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jueves, 18 de julio de 2019

Nicaragua, la película repetida.


El presidente Daniel Ortega, que gobernó por primera vez al triunfar la revolución sandinista, logró sofocar a sangre y fuego una rebelión cívica que se inició el 18 de abril del año pasado con demandas sociales y terminó exigiendo su salida del gobierno que administra junto a su esposa e hijos desde 2007.

Para sus seguidores, el ex guerrillero de 73 años sigue siendo el líder en una nueva fase de la revolución y ha derrotado un "golpe de Estado terrorista”. Para sus detractores, en cambio, Ortega es un caudillo, "un nuevo Somoza” a quien culpan por el saldo trágico de la revuelta de abril: cientos de muertos y presos, millares de heridos y decenas de miles de exiliados que continúan fuera del país.

"La historia de Nicaragua es una historia de conflictos por el poder político, de regímenes autoritarios y excluyentes a los cuales se responde con revoluciones”, dice a DW la política e historiadora Dora María Téllez, quien siendo una guerrillera de 24 años asaltó el Palacio Nacional, donde funcionaba el Congreso de Somoza, al frente de un comando armado sandinista.

"Nicaragua tiene una deficiente cultura democrática, con cierta predilección por los caudillos u hombres fuertes, que luego se convierten en dictadores que tenemos que botar”, agrega Téllez, desde hace varios años en la disidencia del Frente Sandinista. 

A su juicio, la rebelión de abril puso un parteaguas a esa tradición, al proponer "una lucha cívica y no armada, un enorme movimiento auto-convocado y un reclamo de protagonismo de los jóvenes, los campesinos y casi toda la sociedad, en demanda de justicia y libertad”.

"Pienso que este es un gran desafío que está planteado: cambiar el sistema político de Nicaragua, un sistema arcaico y autoritario que Daniel Ortega convirtió en una dictadura represiva y criminal”, añade.

Esta opinión la cuestionan los más leales funcionarios sandinistas, como el ex "comandante Cero”, Edén Pastora, quien dirigió junto a Téllez el asalto al Palacio Nacional en 1978. Tras formar parte de los "contras” en la década de 1980, hace años volvió al redil sandinista y recibió de Ortega una protección incondicional.

"Somoza era un dictador que violaba la Constitución y se enriquecía robando; Daniel Ortega es un luchador social que ha respetado la Constitución y que ha consagrado su vida al bienestar del pueblo”, dijo Pastora en una reciente entrevista a un diario chileno.

Aseguró que el Frente Sandinista "es indestructible” y que la revolución "está más vigente que nunca, porque ahora vamos a celebrar dos victorias: la guerra revolucionaria de 1979 y la victoria política sobre un grupo de antisandinistas que quisieron dar un golpe en 2018”.

Según la oposición, el octogenario "Cero” fue uno de los viejos sandinistas que ayudó a organizar y armar a los paramilitares que aplastaron a los manifestantes atrincherados en barricadas el año pasado. A su lado, algunos ex coroneles y generales del Ejército se habrían enfrascado en esa misión letal.

Si bien varios ex militares se mantienen fieles a Ortega, solamente uno de los nueve máximos comandantes de la revolución le apoya hoy: Bayardo Arce, el asesor económico presidencial que se mantuvo a su lado tras la muerte del veterano ex ministro del Interior Tomás Borge, en 2012. De los seis restantes, otro falleció mucho antes y el resto hoy guarda distancia del oficialismo.

La esposa de Ortega y vicepresidenta, Rosario Murillo, anunció que celebrarán el 19 de julio en una plaza llena de simpatizantes, después de una noche de vigilias y un carnaval que recorrerá los barrios de Managua con carrozas y comparsas. 

"El 19 de julio será feriado nacional, triunfo de la revolución, triunfo del pueblo, triunfo de la democracia, triunfo de la libertad, triunfo de los derechos de los y las nicaragüenses”, dijo Murillo en una de sus recientes intervenciones en la televisión estatal.

Carlos Carrión, quien fue el principal líder de la Juventud Sandinista en los años ‘80, ya no se involucra en política ni respalda al gobierno. Sin embargo, al ser consultado por DW, reivindica el legado de aquella revolución que se ganó el respaldo de millones de personas en todo el mundo.

"Nos quedan los valores que están en la mente y en el corazón de las nuevas generaciones de nicaragüenses. Valores que nos inspiraron y que siguen inspirando a muchos, como solidaridad, dignidad, justicia social y libertad política”, afirma.

La hija de Carrión, la cineasta Gloria Carrión Fonseca, hizo hace dos años una película en la que critica a sus padres por haberle dado más tiempo a la revolución que a ella, durante su niñez. En el mismo filme, Carlos Carrión aparece en escena y pide disculpas por la muerte de los jóvenes que eran reclutados para el servicio militar obligatorio durante el primer gobierno de Ortega.

La revolución de los ‘80 también afectó a miles que adversaban al sandinismo. Muchos de ellos hoy siguen en la oposición y sienten que su vida se repite como un dejavú. La socióloga Violeta Granera tenía 28 años cuando los sandinistas derrocaron a Somoza y posteriormente asesinaron a su padre, el senador somocista Ramiro Granera.

Hoy, como dirigente del Frente Amplio por la Democracia (FAD) y de la Alianza Azul y Blanco, creada tras las protestas de 2018, Granera sufre amenazas constantes. "Por ahí dicen los orteguistas que solo me espera plomo, cárcel o exilio. Respeto profundamente a los que han tenido que salir para proteger sus vidas. Con varios colaboré. Pero mi contribución con ellos/as, con los asesinados y con los presos es que no me iré”, escribió en un reciente tuit.

A tono con Dora María Téllez, el controvertido obispo católico Silvio Báez, quien fue trasladado a Roma a pedido del papa Francisco, considera que "actualmente en Nicaragua no se lucha por el poder, sino por cambiar la forma de ejercer el poder”. "Quienes tienen actualmente el poder en Nicaragua han ido construyendo un sistema dictatorial con tintes dinásticos, caracterizado por la mentira y el cinismo, la corrupción, la injusticia, la represión criminal y el irrespeto a los derechos humanos”, declaró Báez recientemente a la prensa.
La iglesia católica tuvo un papel activo en apoyo a las protestas sociales de 2018, lo que le valió el rechazo del gobierno que acusa a los principales obispos de apoyar el supuesto "plan golpista” para derrocar a Daniel Ortega.

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