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martes, 24 de marzo de 2020

El alto contagio de sanitarios abre un agujero en la lucha contra el virus.


Madrid España / El País   - Pasados más de 10 días de pandemia, el Ministerio de Sanidad empieza a desvelar parte de la magnitud de uno de los problemas más preocupantes causados por el coronavirus: unos 4.000 sanitarios han caído contagiados. 

El dato, que supone un 12% del total de enfermos en España, no incluye todas las bajas que han puesto al límite a las plantillas hospitalarias. También están apartados del servicio, en aislamiento por sospecha de infección, un número importante de médicos y enfermeras que Sanidad eludió este lunes facilitar. “Las PCR están tardando ocho días, así que a veces el sanitario está aislado en casa y otras, si no se ha tenido contacto estrecho con un infectado, sigue trabajando con síntomas”, alerta Victoria Velasco, portavoz de salud laboral de la Asociación de Médicos y Titulados Superiores (Amyts) de Madrid.

El daño que el coronavirus está haciendo en la salud del personal sanitario que lo combate es mucho mayor que en otros países y en solo 24 horas la cifra de diagnosticados ha subido en 435 profesionales (de 3.475 a 3.910). En Italia los médicos y enfermeras rondan el 8% de los contagiados frente al 12% de España. En China no llega al 4%.

Y, mientras los epidemiólogos aspiran a que las medidas de distanciamiento social aplanen cuanto antes la curva de propagación en la población en general, el freno a la expansión de la enfermedad entre los sanitarios no tiene un horizonte nada claro. “Es una curva propia que seguramente tardará más tiempo en aplanarse porque los sanitarios vamos a seguir más expuestos y durante más tiempo”, explica Velasco, quien recalca que el problema solo se frenará cuando se acabe con la acuciante falta de equipos de protección adecuados. La escasez afecta mucho a las máscaras FPP2 y FPP3 que protegen de las secreciones del paciente y a las batas impermeables; afecta menos a los guantes de nitrilo.

Al doctor Antonio Antela el virus contra el que estaba luchando se le metió en el cuerpo no sabe exactamente cuándo. Llevaba solo una semana atendiendo a los ingresados por la Covid-19 en el hospital de Santiago de Compostela, donde es coordinador de la Unidad de Enfermedades Infecciosas, cuando empezó a sentir síntomas.

 “Yo pude haberlo cogido antes, seguramente en la consulta de infecciosas cuando el virus ya circulaba por ahí y no teníamos prevención. No todos los contagios de los sanitarios tienen por qué estar relacionados con la atención”, afirma desde la habitación del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña donde recibe tratamiento. Después de ocho días de profundo malestar, ayer despertó con menos tos y ya puede hablar. Es su primera mañana de remontada.

Antela vivió de cerca los días en que el coronavirus llamó a la puerta de los hospitales: “Hubo mucha improvisación inicial y bastante relajación. No se le dio la importancia necesaria y faltó una centralización de las medidas. Medicina Preventiva tenía un discurso diferente en cada hospital y cambiaba cada día”. En el centro compostelano se creó un equipo específico a principios de marzo, con una planta de aislamiento y normas de actuación. Pero solo había mascarillas quirúrgicas suficientes. Las FPP2 y FPP3 que protegen de verdad a los sanitarios las había “en número limitado” y las tuvieron que “reutilizar”.

La primera víctima mortal del coronavirus entre los sanitarios fue una enfermera de País Vasco. “Se tenían que haber hecho test a todos los sanitarios desde el principio. Esto ahora se ha ido de las manos”, lamenta Mercedes del Moral, del sindicato de enfermería Satse en Madrid.

En los inicios de la crisis, explica, únicamente se le practicaba la prueba del coronavirus al personal que tenía fiebre. Solo pasados unos días se extendió al resto de síntomas. “Fue mucha la gente que estuvo trabajando con síntomas y sin equipos de protección individual, diseminando la enfermedad en los hospitales y fuera de ellos”, afirma Del Moral. Satse sabe de centros en los que se lavan las batas y las mascarillas, algo “aberrante” en términos de higiene sanitaria. Las peores carencias las sufren los hospitales privados, según el sindicato, incluidas las residencias sociosanitarias.

Las organizaciones profesionales llevan desde principios de marzo urgiendo medidas a los gestores sanitarios para evitar contagios, desde el cierre de los comedores comunes hasta la restricción máxima de acceso a los hospitales con controles de temperatura en la entrada. “La seguridad de los profesionales es la seguridad de los pacientes. 

En urgencias, en las UCI, en Medicina Interna los médicos están corriendo graves riesgos personales que son también para el resto de ciudadanos”, señala Ramón Barreiro, facultativo en el hospital gallego de O Salnés y portavoz de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) en Galicia. “Esto puede volver a pasar en cualquier momento y debería ser una buena lección”.

Para reforzar las mermadas plantillas que combaten la pandemia en España se reclutarán médicos jubilados y MIR que están acabando su formación. Los sindicatos están preocupados por las condiciones de seguridad en las que trabajarán estos profesionales y reclaman que no se les coloque en primera línea. 

Los facultativos mayores de 65 años son un grupo especialmente vulnerable ante un posible contagio. “Tienen que garantizarles una cobertura legal en prevención de riesgos laborales”, subraya Victoria Velasco.

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