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martes, 5 de mayo de 2020

Máxima presión sobre China para que dé explicaciones del origen de la pandemia.


Washington EEUU / Europa Press - La Casa Blanca amenaza ahora con reabrir la guerra comercial con China, incluida una drástica subida de los aranceles, para castigar a ese país asiático por sus engaños y errores a la hora de contener el primer foco de coronavirus en la ciudad de Wuhan. 

No sólo ha endurecido sus advertencias el presidente Donald Trump, sino también sus asesores y ministros, que desde mediados de abril han llamado a una docena de aliados en todo el mundo para formar un frente común que obligue al régimen comunista de Pekín a responder a las preguntas con la máxima transparencia. 

Hasta hoy, China no colabora, y se ha negado a dejar a investigadores de EE.UU. y otros países a que visiten la ciudad de Wuhan, donde se dieron los primeros contagios de coronavirus entre personas.

«Esto nunca debía haber sucedido, y China debería habernos informado a tiempo», lamentó ayer Trump en la Casa Blanca antes de partir a una visita a una fábrica en Arizona, a 3.500 kilómetros de Washington. 

En poder del presidente obraba ya un informe de su departamento [ministerio] de Seguridad Nacional que concluye que una de las razones por las que China mintió sobre los contagios fue para amasar material sanitario, reduciendo de forma drástica sus exportaciones de mascarillas, guantes y demás.

El equipo de gobierno de Trump baraja varias opciones para responder a China por su falta de transparencia y el fracaso a la hora de contener el virus en la ciudad de Wuhan y permitir que se expandiera por todo el mundo: nuevos aranceles, demandas millonarias o restricción a la entrada de tecnología fabricada en ese país asiático al mercado estadounidense. 

En cualquier caso, esa respuesta todavía se demoraría tiempo, al menos hasta que se haya reducido el índice de contagios de un virus que ya han contraído 3,6 millones de personas en todo el mundo, de las cuales 251.500 han fallecido.

En enero, Trump firmó un acuerdo para poner fin a la guerra comercial con China, pero mantiene aranceles de un 25% sobre bienes por valor de 370.000 millones de dólares (340.000 millones de euros) fabricados en ese país asiático. Uno de los planes que baraja la Casa Blanca y cuya existencia ha revelado Reuters es aumentar esos impuestos sobre productos chinos para crear una nueva cadena de producción con otros aliados de EE.UU. en Asia, como Corea del Sur o Vietnam, y en Iberoamérica, como Colombia.

Para poder demandar al gobierno chino en juzgados norteamericanos, el Capitolio debe retirarle expresamente la inmunidad diplomática, un proceso largo y con pocas probabilidades de éxito. Sí puede mantener Trump la campaña de máxima presión sobre sus socios, incluida la Unión Europea, para que desistan de adquirirle a China la tecnología necesaria para crear nuevas redes de comunicaciones, como el 5G.

Las últimas encuestas publicadas en EE.UU. revelan que la estrategia del presidente Trump de forzarle la mano a China es vista con buenos ojos. Según el prestigioso centro Pew, experto en demoscopia, dos tercios de estadounidenses tienen una percepción negativa de cómo China ha gestionado esta crisis. 

Otro sondeo, de la casa Harris, revela que una gran mayoría tanto de republicanos como de demócratas acusa al régimen comunista de no ser transparente en esta grave crisis. Hay hasta una mayoría, según la consultora YouGov, que cree que el virus procede de un laboratorio.

La teoría del laboratorio la manejan el presidente Trump y su gobierno, a pesar de que la inteligencia estadounidense no ha llegado a una conclusión final y según lo publicado en la prensa nacional, su hipótesis con más enteros en este momento es que el virus pasó de un animal, posiblemente un murciélago, a un ser humano en un mercado de Wuhan. 

China ha negado con vehemencia que el coronavirus se escapara de ningún laboratorio, pero no permite el ingreso en Wuhan de un equipo médico que lo verifique.

En cualquier caso, China se ha convertido en el principal objetivo electoral de Trump ante los comicios de noviembre, en los que se juega la presidencia. Su equipo ha elaborado una serie de anuncios en los que acusa directamente a China de querer perjudicarle y querer robarle la reelección en respuesta a los aranceles que ha aprobado desde que llegara al puesto. 

El presidente ha alternado esa dureza con palabras de elogio a su homólogo chino, con quien le une una buena relación, al menos en apariencia.

Ayer Trump reveló antes de salir a su visita a Arizona que todavía no ha hablado con Xi Jinping sobre el origen del virus y sus medidas, pero dijo que podría hacerlo en próximos días. «No he hablado aún con él, pero puede que lo haga pronto», dijo.

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