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miércoles, 29 de enero de 2020

Salud mental de los nicas, una víctima más en la crisis».


Tomado de la publicación 4to Mono / Mientras el régimen se aferra al poder y no da señales de querer buscar una solución a la crisis sociopolítica, las afectaciones a la salud mental de la población son cada vez más evidentes y se han convertido en un grave problema de salud pública que se agrava cada día como consecuencia del manejo del discurso político del régimen.

Por tanto, las afectaciones a la salud mental no son únicamente una consecuencia de la crisis sociopolítica que enfrenta el país desde abril del 2018. También son resultado de una estrategia gubernamental, que usó la represión para generar miedo y desconfianza. Así frenó la protesta y mantiene desunida a la población para evitar nuevos levantamientos.

A esto se suma que vivimos en la era de la inmediatez, en la que el desarrollo de las nuevas tecnologías ha provocado que los hechos violentos lleguen a la población en tiempo real. Esto ha provocado un grave impacto emocional en cada uno de los nicaragüenses, sin importar su ideología.

Como consecuencia, la población enfrenta una constante acumulación de duelos, que se sumaron a los provocados antes de la crisis por diversas tragedias individuales o colectivas (guerra, terremotos, huracanes y otras) que muchos arrastraban.  Además, desde antes de la crisis había factores estresantes, entre ellos la disminución de la capacidad adquisitiva, la falta de dinero circulante y el estresor político. 

Todo esto se conjugó para que al estallar la crisis, las personas que nunca habían experimentado problemas emocionales debutaran. Las que alguna vez los tuvieron y estaban controladas recayeran; y las que tenían problemas activos empeoraran. Las afectaciones más evidentes han sido:

Alteraciones emocionales de tipo ansioso-depresivos,
Crisis de pánico,
Trastornos del sueño y
Miedo excesivo

“Ocurrió lo que yo llamé el síndrome o fenómeno de las palomitas de maíz… Se reactivó el estrés postraumático provocado por la guerra de los ochenta que no fue tratado ni sanado. La herida que había quedado se abrió y sangró; y el manejo del discurso político ha empeorado las condiciones”, explica psiquiatra Nelson García Lanzas.

Vivir en tiempo real y a través de las redes sociales la represión, cientos de muertes, el clamor de los familiares de las víctimas, la tortura física y sexual a los presos políticos y otras acciones represivas, provocó un impacto fuerte, importante y dañino en la vida de las personas, por el dolor, angustia, desolación y terror que generan, dice la sicóloga Jamileth Mejía.

Eso ha provocado que ahora haya gente con reminiscencia del estrés postraumático de la guerra y de una situación sociopolítica caótica. A eso se suman los síndromes ansiosos-depresivos y los trastornos del sueño que encuentran tierra fértil en la sociedad nicaragüense.    Donde prevalece el desempleo, la migración, la separación de las familias, la incertidumbre, el miedo y otros factores estresantes.

Aunque las afectaciones las enfrenta toda población, los más afectados son las víctimas y sus familias. Y entre los grupos más vulnerables están los que tienen menos posibilidad, los que están en pobreza extrema, niños, las mujeres, los ancianos, las personas sin familia, los marginados.

“La desesperanza es provocada y no es posible caer en esa estrategia del régimen. Él lo que busca es que el pueblo se quedé quieto y que otros se auto inmolen. Sin querer culpabilizar a nadie, tenemos que estar claros que los cambios profundos que queremos no se dan de un día para otro, como quisieran las nuevas generaciones acostumbradas a la inmediatez”, advierte Mejía.

Por ello es importante que las familias les cuenten la historia a los jóvenes, para que no pierdan la esperanza de que lograran los cambios que desean. Y que no olviden, que al descartar el uso de las armas para lograr sus objetivos, hubo que buscar otras dinámicas que pueden tomar más tiempo.

Según Mejía, como parte de su estrategia del régimen la represión fue dirigida. Los agresores eligieron quienes serían los muertos, los secuestrados, los torturados, los asediados, los exiliados y autoexiliados. Esa selección genera ruptura y división y quebranta la confianza. Así evitan la cohesión de la sociedad que podría provocar nuevos levantamientos.

Otra consecuencia de la crisis es el incremento de femicidios, producto de la plataforma de violencia en la que estamos viviendo. Y que propicia que salgan a flote todas las formas de violencia. Además, hay incertidumbre con respecto a la seguridad ciudadana. Los crímenes han aumentado, hay sensación generalizada de que la gente está desprovista de seguridad y eso provoca más inseguridad.

También los suicidios se han disparado, porque las condiciones ambientales intensas, son lo suficientemente graves para desajustar a cualquier ser humanos sensible, que escoge la muerte como salida.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento están estrechamente ligadas a conductas suicidas. Las tasas de suicidio también son elevadas entre los grupos vulnerables que sufren discriminación.

Para enfrentar las afectaciones a la salud mental, lo primero es reconocer que existe una situación que está afectando y luego buscar ayuda. Esta se obtiene, tanto en el círculo más cercano que es la familia y los amigos, como en el profesional. Existen diversas redes de apoyo en las que personal especializado, brindan su servicio, incluso de manera gratuita. Uno de estos es la clínica sicológica de la Universidad Centroamericana (UCA).

Los síntomas se pueden controlar, ya sea con medicamentos o con otras técnicas como la espiritualidad (oración o meditación), el ejercicio, abandonando la negatividad, alejándose de las personas negativas y viendo positivamente lo que ocurre.

Otros consejos que dan son llorar, desahogarse. Hacer una pausa, porque es sano y valido retirarse, el ser humano necesita descansar, dormir. Desconectarse, apagar el teléfono, no ver o leer noticias, aunque sea un día.

Con respecto al esfuerzo del régimen de insistir en que todo está normal y que la realidad lo demuestra, para los especialistas “nada está normal”. Además, consideran que la gente no se está adaptando a vivir en las circunstancias actuales.

“Nada está normal, lo que la gente está haciendo es aprendiendo del dolor, fortaleciéndose, enfrentando la adversidad y aprendiendo a sobrevivir. Pero sin más muertos y sin más violencia. Son formas en las que el ser humano responde para salir adelante”, dice García.

Según los especialistas las afectaciones a la salud mental de los nicaragüenses, son un problema grave de salud pública que en algún momento se tendrá que tratar como una política de Estado, para evitar problemas mayores en el futuro. 

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