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lunes, 8 de julio de 2019

Los paramilitares son ex policías y exmilitares.


Tomado de Confidencial. Por considerarlo de mucha importancia, reproducimos este reportaje sobre la confesión de un paramilitar, quien revela detalles sobre la masacre cometida por la dictadura de Daniel Ortega para sofocar la rebelión cívica que inició el 18 de Abril del 2018.  

“La gente en cada barrio sabe quién es paramilitar. Son sus vecinos, los tricicleros, trabajadores de las alcaldías, exguerrilleros o ex policías”, afirma ‘Claudio’, oficial activo de la institución policial. “Son exmilitares, militares, y hasta pandilleros, todos esos”, expresa con aplomo mientras toma un trago de café en una panadería popular de la capital.

Claudio’ es un oficial de policía profesional. Le tocó estar el 18 de abril de 2018 en Camino de Oriente, el primer día de la protesta ciudadana que dio paso a una rebelión cívica, reprimida con violencia, dejando 325 muertos, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Ese día las fuerzas especiales, según ‘Claudio’, tenían orden de “despejar la vía sin golpear o detener” a los manifestantes. “Quienes hicieron el trabajo sucio fueron los de la Juventud Sandinista”, afirma.

Este oficial decidió hablar con CONFIDENCIAL bajo la condición de anonimato, pues si revela su identidad su vida estaría en peligro. “Yo hablo porque tengo una deuda moral con Nicaragua, luego que pase todo esto, yo daré una conferencia para contar todo lo que sé”, insiste.

‘Claudio’ está claro de la brutal represión cometida por la Policía Nacional bajo órdenes del dictador Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo. Cuando quiso salir de la institución ya era demasiado tarde. “Los mismos jefes nos dijeron que quien se fuera iba a ser ejecutado”, asegura. Ante la amenaza lo único que hizo fue tratar de mantenerse al margen, sin embargo, tampoco lo consiguió.

El oficial conoció sobre los operativos efectuados por la Policía en la Operación Limpieza, que incluyó a los grupos paramilitares: sujetos armados con fusiles de guerra de alto calibre que actuaron bajo la organización de la Policía y que también fueron apoyados, según este agente, por exmilitares y efectivos activos que se vistieron de civil para no ser identificados.

“El 18, 19, 20 de abril hasta el 30 de mayo, los que estaban en la calle eran oficiales comunes, agentes de tránsito, antimotines y sí, había miembros de la Juventud Sandinista. Después de esa fecha, dentro de la institución hay muchas bajas y llegamos a junio con el levantamiento de las barricadas. Daniel decía que la Policía estaba acuartelada, y fue cierto al inicio, pero era porque había muchos heridos”, explica ‘Claudio’. 

De acuerdo a la versión de ‘Claudio’, al no dar abasto con los efectivos policiales, “el Gobierno reactivó a su vieja militancia”, es decir, a los exguerrilleros, y también “sacó a las calles” a la brigada de Tácticas y Armas Policiales de Intervención y Rescate (Tapir), que tienen entrenamiento y formación militar.  Mientras cuenta esta parte de la historia, ‘Claudio’ toma un respiro, bebe otro sorbo de café y voltea a ver a todos lados.

Quiere cerciorarse que no lo vigilan. Luego suelta una afirmación que ha dado vuelta en las cabezas de todos los nicaragüenses: “También sacaron a gente activa del Ejército que se vistió de civil”.

— ¿Vos reconociste a los militares?  —No. Pero fue fácil identificarlos. El entrenamiento, la forma en cómo ordenaban y cómo se desplazaban, cómo actuaban. No eran Tapir, eran militares.

‘Claudio’ afirma que, para blindar a los Tapir, exmilitares y militares activos, el Gobierno también recurrió a su militancia dentro de las instituciones del Estado, en los barrios y comunidades de todo el país. Los secretarios políticos se encargaron de reclutar a trabajadores de las alcaldías, miembros de la JS y pandilleros.

Además de contar con la experiencia de exmilitares, militares, Tapir, oficiales comunes y con el blindaje de los pandilleros y miembros de la Juventud Sandinista, de acuerdo al testimonio de ‘Claudio’, el Gobierno buscó una última pieza en su rompecabezas: expolicías que “capacitaran” y dirigieran en el terreno a los hombres con menor experiencia.

Uno de estos efectivos fue “el Gato”, un hombre regordete y moreno, que participó como paramilitar en la Operación Limpieza de Masaya.

“Fue policía, pero lo corrieron, después andaba en un taxi porque le estaba yendo mal, y luego fue que lo vimos en unas fotos que circularon el día que liberaron a (Ramón) Avellán (comisionado general y jefe de la delegación policial de Masaya) y mataron como a cuatro protestantes. Aquí en Masaya todos lo conocen. Él es un paramilitar reconocido en el pueblo”, afirma ‘Carlos’, un poblador de Masaya, que también habló bajo condición de anonimato.

El primer ataque ejecutado por los grupos paramilitares, que registraron los medios de comunicación, fue el 11 de junio. Ese día los escuadrones de la muerte salieron por la mañana a derribar las barricadas que pobladores de los barrios orientales habían ubicado en las pistas principales de la capital. Andaban acompañados por agentes de la Policía y trabajadores de la Alcaldía de Managua, quienes con maquinaria pesada despejaron la vía del barrio El Edén.

Un análisis detallado del arsenal usado por el ejército de los paramilitares del régimen en contra de la población durante la rebelión cívica, demuestra el despliegue de al menos siete tipos armas de guerra empleadas, y también sugiere que la unidad de Tácticas y Armas Policiales de Intervención y Rescate (Tapir) estuvo involucrada en la masacre.

El análisis fue realizado por Bellingcat, un portal holandés dedicado a realizar investigaciones periodísticas a partir de fuentes abiertas. Para analizar el arsenal paramilitar, Bellingcat se basó en diferentes videos de la represión, y en el informe final del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

Bellingcat se centra en dos de los episodios más brutales de la represión paramilitar: el ataque a la UNAN-Managua y la iglesia de la Divina Misericordia el 13 de julio de 2018, y la toma de Masaya el 17 y 18 de julio.

A partir de un detallado análisis de la prueba videográfica y fotográfica, Bellingcat identifica un despliegue de fusiles de guerra empleados por los paramilitares: AK-47, fusil de francotirador Dragunov, ametralladora PKM, y rifles M16. También encontraron fusiles Remington 700, pistola Jericho 941, y cargadores de balas de tambor modelos soviéticos, con capacidad de hasta 75 balas.

‘Claudio’ coincide con el informe de Bellingcat y agrega que el arsenal de armas de guerra salió del Ejército Nacional, pues la “Policía no tiene ese armamento. Sí es cierto que hay AK-47, armas cortas, y nueve milímetros, pero PKM o Dragunov, no. Eso salió del Ejército”.

Sin embargo, el ocho de marzo de este año, CONFIDENCIAL entrevistó al capitán ‘Leonardo’, quien aseguró que la Policía ordenó usar las armas de las bodegas de la Dirección de Registro y Control de Armas de Fuego, Municiones, Explosivos y Materiales (DAEM). 

“De esas bodegas mandaron a sacar las armas y se las dieron a policías que andaban vestidos de civil, y también civiles (paramilitares) reclutados por el secretario político de mi departamento. Eran tipos conocidos en la alcaldía y los armaron para volar plomo”, narró el capitán ‘Leonardo’.

Entrevista a expolicía: “La orden era eliminar a los líderes de la protesta” Opinión | Carlos F. Chamorro: Las órdenes de Ortega y la confesión del jefe policial.

Las armas de guerra fueron usadas por los Tapir, los militares vestidos de civil y los exmilitares reclutados por el Gobierno. A los pandilleros, miembros de la JS y militantes sandinistas les asignaron armas cortas y escopetas.

“No les dieron las pesadas porque para eso se requiere preparación, y eso no se aprende de un día a otro. En los videos, si usted ve bien, los paramilitares de poca experiencia solo esas andaban, los otros se dejaron ver poco, creo que en Masaya solo. 

¿Cómo sé cuáles son los pandilleros y JS? Bueno, porque esos siempre cargaban una mochila pequeña, no sé por qué, pero siempre andaban una. Ahí andaban comida y municiones”, explicó ‘Claudio’.

“Todas las escopetas salieron de las alcaldías. Las armas que usan los paramilitares son las armas que la Policía tenía ocupadas”, afirma ‘Armando’, otro oficial de la Policía entrevistado para este artículo.

‘Claudio’ añade que las camionetas que usaron los escuadrones, en su mayoría, salieron de las alcaldías de los municipios y de otras instituciones del Estado. También de una rentadora de autos que es propiedad del Gobierno (que no identificó) y algunas habían sido las ocupadas en operativos antidrogas.

CONFIDENCIAL confirmó hace algunos meses, con la documentación en mano, que una camioneta Nissan Frontier 4×2 plateada, placas M 175-870, en la que se movilizaba un paramilitar portando un arma de guerra, era propiedad de la Alcaldía de Managua (Alma).

También que un vehículo conducido por paramilitares que intimidaba a 100% Noticias, antes de su ocupación en diciembre de 2018, usaba placa de un vehículo incautado al narcotráfico.

— ¿Cómo era el despliegue cuando iban a limpiar las calles?

—En las camionetas siempre andaban un militar o exmilitar, quizás dos exguerrilleros, un exoficial y el resto eran pandilleros. El de mayor experiencia es el que coordina el grupo.

En el terreno, cuando limpiaron las calles de los departamentos que estaban con tranques, la organización fue distinta. ‘Claudio’ detalla que la primera línea estaba integrada por los pandilleros y miembros de la JS, todos coordinados por un exmilitar, Tapir o excombatiente. Detrás de ellos iban las fuerzas especiales y, cuidando los espacios, estaban los francotiradores, ubicados estratégicamente en zonas altas de los poblados.

“Los francotiradores eran los Tapir o militares, eran los únicos con la preparación adecuada para usar ese tipo de armas. Son entrenados para eso. Imaginate que la mayoría van a pruebas de polígono siempre, y los mandan a cursos en Rusia o Panamá. 

A veces les daban armas a los antimotines, armas que nunca habían usado, pero no era siempre”, asegura ‘Claudio’, y agrega que la orden que tenían en esos meses era “matar a los terroristas, matar, hacer limpieza. Limpiar a como fuera, sin importar si había muertos o no, si capturaban o no”.

A los paramilitares les ofrecieron pagos de 200 y hasta 500 córdobas diario. Algunos recibieron electrodomésticos y terrenos para construir sus casas. “Ellos estaban felices. Es cierto, murieron varios (encapuchados), pero eso no lo va a decir el Gobierno, no le conviene. Pero se sentían contentos, como que habían ganado una guerra”, insiste ‘Claudio’.

El 17 de julio, luego de ejecutar la Operación Limpieza en Monimbó, Masaya, los paramilitares fueron fotografiados en la placita de Monimbó. Había sujetos vestidos con camisas de color azul, pantalones de camuflaje y encapuchados. También agentes Tapir, que posaron con el armamento de guerra usado ese día. “No hay militares vestidos de militar. No hay porque ellos andaban de civil o vestidos también como Tapir”, afirma ‘Claudio’.

¿Dónde están los paramilitares?

‘Armando’, el segundo oficial entrevistado para este reportaje, también pidió omitir su nombre verdadero y detalles particulares de su vida.

Él también es un agente en servicio e identifica entre los paramilitares a delincuentes, excombatientes, trabajadores de las alcaldías y miembros de la JS.  Sin embargo, discrepa de ‘Claudio’ sobre la presencia de exmilitares y militares activos. Evade el tema y prefiere mencionar otro aspecto sobre los encapuchados que reprimieron a los manifestantes contra el régimen de Ortega y Murillo.

“Los paramilitares, en su mayoría, son delincuentes y consumidores de droga. Les prometieron pagos, regalos, tierras, de esas que se anduvieron tomando. Fueron reclutados también por los miembros del Consejo del Poder Ciudadano, los famosos CPC”, afirma ‘Armando’.

Paramilitares orteguistas: ¿quién puede desarmarlos y desmantelarlos?

Indica que “algunos paramilitares trabajan en las alcaldías, como guardas de seguridad, y otros como recolectores de basura. Otros pasaron un curso de tan solo tres meses en la Academia de la Policía y hoy son antimotines”.

‘Armando’ confirma que los pandilleros que fueron reclutados, al igual que los expolicías que tenían antecedentes delictivos, recibieron otra recompensa: su récord policial quedó completamente limpio y a algunos les ofrecieron integrarse a las filas de la institución.

“Ellos andan tranquilos, manejando sus triciclos, vendiendo, consumiendo, trabajando en la misma Policía, en sus actividades normales, pero están al llamado para cualquier cosa. Ahorita la cantidad de paramilitares es menor porque lograron neutralizar al pueblo, pero los CPC siguen coordinando. Como te digo —advierte Claudio— están al llamado”.

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