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jueves, 18 de julio de 2019

Nicaragua, de la revolución de julio a la rebelión de abril.


Víctor Tinoco, exguerrillero sandinista y la estudiante Dolly Mora repasan la lucha contra el somocismo, de cuyo triunfo se cumplen 40 años, y el levantamiento de jóvenes contra Ortega.

En 1973, con tan solo 20 años, Víctor Hugo Tinoco fue “reclutado” por la guerrilla del Frente Sandinista que pretendía derrocar la dictadura de Anastasio Somoza, el último de una dinastía que había gobernado Nicaragua desde 1937.

Era un joven idealista, educado en los valores cristianos de justicia en el seminario nacional por curas francocanadienses, en un ambiente imbuido por la Teología de la Liberación, cuyo principio era la opción preferencial por los pobres. 

En 2018, Dolly Mora, estudiante de Sociología por la jesuita Universidad Centroamericana, feminista, activista y avezada usuaria de redes sociales, se unió, con 26 años, a miles de estudiantes universitarios que tomaron las calles del país para retar a Daniel Ortega, el otrora guerrillero sandinista que pretende perpetuarse en el poder e imponer, según sus detractores, una nueva dinastía familiar.

Tinoco y Mora forman parte de dos generaciones que con 40 años de diferencia han protagonizado las dos gestas que han marcado la historia reciente de Nicaragua, en una lucha, dicen, por la libertad, la justicia y la construcción de una nueva sociedad.

El Frente Sandinista de los años setenta, de cuyo triunfo este viernes se cumplen 40 años, se había convertido en una guerrilla urbana que atraía a miles de jóvenes hastiados de los desmanes de la familia Somoza.

Una generación que no había conocido otra forma de gobierno más que la dictadura con la que una élite se había enriquecido a costa de mantener en la miseria, el abandono y la ignorancia a cientos de miles de nicaragüenses. 

Tinoco estudiaba en la rebelde Universidad Nacional, en Managua, un semillero de guerrilleros que era el polvorín que quitaba el sueño a Somoza, siempre con ganas de romper la autonomía universitaria y enviar a la temida Guardia Nacional a asaltar sus aulas. Pero dentro del campus los jóvenes tenían relativa seguridad y libertad. Tinoco se convirtió en dirigente estudiantil y pronto se vio organizando a estudiantes, incitando a la gente en los barrios y en los sindicatos.

“La revolución sandinista y toda la gesta heroica, de lucha de la juventud de los años setenta, fue básicamente antidictatorial, antidinástica y por la libertad de Nicaragua. Esas eran las aspiraciones fundamentales del grueso de los combatientes del Frente Sandinista. 

Estoy seguro, ahora lo entiendo a estas alturas, que había algunos sectores muy reducidos que tenían otras agendas, otros proyectos más ideologizados, pero el motivo que empujó a nuestra juventud de los setenta era acabar con la dinastía y lograr la libertad de Nicaragua”, comenta Tinoco por teléfono desde Managua.

Dolly Mora forma parte de una familia en la que la mística sandinista ha tenido mucho peso. Sus tías se involucraron en la lucha guerrillera y ese pasado ha marcado su juventud. Cada año, comenta, asistía con su familia a la celebración del aniversario de la revolución, un festejo casi religioso. “Para mí fue una gesta en la que mi familia y su generación se jugaron la vida en su momento”, afirma.

En 2006, sin embargo, rompió “la conexión”. Ese año, con la aspiración de regresar al poder en Nicaragua tras casi dos décadas liderando la oposición, Ortega, que pretendía lograr el respaldo de la Iglesia, respaldó una reforma al Código Penal que ilegalizó el aborto en su totalidad.

“Para mí fue suficiente para romper con la ideología sandinista. Hoy hay ataques por eso, por venir de una familia sandinista. Pero no me afectan. Yo ahora soy militante feminista”. Para el asombro de su familia, Mora se integró a las manifestaciones estudiantiles que estallaron el año pasado contra Ortega y pronto se vio atrincherada en la Universidad Politécnica.

“Esta es la generación del descontento social, que viene desde hace muchos años. Mucha gente decía que era una generación apática, pero muchos jóvenes se habían involucrado en distintas agendas por el cambio, el feminismo, el movimiento LGBTI. En abril de 2018 se rompió el silencio”.

Aunque ambas generaciones parecen enfrentadas —“son dos momentos distintos. Nosotros no tenemos armas”, afirma Mora—, Víctor Hugo Tinoco dice que hay “muchísimos paralelismos” entre ambas. “Nuestra generación luchó contra la dictadura y la dinastía, porque para nosotros era aborrecible que después del presidente gobernara su hijo. Queríamos justicia social, mejor distribución de la riqueza y libertad.

Los muchachos de ahora están en lo mismo, enfrentándose, queriendo poner fin a la dictadura de los Ortega y quieren libertad, una sociedad democrática, de justicia social. No están casados con un proyecto ideológico, pero sí quieren poder elegir a sus gobernantes.

En aquella época estabas dispuesto a dar la vida. Y los jóvenes de ahora, aunque ya no se plantean la lucha armada porque entienden que no deja nada, se involucran bajo el riesgo de perder la vida. Es compromiso que están asumiendo, su compromiso es el mismo, la mística es la misma, pero el método, por primera vez es diferente”.

Mora afirma que lo que su generación pretende es construir una “nueva Nicaragua”: una sociedad, dice, con otra propuesta, con más espacio para las mujeres y la comunidad LGBTI. “El sandinismo como idelogía ya caducó. Solo genera mucho desprecio”, sentencia.

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