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lunes, 16 de marzo de 2020

Los impactos del coronavirus en Nicaragua.


Por Nestor Avendaño- Tomado de Trinchera de la noticia / Es alarmante la velocidad de propagación del COVID-19 en todo el mundo, de tal manera que la primera prioridad es resolver las necesidades de salud pública, pero el impacto ha trascendido a la economía global, primero con un shock de oferta al interrumpirse las cadenas de suministro mundial (una caída de la oferta) que nos llevaría a un shock de demanda (una caída de la demanda) por el desempleo debido al cierre de empresas que ya se comienza a observar con el primer shock. 

La recesión económica mundial está a la vista, y la única señal actual para combatir esta pandemia ha sido el bloqueo o cierre de fronteras.

Para el Fondo Monetario Internacional (FMI) la recesión global se da con un crecimiento económico que caiga por debajo de 2.5%, pero no todos creen en esta definición precisa porque las condiciones para una recesión global ya están dadas. El FMI ha dicho que el impacto del virus será “significativo” y que el crecimiento en 2020 será menor que en 2019, que fue del 2,9%.

El primer shock, el de oferta, podría paralizar a la microempresa y a la mediana empresa, y provocar el cierre de fábricas, las cuarentenas de los trabajadores, las restricciones de viajes y de los servicios de hoteles, restaurantes, recreación, transporte y energía, el colapso de la confianza de los consumidores por la reducción del gasto de consumo, la disminución del nivel de endeudamiento de las empresas, el deterioro del balance de los bancos, el desplome de la incipiente bolsa de valores y la caída del precio del petróleo y de otras materias primas. 

Contrarrestar este shock de oferta es enfrentar y resolver el problema sanitario, tarea que no está en manos de los economistas sino de los virólogos, que tienen una experiencia científica eficiente, pero insuficiente por la novedad del COVID-19.

El temor al contagio del coronavirus nos lleva al shock de demanda. Para enfrentar este shock, las entidades financieras podrían conceder préstamos con una menor tasa de interés, porque en Nicaragua están muy elevadas, y también podrían tolerar la mora en el pago de la deuda debido a los riesgos de que las empresas no financieras adquieran tardíamente los insumos de sus procesos productivos o logren captar pocos clientes en el corto plazo. 

Para contrarrestar ese shock de demanda, el gobierno podría disminuir la tasa tributaria a las personas de bajos ingresos, especialmente trabajadores, y a las empresas que fueran muy afectadas por el coronavirus. En otras palabras, los estímulos fiscales en estos tiempos de crisis deben ser dirigidos a las personas naturales y jurídicas que más lo necesiten.

No cabe duda de que el impacto económico del coronavirus en Nicaragua sería la profundización de la recesión económica que arrastramos desde el tercer trimestre de 2018. Por esta razón, el gobierno de Nicaragua debería prepararse para destinar recursos presupuestarios que protejan la salud y la economía de las familias en el corto plazo y, además, apoyar el funcionamiento de las empresas cuando se observen los efectos del shock de demanda, pero las consecuencias de largo plazo del COVID-19 aún están por verse.

En esta situación, sería un perjuicio nacional continuar manteniendo un presupuesto gubernamental casi equilibrado desde el año pasado, de acuerdo con datos oficiales recientes del Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP) que muestran un déficit fiscal muy cercano al 0% del producto interno bruto (PIB), a pesar de que la política fiscal se debilitó por el shock también de oferta provocado por la reforma de la Ley de Concertación Tributaria del 28 de febrero de 2019.

Por otro lado, el Banco Central de Nicaragua (BCN), con la limitación de su invariable política monetaria muy restrictiva, no puede intervenir para evitar que el país caiga en una mayor recesión. 

A manera de ejemplo, si el BCN decidiera disminuir la tasa de interés interbancaria, no incidiría en un mayor crecimiento económico ni en una menor tasa de interés de la banca comercial, porque la correlación entre ambas tasas es igual a casi cero, peor aún en nuestro escenario nacional que ha mostrado un creciente riesgo político desde abril de 2018.

En síntesis, la política monetaria y la política fiscal no pueden enfrentar el shock de oferta. Los economistas hemos sido educados para enfrentar los shocks de demanda.

Las políticas nacionales que aún no conocemos y que sean adoptadas por el gobierno de Nicaragua podrían ser insuficientes para prevenir una mayor afectación a la población. Esta crisis es única, no tiene comparación alguna porque se ha propagado por todo el mundo en comparación con la crisis del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS por sus siglas en inglés) identificado en 2003 o con la crisis del Ébola (2014-2016), y tampoco debemos olvidar que el 60% de la población del país, con todos sus ingresos, no puede adquirir los 53 productos de consumo básico, de acuerdo con los datos de la VI Encuesta de Medición de Nivel de Vida de 2014.

En la crisis del COVID-19, el gobierno debe construir un liderazgo tanto a nivel internacional, con la búsqueda de cooperación y asistencia técnica, como nacional, para evitar un gran número de muertes. La respuesta efectiva a este problema sería posible con la participación coordinada por el gobierno, de las empresas, los organismos no gubernamentales y la población. ¿Sería posible esto en este momento? Ojalá lo fuese. 

El presidente establece el tono durante las emergencias, para la organización de recursos y el pensamiento creativo, y dirige la solución no sólo de la crisis de salud pública, sino también de la implosión económica, que está devastando la producción mundial, los mercados financieros y pronto devastará a las fuerzas laborales.

A pesar de que el virus ya llegó a Costa Rica, Guatemala, Honduras y Panamá, y aún no se ha presentado en Belice, El Salvador y Nicaragua, en estos momentos es muy difícil cuantificar su impacto económico en los países del istmo centroamericano. Observaremos los efectos en las enfermedades y la mortalidad, la prohibición de concentraciones, el aislamiento del país y el distanciamiento social. 

Para amortiguar estos efectos será necesaria la confianza en la transparencia del gobierno y la generosidad pública, que son factores importantes pero desconocidos.

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