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sábado, 2 de mayo de 2020

Temor al Gobierno de Nicaragua.


Tomado del diario El País  - La doctora Karen Ojeda Peralta se planta en la entrada de su clínica en posición marcial. Con el pequeño atomizador que antes contenía un producto para el pelo, apunta a los zapatos de sus pacientes. Rocía las suelas con alcohol y solo así relaja la postura, y los deja ingresar al consultorio, donde enseguida les aplica en las manos gel antibacterial. 

La médica nicaragüense se toma muy en serio la amenaza de la covid-19, incluso desde antes que el Gobierno de Daniel Ortega reportó el primer caso positivo el 18 de marzo. Sin duda mucho más que el presidente del país, que ha llegado a estar ausente durante 34 días.

La doctora Karen Ojeda Peralta se planta en la entrada de su clínica en posición marcial. Con el pequeño atomizador que antes contenía un producto para el pelo, apunta a los zapatos de sus pacientes. Rocía las suelas con alcohol y solo así relaja la postura, y los deja ingresar al consultorio, donde enseguida les aplica en las manos gel antibacterial. 

La médica nicaragüense se toma muy en serio la amenaza de la covid-19, incluso desde antes que el Gobierno de Daniel Ortega reportó el primer caso positivo el 18 de marzo. Sin duda mucho más que el presidente del país, que ha llegado a estar ausente durante 34 días.

Ojeda Peralta no es epidemióloga, pero está segura de que el coronavirus en Nicaragua será catastrófico ante la inacción preventiva del Gobierno. En su consultorio ginecológico ubicado en el barrio de Altagracia, en Managua, la doctora va acopiando mascarillas N-95, trajes protectores, lentes, batas descartables y cajas de guantes de látex.

“Cuando la capacidad del sistema de salud se supere, y pase lo de Ecuador, van a llamar incluso a todos los médicos privados para que brindemos atención”, plantea. La doctora Ojeda Peralta está decidida a acudir a los hospitales cuando llegue el momento, aunque ni su madre ni su esposo desean que acuda. “Ellos me dicen que piense en mis hijos… Pero yo le dije a mi familia que soy médica, no una cajera. No puedo quedarme en casa cuando todo empeore.

Es mi deber”, asegura. La doctora critica que el Gobierno sandinista promueve aglomeraciones, no declare cuarentena, y que el Ministerio de Salud no realice las pruebas suficientes para determinar el avance real del virus. Y, sobre todo, condena que a sus colegas en los hospitales públicos no les permitan usar equipo de protección para atender a los pacientes.

Nicaragua padece “ceguera epidemiológica”. Esa es la conclusión de los expertos, ya que las autoridades sanitarias no realizan un muestreo masivo. Las alarmas se han disparado en los hospitales por un brote de “neumonías atípicas”. 

El mismo Ministerio de Salud reveló que hasta el mes de marzo contabilizaron 24.107 casos por “neumonía” y 70 muertes por la misma patología. Los neumólogos denuncian que a estos pacientes no les realizan la prueba de la covid-19 y que Nicaragua cuenta con apenas 160 respiradores, de los cuales un 80% está en uso.

El Gobierno ha decidido no decretar cuarentena, porque los voceros sanitarios han catalogado la medida como “alarmante y extremista”. El mismo presidente, Daniel Ortega, minimizó el impacto de la pandemia en Nicaragua el 15 de abril, tras aparecer después de 35 días de ausencia. El mandatario argumentó razones económicas para no aislar al país de 6,3 millones de habitantes y aseguró que el sistema de salud está preparado “en un 90%” para enfrentar la epidemia, tanto a nivel de capacidad y en su reserva de medicamentos.

“Estamos desprotegidos. No se ha visto un liderazgo”, afirma Ojeda Peralta cuando le pedimos que califique la gestión gubernamental. “Si como Gobierno no decís lo que pasa en realidad, la gente no va a entender la magnitud del problema”, agrega. 

La ginecóloga sortea la escasez buscando mascarillas N-95 y trajes protectores en el Marketplace de Facebook y otros sitios que abren las puertas al mercado informal. No es lo ideal, pero es lo que hay. Los inventarios de las empresas formales han quedado vacíos debido a la vorágine de ciudadanos que compraron mascarillas, guantes y alcohol, pese a que el Gobierno no dictó orientaciones al respecto.

Los nicaragüenses se impusieron una cuarentena voluntaria y adoptaron las mascarillas como condición sine qua non para salir a las calles. Sin embargo, hace unas semanas varios ciudadanos denunciaron que fueron agredidos físicamente por simpatizantes del Gobierno, quienes les arrancaron los tapabocas con el grito de “no son necesarios”. Aunque estos episodios aturden a la población, la demanda por mascarillas no cesa.

“Cuando encuentro mascarillas o guantes, de inmediato llamo a mis colegas en los hospitales y les digo tengo tal cosa. Entonces las compro y se las llevo, porque el Minsa no les proporciona el equipamiento adecuado”, relata Ojeda Peralta. Un juego de mascarilla N-95, un traje de protección, lentes, guantes, bata y otros insumos cuesta entre 30 y 40 dólares (unos 30 euros) en el mercado informal. 

Debido a la avalancha de críticas, el Gobierno ha anunciado esta semana que Taiwán donó 280.000 mascarillas para “reforzar el trabajo y garantizar la protección” del personal de la salud.

“Los médicos en este país estamos solos. Aunque no logremos comprar todo el equipo adecuado, al menos intentamos estar lo más preparados posible para cuando llegue lo peor y nos llamen”, confía la ginecóloga. Está convencida de que la llamada será pronto.

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