Desde Nicaragua,cuna de Rubén Darío transmite "La Nica" la Radio de Nicaragua.: ♪SINTONIZA EN VIVO



TITULARES

martes, 26 de noviembre de 2019

¿Cuál Paz, Señor Nuncio? ¿Cuál Paz?


Por Carlos Mikel Espinoza. El 14 de junio del 2018 arribó a Nicaragua el nuevo Nuncio Apostólico, Waldemar Stainslaw Sommertag.

Nicaragua era un hervidero, con enfrentamientos, heridos y muertos en las calles de las principales ciudades de Nicaragua. Venía a sustituir a Fortunatus Nwachukwu  y muchos dijimos: “Cualquier cosa es mejor que Fortunatus”. El sacerdote africano se iba como vino a Nicaragua: Sin pena ni gloria, en términos generales.

Por una cuestión de fe o de cultura, algunos confiaron en la intercesión de Sommertag ante Daniel Ortega y Rosario Murillo para que detuvieran la matanza de civiles. Cuatro días después de su llegada, el 18 de junio le entregó sus cartas credenciales a la pareja presidencial.

Recordadas son las fotos de ese encuentro: Mientras en Nicaragua muchas madres lloraban la muerte de sus hijos, Daniel Ortega, Rosario Murillo, el Nuncio y el Cardenal Leopoldo Brenes reían. ¡Por Dios! Señores, esos no eran momentos para reír con los Ortega Murillo ¡Ni por diplomacia! Amén de esas escenas grotescas de las fotos, el Nuncio subrayó en el encuentro su confianza en que se llegaría a una vía de “paz y reconciliación” en Nicaragua.

El 19 de junio miles de policías y paramilitares atacaron Masaya para rescatar al comisionado Ramón Avellán, quien tenía dos semanas atrincherado en la estación policial. Fue un baño de sangre terrible y se esperaba el asalto final a Monimbó. El 21 de junio los comandos sandinistas atacaron con una fuerza mayor a la de dos días antes. Monimbó resistía. Los obispos decidieron intervenir. En la comitiva viajó el Nuncio, pudiendo comprobar la fe católica de los masayas. Ese día no se concretizó el asalto final.

Se desconoce si Sommertag mantenía una comunicación constante con Ortega y Murillo, y si les exigía que detuvieran los ataques, porque en los días consecutivos estos continuaron y con mayor fuerza. El gobierno estaba ejecutando su Plan Limpieza. La verdad, poco podía hacer Sommertag ante demonios sedientos de sangre.

Si el Nuncio estaba pendiente de las noticias y de los pastores de la Iglesia Católica, seguramente se dio cuenta de que las turbas profanaban templos, y amenazaban y golpeaban a sacerdotes. A estos curas era a quienes acudía en busca de resguardo físico y espiritual el pueblo nicaragüenses, incluso los que resistían al gobierno con morteros, piedras, pistolas “hechizas”, armas cortas y algunas armas de gran alcance capturadas a la Policía o los paramilitares.

Si no vio esos vejámenes, el 9 de julio no había manera de que no lo viera. Ese día los obispos viajaron a Carazo, luego del sangriento ataque paramilitar y policial del día anterior. En las basílicas de Diriamba y Jinotepe activistas opositores y sacerdotes estaban cercados por paramilitares y turbas. 

No más llegaron a la basílica de San Sebastián, en Diriamba, la turba empezó a ofenderles. Ya adentro del templo los agredieron a ellos, a los sacerdotes, a los periodistas y, claro, a los activistas opositores. Los obispos ni siquiera se atrevieron a ir hasta Jinotepe y regresaron a Managua. En Jinotepe el demonio saqueó y vejó a los sacerdotes a sus anchas.

El 23 de julio fue el último asalto armado contra los tranques y barricadas. El barrio Sandino, de Jinotega, cayó. El gobierno declaró a Nicaragua libre de tranques. El enviado del papa Francisco llevaba más de un mes en Nicaragua. No pudo detener la matanza.

A esas alturas más de 300 almas, la mayoría opositores, estaban bajo varios palmos de tierra. Junio y julio fueron meses sangrientos.

La oposición no dejó las calles y estuvo movilizada masivamente en ellas hasta los primeros días de octubre, ya que a finales de septiembre la Policía prohibió las concentraciones opositoras. Eran marchas pacíficas multitudinarias que poco a poco fueron menguando ante los ataques (varios con víctimas mortales) de las fuerzas del gobierno. 

Los meses subsiguientes hubo intentos de retomar las calles. La respuesta gubernamental fue represión y arrestos. El Nuncio, eso sí consta, intercedió en muchos casos para la liberación de estas personas.

El gobierno inició el 2019 igual que como terminó el 2018, con represión, siempre brutal, pero selectiva. El miedo se apoderó de todos. Nicaragua quedó secuestrada y los gritos de rabia e impotencia quedaron contenidos. “Nicaragua está normal”, proclamaba el sandinismo y aún lo sigue haciendo.

En marzo del 2019 iniciaron las negociaciones entre la opositora Alianza Cívica y el gobierno. Los obispos no participaron. El Nuncio y el delegado de la OEA, Luis Ángel Rosadilla, sí lo hicieron como testigos y acompañantes.

A lo largo de esas negociaciones la Alianza logró que el gobierno firmara varios acuerdos. El gobierno prácticamente no cumplió ninguno. La liberación de los presos políticos, por lo menos de la mayoría, fue algo que Ortega lo hizo de manera aparte con una ley de amnistía rechazada por la oposición.

La represión continuaba y la Alianza se retiró de la mesa. A inicios de agosto el gobierno dio por finalizado el diálogo/negociación. Si nos atenemos a los resultados, todo había sido un fracaso completo. No creo que la Alianza considere logro el haber hecho firmar al gobierno acuerdos que éste no cumple.

El Nuncio siempre ha defendido su imparcialidad en la crisis nicaragüense, pese a que hay quienes DICEN que simpatiza con el FSLN. Recordada es la caricatura de Pedro Molina donde aparece el Nuncio con una bandera sandinista bajo la sotana. Fue en marzo y desató el enojo del religioso.

En este punto, debo aclarar que este texto no trata de acusar a Sommertag de tener o no simpatías por el FSLN, cosa que estaría muy mal dada su investidura y su misión en la tierra. Tampoco condenar con falso puritanismo aquellos videos que se hicieron virales en mayo y en los que aparece el Nuncio cantando alegremente “Guajira guantanamera”. ¿Quién no canta en este mundo? ¿A quién no le gusta “la guantanamera”?

En agosto pasado, un periodista le preguntó al Nuncio acerca de si el Vaticano continuaría haciendo esfuerzos para que se reanude el diálogo en Nicaragua. “Ninguna cosa porque no tengo nada que comunicar, punto, y qué quieres, qué quieres que te diga, que invente las cosas. 

Me gustaría comunicarte las cosas mejores que deseas tú y yo”, dijo profundamente ofuscado. A esas alturas, el Nuncio estaba más que claro que su labor en el diálogo/negociación no había logrado buenos frutos, que el barco no había llegado a buen puerto.

Precisamente por esta razón es que el lunes 25 de noviembre sorprendió al país entero cuando, en una ceremonia en el Teatro Nacional Rubén Darío, recibió sonriente un reconocimiento del oficialismo “por su aporte solidario y amistoso a la reconciliación y la paz en Nicaragua”. 

Mientras el Nuncio se preparaba para la ceremonia, en horas de la tarde la familia Reyes Alonso era vejada por el jefe de la Policía de León, Fidel Domínguez. Hay videos de ello.

Cuando los nicaragüenses vemos esos videos y luego las fotos de un Nuncio sonriente en el Teatro Rubén Darío, recibiendo un reconocimiento por su aporte a la paz, solo nos preguntamos: “¿Cuál paz, señor Nuncio? ¿Cuál paz?”

El autor es periodista.

Acerca de " "

LA NICA LA RADIO DE NICARAGUA ES PARTE DEL SERVICIO NICARAGUENSE DE NOTICIAS (SNN)

Publicar un comentario

Comentarios en Facebook

 
Copyright © 2011-2018 (SNN)
Design by SNN | Distributed by Servicio Nicaragüense de Noticias .