviation; y quien en su perfil profesional en Linkedin se autopromociona como presidente, fundador y piloto de Universal Jet Aviation entre 1993 y 2014. Sin embargo, no hubo respuesta. 

Sí se logró contactar a Darren Rothell, exempleado de Universal Jet Aviation y piloto del vuelo de la ex familia presidencial a Florida. En un primer momento, el 8 de enero pasado, Rothell puso a disposición de este periódico una dirección de correo electrónico a la que se hicieron llegar preguntas sobre los servicios prestados a Capres. Tras recibir el cuestionario, el piloto no respondió. El 23 de abril se intentó retomar la comunicación con Rothell. Otra vez, no hubo respuesta.

Tras viajar el sábado 26 de febrero de San Salvador a la ciudad de Orlando, Funes y su familia hicieron un vuelo de 42 minutos el domingo 27 hasta el aeropuerto ejecutivo de la ciudad de Opa-Locka, en el condado de Miami. La cotización detalla que el vuelo de retorno a San Salvador estaba programado para el lunes 28, pero los registros migratorios del expresidente y la ex primera dama señalan que su ingreso a El Salvador se produjo un día después, el martes 1 de marzo.

Según registros oficiales de la CEPA, el vuelo fue clasificado como “oficial”; sin embargo, los registros migratorios de Funes y Pignato señalan el motivo de viaje como “turismo”.

En ese viaje a Florida, el expresidente gastó en un fin de semana $19,979, sin contar alojamiento y comida, según su información bancaria de esos días. Utilizó para ello dos tarjetas de crédito de los bancos Agrícola y Citibank que se alimentaban con depósitos en efectivo provenientes de la partida secreta, tal como demuestran hojas de depósito en poder de El Faro y declaraciones hechas por ocho testigos ante la Fiscalía General de la República.

El domingo 27 de febrero el expresidente gastó $1,295 en el Centro Espacial John F. Kennedy, ubicado a 40 minutos en vehículo de Orlando. El precio de un boleto de entrada a esta atracción turística no supera los $60, pero el costo de paquetes de “experiencias especiales” puede alcanzar más de $200 por persona. Un día después, el lunes 28, Funes visitó el exclusivo Bal Harbor Shops, señalado en guías turísticas como el centro comercial más lujoso de Miami y en el que los visitantes pagan $30 por el servicio de valet parking. Una vez allí, Funes gastó $7,372 en la tienda de artículos de cuero Salvatore Ferragamo y $5,756 en Futuretronics, una tienda especializada en productos tecnológicos y servicios en línea.

Ese mismo día visitó otro centro comercial ubicado a 25 minutos en vehículo del aeropuerto privado de Opa-Locka, donde la familia presidencial había aterrizado el día anterior. Allí, Funes gastó $4,008 en la tienda Apple Store y realizó otras dos compras por $1,546 en Tumi Store, una tienda especializada en venta de equipaje. Solo ese lunes, el primer presidente de izquierdas en El Salvador gastó en Miami $18,683 de dinero público, el equivalente a seis años y 11 meses del salario mínimo más alto vigente en aquel entonces: $224.10.

Uno de los testigos de aquel viaje es el capitán Werner Antonio Rodríguez, miembro del Estado Mayor Presidencial, que fue entrevistado por la Fiscalía como parte de una de sus investigaciones contra Funes. El capitán relató a los fiscales que prestó seguridad al expresidente durante su visita a Miami, y que otro equipo de avanzada hizo lo mismo durante la visita, el día anterior, a Disney World, el famoso parque de atracciones. “En esa ocasión Funes iba acompañado de la esposa, Vanda Pignato, y cuatro o cinco familiares de Vanda, más el niño”, consigna su testimonio.

Durante el viaje, el presidente recibió un abono a su tarjeta del Banco Agrícola, cuyo límite de crédito era de $15,000. El estado de cuenta refleja que una persona en San Salvador realizó un abono de $5,000, lo que le permitió a Funes incrementar su crédito disponible. En los registros no aparece el nombre del depositante.

Según las investigaciones de la Fiscalía, a lo largo de toda su administración Funes recibió en sus tarjetas de crédito personales abonos en efectivo hechos por un total de ocho empleados y exempleados de Capres, que en sus testimonios ante las autoridades reconocen además haber pagado con fondos públicos cuotas de préstamos del expresidente o de sus parejas. 

Las declaraciones, tomadas en calidad de testigos coinciden en señalar al despacho de la Secretaría Privada de la Presidencia como la oficina de la que recibían instrucciones para realizar los pagos y abonos en distintas instituciones bancarias. En esa oficina, aseguran los testigos, les era entregado regularmente dinero en efectivo en sobres tamaño carta, cerrados y rotulados con el número de cuenta o tarjeta de crédito a la que debían abonar.

Las vacaciones de la ex familia presidencial trascendieron al público en abril de 2011, cuando el diario digital La Página retomó fotografías publicadas en la cuenta de Facebook de Cristina Pignato, hermana de la ex primera dama. En una de las imágenes se ve a Funes a bordo de un jet privado. Junto a él posan Cristina Pignato y María Adelina Pais, hermana y madre de Vanda Pignato, respectivamente. El trío aparece en otra fotografía descendiendo del jet. La aeronave de las fotografías coincide en marca y modelo con el jet alquilado a Universal Jet Aviation: un Gulfstream IV con capacidad de 16 pasajeros.

En otra de las fotografías del álbum de Cristina Pignato puede verse a siete de los ocho pasajeros del Gulfstream IV posando frente al castillo de La Cenicienta en el parque temático El Mundo Mágico del resort Walt Disney World. Al centro, Mauricio Funes carga a hombros a su hijo. A sus lados están Vanda Pignato, Cristina Pignato y su esposo Tiago Vasconsellos, Maria Pais y Antonio Pignato. En la estampa no aparece el octavo pasajero, el coronel Arbaiza, a quien la Fiscalía acusa de haberse beneficiado con más de $145,000 de dinero público.

Tras la revelación de aquellas fotografías y ante las críticas de la opinión pública y los partidos de oposición, el exmandatario respondió a través de su secretario de comunicaciones, David Rivas: "Es el avión de un empresario amigo del presidente y de este Gobierno, quien lo invitó a realizar ese viaje a Estados Unidos", dijo Rivas a Diario La Página el 27 de abril de 2011.

—¿Quién es el empresario que prestó el avión al presidente? —le preguntó el periodista de La Página.

—No, cuando hablé con el presidente no entramos en ese detalle. Ni él me lo dijo ni yo se lo pregunté. De modo que es completamente falso que haya usado recursos del Estado para fletar ese vuelo. Tampoco es cierto que se fue de vacaciones. Efectivamente, el viaje se hizo a Orlando, pero no en las fechas que se dice. Fue un viaje de un fin de semana —respondió Rivas. Luego agregó que el misterioso empresario “no tiene negocios con el Gobierno de El Salvador" y se negó a volver a tocar el tema.

En junio de 2018, la Fiscalía acusó a Rivas de lavar más de un millón de dólares de dinero público. El 14 de ese mes, el exsecretario de Comunicaciones se declaró inocente y se entregó a las autoridades. En agosto fue trasladado al sector 9 del penal La Esperanza, donde cumple prisión preventiva.

Al hablar de las fechas del viaje, Rivas se refería a una imprecisión cometida por Cristina Pignato al fechar la publicación en Facebook como “22 de febrero de 2011”. En esa fecha, Funes y Vanda Pignato estaban en Colombia, según los registros migratorios. La red social Facebook permite al usuario etiquetar un evento en la fecha que desee.

Los documentos de migración de Estados Unidos y de autoridades que administran los aeropuertos en El Salvador, los estados de cuenta originales de las tarjetas de crédito de Funes, las fotografías y las declaraciones de los testigos de la Fiscalía confirman sin embargo que entre el 25 de febrero y el 1 de marzo de 2011, el entonces presidente Mauricio Funes y su entonces esposa viajaron con su hijo y la familia Pignato a Orlando en viaje de turismo, visitaron Disney World y el Centro Espacial John F. Kennedy, e hicieron otras compras por más de $17,000, todo ello pagado con dinero público.

El único documento que parece contradecir los hechos es la factura de pago del vuelo en jet privado, que es parte del legajo de documentos que consiguió este periódico y sugiere que fue un empresario guatemalteco, Jonathan Layton, quien pagó el costo de ese jet. El detalle encaja con la versión de Rivas de que un misterioso “empresario amigo” prestó un jet a Funes, a pesar de que tanto la cotización a nombre de Casa Presidencial como la misma factura son de Universal Jet Aviation, la empresa estadounidense que dio el servicio de transporte, y que no pertenece a Layton.

Layton es dueño de la compañía Transportes Aéreos Guatemaltecos (TAG), y dice que sí dio el servicio de un vuelo privado a la Presidencia de Funes, pero en fechas distintas, en un viaje a Roatán, Honduras. Asegura, sobre la factura del vuelo a Orlando, que él no pagó ese dinero.

“Si esos papeles son de la Presidencia, ¿por qué hay una factura a mi nombre?”, se preguntó en voz alta Layton en una entrevista con El Faro en su oficina de Guatemala el  8 de abril de 2019. “Si yo hubiera pagado, los documentos los tendría yo. Han ocupado mi nombre. Yo no pagué esos servicios”, afirma.

Al preguntarle por qué cree que su nombre aparece como pagador en el vuelo de la familia Funes a Florida, Layton responde: “Tal vez me pusieron a mí porque soy la única empresa que hace esos servicios. ¿Me entendés? Pero yo no presté ese servicio”. Según él, en aquel momento solo su empresa prestaba servicios de ese tipo en El Salvador y Guatemala, y especula que esa pudo ser la razón por la que la Presidencia de Funes le usó para justificar el ostentoso gasto.

El empresario guatemalteco relató brevemente lo ocurrido en el único viaje que, asegura, su empresa hizo para Casa Presidencia de la administración Funes. Layton dijo no recordar fechas precisas:  “Él (Mauricio Funes) estaba en Roatán en una fiesta, en un yate, con unas putas. Un desvergue. Me llamaron para pedir el vuelo. Un señor equis. El avión fue. Casi se matan, la puerta del avión se abrió porque iba uno bolo y abrió la puerta del avión en la carrera de despegue, y pegó en la hélice”.

El expresidente, en su última entrevista a El Faro, concedida en San Salvador en julio de 2014, insistió en que los viajes no oficiales que realizó durante su gobierno forman parte de su vida privada y dijo que no tenía que dar explicaciones sobre ellos.
En su correo enviado el 24 de mayo, Pignato dio la siguiente explicación a este medio: "Miami, febrero de 2011. Para ese vuelo, Mauricio Funes solo me dijo que iríamos de paseo y que el vuelo era una invitación de un amigo suyo".

En los documentos analizados por El Faro se encontraba una cotización y una factura de otro vuelo en jet privado realizado entre el 30 de marzo y el 2 de abril. Los documentos trazan una ruta entre El Salvador y dos ciudades de Brasil: San Salvador, Brasilia, Sao Paulo y de vuelta a San Salvador. Nuevamente, la cotización está dirigida a "Casa Presidencial El Salvador". El costo es de $245,537. De nuevo, la factura aparece pagada por Layton. Él negó haber realizado ese pago.

En su correo, la ex primera dama dio a entender que fue Funes quien pagó ese vuelo: "vuelo a Brasil: en este caso tuve una grave emergencia de salud de un familiar y Mauricio Funes me ofreció volar en un vuelo privado y que él se encargaría de gestionarlo". Esta versión de Pignato se contradice con lo que Alexánder Segovia, ex secretario técnico de la Presidencia y pasajero de aquel vuelo, dijo a El Faro en una entrevista el 24 de abril. Segovia aseguró que acompañó a Pignato a reunirse con funcionarios brasileños para tratar temas de cooperación.

El vuelo fue calificado por CEPA como "oficial". De la misma forma registró la Dirección General de Migración y Extranjería la salida de Pignato. A pesar de esto, uno de los pasajeros del jet no era funcionario del Gobierno, sino Tiago de Vasconcelos Cabral, cuñado de Pignato y actualmente prófugo de la justicia salvadoreña.

Los documentos de la contabilidad oculta de la Secretaría Privada de la Presidencia incluyen también los movimientos de las tarjetas de crédito de tres cuentas bancarias a nombre del expresidente en distintos bancos, con sus gastos y abonos a lo largo de seis años. Tanto Funes como la ex primera dama, Vanda Pignato, tenían una tarjeta asociada a cada una de esas cuentas.

Los movimientos reflejados en esos estados de cuenta entre junio de 2009 y mayo de 2014 registran la realización de 343 compras que sumaron $375,290. El 82 % de ese gasto lo realizó el expresidente Funes, con un total de $308,433 en 177 compras. Pignato gastó $66,857 en 166 transacciones.

Durante su gobierno, de acuerdo a los registros bancarios, la entonces pareja presidencial realizó compras con esas tarjetas en 29 ciudades de 12 países. La mitad de ese gasto, un total de $192,309 fue hecho en Miami.

Los registros migratorios de Funes y Pignato indican que la pareja llegó a viajar a esa ciudad hasta tres fines de semana en un solo mes, en julio de 2010.

La compra más alta se realizó, sin embargo, en San Salvador. El martes 12 de octubre de 2010, el entonces presidente de la República deslizó una vez su tarjeta de crédito de Citibank y gastó $9,840 en la joyería Vendôme, en el Centro Comercial Galerías. 

Ese mismo día, a las 4:28 p.m., un empleado administrativo del Ministerio de Defensa, suscrito al Estado Mayor Presidencial, realizó un pago de $8,400 a esa misma tarjeta de crédito; 16 minutos más tarde, otro empleado de Capres realizó un segundo pago de $4,821. En total, según los documentos en poder de El Faro, ambos empleados públicos inyectaron ese día $13,221 a la tarjeta de crédito de Funes.

Era la manera habitual de proceder. Los documentos también registran 119 pagos efectuados a favor de las tarjetas de crédito de Funes, por un monto de $368,591. En total, de las arcas públicas se inyectó en las cuentas de Mauricio Funes durante su gobierno casi el mismo monto que él y su esposa gastaron con sus tarjetas de crédito personales.

En julio de 2009, Funes entregó a la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia una declaración jurada en la que decía que el pago mensual correspondiente a su tarjeta de crédito de Citibank consistía en $100. De nuevo, Funes mintió. El mismo mes en que presentó esa declaración jurada, en julio de 2009, dos meses después de asumir el cargo, Funes ingresó a esa tarjeta dos pagos que suman $5,130.

En los años siguientes fue asiduo visitante de joyerías y tiendas de relojes. Solo en la joyería Vendôme gastó $25,524 en un total de cinco compras, según los documentos a los que El Faro tuvo acceso. Un promedio de $5,104 por visita al establecimiento. Por su parte, la compra más onerosa realizada por la ex primera dama se registró en Nueva York: Pignato gastó $4,349 en una tienda del diseñador Ermenegildo Zegna el 29 de noviembre de 2010.


Este tipo de gastos empezaron antes incluso de la toma de posesión. El 22 de mayo de 2009, Pignato gastó $8,940 en una visita a la tienda Chanel también en Nueva York. Esta compra ocurrió días antes de que Funes asumiera la Presidencia, cuando ni él ni Pignato tenían ingresos declarados. El estado de cuenta de lo gastado en mayo llegó hasta el siguiente mes, como es habitual, cuando Funes ya fungía como presidente.

La ex primera dama declaró a Probidad al asumir el cargo de secretaria de Inclusión Social que trabajaría ad honorem. Dijo algo similar durante su juicio por enriquecimiento ilícito, que inició en marzo de 2016: “Siempre lo dije, desde el inicio, Mauricio (Funes) también lo dijo. Él siempre pagó mis cuentas mientras yo fui primera dama, porque yo no recibía salario”, dijo en declaraciones ante los medios.
Los estados de cuenta de las compras de Funes y Pignato entre 2009 y 2014 registran el monto, el nombre del comercio, la ciudad, el país y la fecha de cada una de las compras, pero no especifican los productos adquiridos.

Sobre estos gastos, Pignato escribió a El Faro que no recordaba con exactitud las compras que hizo con las tarjetas. "Pero sí sé que en algún momento las utilicé para hacer algunas compras", dijo. "Sí recuerdo que algunas veces hice compras en el extranjero con tarjeta adicional de Mauricio Funes que estaba a mi nombre. En algunas ocasiones el propio Mauricio me encargaba que le trajera encargos para él, por ejemplo de la tienda Ermenegildo Zegna. Todos los pagos de las tarjetas de crédito por compras a mi nombre los pagaba Mauricio Funes, incluso los estados de cuenta llegaban a su despacho".

Entre los documentos originales conseguidos por El Faro hay 49 comprobantes de depósitos en efectivo a una cuenta de ahorro del banco HSBC a nombre de Elvy Marina Paz Gutiérrez, secretaria durante algunos años en el Canal 12 de televisión. Se trata de la madre de una hija de Funes que el expresidente ocultó durante su campaña presidencial y todo su gobierno.

“Ella trabajó como secretaria de uno de los mexicanos que dirigía el canal”, cuenta uno de los periodistas que trabajó en Hechos, el noticiero que dirigió Funes algunos años antes de entrar en política. “Estaba en el círculo de los ejecutivos. En el canal era un secreto a voces que andaba con Mauricio”, agregó. Elvy Paz y Funes coincidieron en ese lugar de trabajo desde 2002 hasta 2005, año en que Funes fue despedido tras un conflicto con la empresa por el contenido periodístico difundido. Un año antes, en entrevista con El Faro, Funes había manifestado por primera vez de forma pública su interés por aspirar a la Presidencia bajo la bandera del FMLN.

El expresidente siguió su carrera de entrevistador en el grupo Megavisión y aparentemente continúo con su relación sentimental con Elvy Paz. El 7 de abril de 2007, cinco meses antes de que fuera nombrado candidato presidencial por el FMLN, se convirtieron en padres de una niña, según El Faro pudo constatar en la partida de nacimiento y pasaporte diplomático de la hija. El pasaporte diplomático vencido venía en el legajo de documentos de la Secretaría Privada que El Faro pudo analizar. Escrito con lapicero en una de sus páginas se lee: “familia presidencial”. 

El expresidente mantuvo en secreto su paternidad durante toda la campaña y a lo largo de su gobierno. Oficialmente, su grupo familiar estaba formado por Vanda Pignato y el hijo de ambos, que nació el 16 de octubre de 2007, cinco meses después de que naciera su hija con Elvy Paz. En su declaración patrimonial de inicio de funciones, que presentó ante la Sección de Probidad de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), Funes no reportó ningún gasto relacionado con la manutención de la niña.

Los documentos de la Secretaría Privada de la Presidencia prueban que Funes usó recursos públicos para pagar la manutención de su hija. Entre junio de 2009 y mayo de 2014, siguiendo el procedimiento habitual durante toda su administración, tres empleados de Casa Presidencial ‒Fredy Armando Mulatillo, Juan Wilmer Cáceres Fuentes y Ana Elizabeth Coto, según consta en los comprobantes‒ hicieron en la cuenta de ahorro de Elvy Paz al menos 49 depósitos en efectivo por un monto total de $60,500.

El Faro entrevistó a dos miembros del gabinete de Funes que aceptaron hablar del uso de la partida secreta bajo condición de anonimato. Uno de los exfuncionarios, que encabezó un ministerio, la definió así: “La partida secreta ha sido la caja chica de los presidentes desde hace años. Si llegabas a Capres y decías que tenías a tu mamá enferma, el presidente (Funes) decía: ´denle $10,000’. Muchos de los diputados que ahora lo critican iban a Capres a pedir ayuda”.

Sobre el uso particular que Funes hizo de ese dinero público, este exministro dijo: “Él (Funes) tenía sus excentricidades, en las que gastaba de la partida. Se sabía: las muchachas, vestirse bien... Si malgastó $5 millones, algo así pudo haber sido, no creo que más, no creo que $350 millones (en referencia a la acusación fiscal). La partida secreta servía para lo que el presidente quisiera”.

El otro alto funcionario coincidió en señalar la partida secreta como un “cheque en blanco” del que disponía el presidente. Según dijo, servía “hasta para irse de compras”: “Durante misiones internacionales, el presidente atendía el mínimo de la actividad oficial y no participaba en reuniones bilaterales, pero sí iba de compras a centros comerciales”.

Entre los 1,810 documentos originales analizados por El Faro hay también hojas de recibo de la oficina de la Secretaria Privada, con el membrete del Gobierno de El Salvador. Se trata documentos internos elaborados en Capres para llevar control de algunos gastos de la partida secreta y, al igual que los recibos de sobresueldos publicados por este periódico en enero pasado, son la huella documental del gasto de miles de dólares en efectivo. Esos documentos nunca se entregaron al ministerio de Hacienda ni a la Corte de Cuentas de la República, sino que fueron guardados en cajas y posteriormente embodegados, como una especie de contabilidad paralela.

Uno de los recibos más llamativos, por el monto y el motivo del gasto que consta en él, es del 15 de abril de 2011. Dice: “No 321. Recibo de caja por $61,800. Recibí de la Secretaría Privada la cantidad de: Sesenta y un mil ochocientos. Para: Ropa de la primera dama. Sujeto a liquidación comprobante de gastos”. La firma es un garabato en el que no se distingue nombre o apellido, pero debajo está apuntado lo siguiente: “Lulinha”.

Ese nombre se repite una vez más en los documentos analizados por El Faro, en una hoja de recibo por $40,000 con fecha 19 de noviembre de 2010. La firma de esa hoja es distinta, pero la letra y el nombre del destinatario son los mismos: “Lulinha”. El motivo del gasto no está especificado.

Dos exfuncionarios de Casa Presidencial dijeron a El Faro no conocer en persona a Lulinha, pero aseguraron que la ex Primera Dama tenía en su equipo una experta en moda que le compraba ropa y accesorios. Uno de los exfuncionarios mencionó el nombre Lulinha sin que El Faro lo hubiera sacado en la conversación. 

En su respuesta por correo electrónico, Pignato escribió sobre Lulinha: "es verdad que una señora que traía ropas para vender en El Salvador me vendía a mí, pues yo era una de sus clientes y me consta que en CAPRES ella tenía otros clientes. Yo le compré a ella ropa y zapatos de manera regular, así como trajes y camisas para Mauricio Funes. 

Yo le compré vestidos y zapatos (principalmente de la marca Corello, marca brasileña) y calculo a grandes rasgos que anualmente esas compras no pasaron de unos 5 mil dólares. Reitero que esos gastos fueron pagados por Mauricio Funes. La señora venía a REPRES (Residencia Presidencial), yo escogía los productos y ella iba posteriormente a CAPRES, directamente con Mauricio Funes para cobrarle. Desconozco la forma y cuota de pago que Mauricio hacía con esta señora, así como desconozco la cantidad de ropa, zapatos y demás artículos que le vendía a otras personas en CAPRES".

Además del uso de fondos públicos para pagar la manutención de su hija con Elvy Paz, los documentos analizados por El Faro también demuestran que el expresidente utilizó recursos públicos para otros asuntos familiares, como la celebración del tercer cumpleaños de su hijo con Vanda Pignato que, según la hoja de recibo, costó casi $10,000.

La piñata fue la tarde del sábado 23 de octubre de 2010 en Casa Presidencial y convocó a más de un centenar de invitados.

“Era un evento bien, bien grande (...) había inflables, había ruedas, hasta un helicóptero de los de Casa Presidencial había”. Así describe la piñata uno de los proveedores de servicios que trabajó en la fiesta. Según esta persona, que pidió anonimato, el festejo ocurrió con las mesas dispuestas alrededor del helicóptero, ya que el tema era la aviación. “Me extraña la cifra que aparece ahí (en el recibo), porque creo que fue más”, agregó.

La cifra en el recibo es de $9,950, y en el concepto se lee “celebración cumpleaños” y el nombre del hijo de Funes y Pignato. El pagador, según el documento, fue “Residencia Presidencial”. El recibo, parte del archivo de la Secretaría Privada de la Presidencia de Funes, desglosa el gasto en cada uno de los servicios prestados en la fiesta: $415 en “cohetes y aviones (cartón)”; $280 en ocho “cohetes de regalo”; $1,350 en comida; $1,200 en compras en supermercado; $405 en meseros; $385 en pastel.

Al respecto, Pignato escribió: "la fiesta de cumpleaños que ha sido señalada efectivamente se llevó a cabo en el año 2010 y los gastos fueron pagados por Mauricio Funes. Desconozco pormenores de forma de pago y cantidad".

Según el recibo, solo por los globos que adornaron esa tarde el hangar de Casa Presidencial, la familia Funes-Pignato pagó $1,200 con dinero de los salvadoreños. El proveedor entrevistado por El Faro confirmó el detalle. En una tarde, el primer presidente del FMLN, gastó en globos lo que un policía de nivel básico gana en dos meses.

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